Ahora mismo estoy pasando por una de esas aisladas horas que me llegan de vez en cuando; esas en la que quisiera morir, no porque sienta que la vida es miserable o no vale la pena, sino porque me siento solo.
No tengo anhelos de acabar con esta soledad, porque sé que es algo imposible, y ya estoy preparado para lo que se viene; lo que me frustra es el usar tan fríamente la razón, el bajar los brazos sin siquiera soñar con la posibilidad de lograr encontrar a alguien que sea tan idiota como yo, una persona tan tonta que crea necesitarme y tan dulce que me haga ver el mundo de una manera absolutamente patética, y entonces me haga creer que también la necesito a ella.
Sí, sólo hay lugar para deseos egoístas en mí, ¿pero a quién le importa? No tengo la intención de decirles egoístas ni hipócritas a los demás tampoco, porque cada uno sabe si es una basura o no, y yo sé que lo soy.