Mostrando entradas con la etiqueta Ángelo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ángelo. Mostrar todas las entradas

jueves, 25 de octubre de 2012

Lirios Rojos

  "Lirios Rojos" es una leyenda que escribí para integrar la asignatura de Literatura. Está ligeramente basada en hechos reales (la Guerra Zenkunen en Japón, desde 1051 a 1063), pero es una historia COMPLETAMENTE FICTICIA que no tiene ni la más difusa intención de reconstruir hechos ni de servir como descripción histórica, es sólo una invención de mi cursi mente.


1
Ellos ya no eran ellos. Eran una sola persona, o para ser más precisos, una sola alma cuyo tamaño era tal que necesitaba de dos cuerpos para permanecer en este mundo. Desde sus nacimientos fueron como las estrellas y la noche, como el mar y la costa, como las lágrimas y la sal, como el verano y las cigarras. Jugaron en los mismos jardines, se bañaron en los mismos estanques, oyeron los mismos shishi-odoshi1, fueron iluminados por los mismos tourou2, inclusive hubo situaciones en las que compartieron los geta3 y los tabi4.
Ellos eran Saku y Hana, y jamás se habían separado por un tiempo mayor a algunos minutos. Saku conocía todos los sueños y miedos de Hana, y Hana conocía todas las esperanzas y debilidades de Saku.
Todos los días incluían en sus paseos matutinos o vespertinos a la gran colina que se elevaba cercana a su aldea, en la provincia de Mutsu, pero cuando la primavera se hacía presente, pasaban horas enteras en su ladera y su cima, pues estas se llenaban –realmente se llenaban, se cubrían prácticamente en su totalidad– de resplandecientes y hermosos lirios blancos que se balanceaban según el gusto del aire y liberaban su aroma a divinidad hasta donde el viento lo deseara. Entre ellos sonreían, platicaban, soñaban, amaban, contemplaban los cúmulos y los altostratos; entre ellos eran felices.
—A veces quisiera ser un lirio —solía decir Hana a Saku —, estar en mi capullo durante todo el frío del invierno, y sólo salir para disfrutar la calidez de la primavera y el verano…
—¿Estás segura?
—Tan segura como de que mañana tendré que volver a respirar para vivir.
—Pero los lirios viven presos de su belleza y su fragilidad, no pueden escapar ni defenderse, y cualquier persona puede arrancarlos en cualquier momento.
—Nosotros somos iguales, sólo que no somos tan bellos, y creemos que porque contamos con dos piernas podremos escapar del mal.
Pero Saku no podía aceptar esas palabras. Él había prometido proteger a Hana hasta que se derramara su última gota de sangre, y si admitía tan inocente debilidad se declaraba incapaz de protegerla, convirtiendo anticipadamente en nada más que una cursilería de niños al juramento más importante de su vida. Aún así, sabía que todas las palabras que salieran del interior de Hana no eran sólo palabras, sino una indiscutible y preciosa verdad –además de una sublime y maravillosa melodía–.
—Si en verdad crees eso, te prometeré que me aseguraré de que cuando hayas terminado de disfrutar como humana, puedas ser un lirio.
2
No importaba cuánto tiempo y cuántas generaciones sus antepasados hayan pasado pisando, trabajando y sintiendo las extensas tierras de Mutsu, ni controlando las rebeldes almas de los ainu5, quienes permanentemente expresaban su codicia de querer emigrar desde Hokkaidō, todas las provincias se veían bajo el cargo de un gobernador, y aquella no podía ser la excepción. El clan Minamoto iba extendiendo sigilosa, eficaz y sanguinariamente sus territorios por las actuales prefecturas de Tōhoku, Kantō y Chūbu, y no permitiría que los miembros del clan Abe se quedaran con aquella porción del norte. Lentamente, el bizarro ejército de Yoriyoshi avanzaba por las aldeas de los Abe, sin dejar nada más que construcciones consumidas por el fuego y ciénagas de sangre, sin discriminar a samurai6 ni al resto de los hombres, ni a niños o mujeres, ni a ancianos o enfermos. Toda alma Abe sobre la tierra representaba un insulto a su autoridad, y esa era la razón por la cual debían deshacerse de todos.
Fue sólo una cuestión de tiempo hasta que una mañana, durante un alba húmedo y áureo, los Minamoto llegaran a la aldea de Saku y Hana. Se pararon ante ella de la misma manera en que lo hicieron con todas las demás, con sus nihontō7 en sus caderas y sus yumi8 ya preparados con la coca de una flecha encendida tensionando la cuerda, irreversiblemente listos para engendrar el desastre. En sus rostros brillaba mucho más que el anhelo de territorios, poder y siervos; desde la profundidad de sus pupilas resplandecía la oscuridad de la vileza y la sed de sangre, la necesidad de sembrar dolor, desesperación, agonías y berridos. La primer flecha que cayera sobre un techo reseco e inflamable, sería el fuego no artificial que señalaría el inicio de su ceremonia.
El humo que atravesaba sus fosas nasales no fue suficiente para despertar a Saku, pero cuando una morcella candente cayó sobre sus pies, el calor irrumpió sus sueños. Al ver llamas consumiendo el techo y las paredes comprendió rápidamente lo que sucedía. Se levantó del tatami9 en que dormía, y con su kamishimo10 ya puesto, pues un samurai siempre debía estar preparado para luchar (más aún él, que no sólo debía proteger a su clan, sino plenamente a Hana), apartó el shōji11 de su camino, y corriendo entre llamas llegó hasta la habitación de su preciada humana.
—Jamás creí que este día realmente llegaría —dijo Hana cubriéndose la boca, en medio de una nube de humo y rodeada por un estor de fuego.
—Sí, los Minamoto finalmente han llegado a nosotros…
Una vez finalizada esta diminuta conversación, él la levantó en sus brazos y escapó por una artimaña en la estructura de la casa. Escapó sin ser visto por nadie, utilizando un camino previamente ensayado entre los densos bosques que rodeaban la aldea, y dejó a Hana en la colina, al cuidado de los lirios.
—No te muevas de aquí. Regresaré por ti cuando ganemos —dijo el valeroso samurai a su razón de ser, y bajó de regreso.
Hana, sumamente impaciente pero amorosamente obediente, esperó allí, en la cima de la colina, con la paz y la belleza de los lirios y del Sol, allí donde los gritos de dolor, los rugidos de las llamas, el goteo de la sangre y los sablazos no podían escucharse.
Aunque desde su pecho la espera pareció toda una eternidad, en el tiempo real no transcurrieron más de algunos minutos. Saku regresó arrastrándose sobre la suavidad de los pétalos, con las carnes y las ropas desgarradas.
—Saku… Saku… ¡Saku! —dijo corriendo hasta él Hana, para sentarse a su lado y permitirle descansar su cabeza sobre sus muslos.
—Es imposible ganar… Ellos son… No son humanos —explicó el samurai con los ojos cerrados.
—No Saku, no mueras —rogó entre lágrimas la mujer.
—¿Pero qué dices, Hana? No estoy muriendo —respondió él, esforzándose en gran medida para abrir los ojos y mirar los de ella con una sonrisa—. Mira los lirios a mi alrededor, están rojos, estoy entrando a ellos, estoy convirtiéndome en ellos. ¿Tú aún quieres convertirte en un lirio?
—Saku…
—Si es así, sólo debes tomar mi nihontō, y acompañarme.
Ninguno dijo nada más, y luego de algunas miradas y caricias, Hana tomó la ensangrentada espada de Saku y decidió acompañarlo hacia la más perfecta y eterna primavera.
3
El clan Minamoto, de la mano del ejército del pernicioso Yoriyoshi, logró conquistar toda la provincia de Mutsu, y más adelante incluso se apoderó del Hokkaidō de los ainu. Sin embargo, no importó cuántos kilómetros hayan tenido bajo su jurisdicción, ni cuántos ríos y montañas hayan tenido en su poder, jamás pudieron poner ni uno solo de sus pies en la misteriosa y fantástica colina de los Abe, la cual durante cada primavera se llenaba de majestuosos y extraordinarios lirios rojos.

  Vocabulario:
1shishi-odoshi: fuente de bambú que al llenarse cae y golpea una roca, vaciándose, y regresando a su posición anterior para repetir el ciclo. Utilizada para asustar aves y otros animales en las plantaciones.
2tourou: linternas japonesas construidas con madera, piedra o metal, originada en los templos budistas.
3geta: ojota tradicional japonesa hecha de madera que cuenta con una base para mantener alto sobre el nivel del suelo al pie.
4tabi: calcetín que separa el dedo pulgar del resto, para utilizarse con ojotas.
5ainu: grupo étnico indígena de Hokkaidō.
6samurai: guerreros de élite militar del Japón antiguo.
7nihontō: sable japonés de hoja curva y filo único, con una extensión entre 60 y 75 centímetros.
8yumi: arco japonés.
9tatami: alfombra (generalmente de paja) entretejida que cubría las habitaciones y las salas de té de las casas japonesas tradicionales.
10kamishimo: vestimenta samurai, confeccionada con telas gruesas, a modo de protección para la lucha.
11shōji: puertas tradicionales de Japón, corredizas y hechas de bambú y un papel ultrafino también tradicional.

domingo, 21 de octubre de 2012

Tami


Apareces en medio de la noche como un suspiro desesperado que intenta diluir la soledad, y lentamente vas transformándote en un sueño del que jamás quisiera despertar, pero que sólo me suelda un poco más a la realidad. Tengo la sensación de que me miras desde cada estrella, desde cada rayo de luna y de Sol, desde cada flor, y desde cada cosa hermosa que encanta mi mirada, por que con ellas regresas a mi mente. Es que estás aquí y allá, manipulando mis pensamientos sin piedad ni descanso…

Hermosa Tarde

  Juro que la tarde de ayer fue hermosa, y me hizo sentir vivo...







sábado, 29 de septiembre de 2012

No Odio Este Lugar

  Cuando salgo muy temprano en la mañana a hacer ejercicio, y camino por las calles vacías y oscuras, con el cielo aún negro y las estrellas sobre mí, me doy cuenta de que no odio este lugar.
  Cuando termino de correr, doy una pequeña vuelta con los primeros rayos de luz tocando los árboles, las nubes rosas y naranjas, amenazando a Venus y a las últimas estrellas que pronto desaparecerán. Entonces siento el fresco de la mañana, y la tranquilidad de un pequeño poblado en el que todos están durmiendo sin molestar a nadie, y tal vez soñando…
  Cuando aún es temprano y los pendejos no salen a hacer ruido con sus motos, ni los demás vehículos infestan el aire con sus emanaciones, ni la gente anda gritando por la calle, ni hay caras largas o miradas indeseadas, me doy cuenta de que en verdad este es un lugar puro, como cualquier otro rincón de la Tierra, y es imposible odiarlo.
  Cuando toda la gente está refugiada en sus casas, como si no existiera, es fácil darse cuenta que no odio este lugar, sino que odio la transformación que sufre cuando se infecta de personas desinteresadas y llenas de un extraño resentimiento que jamás podré entender…
  No importa lo que pase, ni cuánto me duelan los negativos cambios que llegan con el tiempo, luego de vivir tanto tiempo aquí, de haber crecido entre sus árboles y bajo su calcinante y brillante Sol, de haber atravesado siestas enteras en las calles con mis amigos, no puedo dejar de sentir que este es mi hogar…


domingo, 16 de septiembre de 2012

Debilidad


  Antes creía que “abrirse” a cualquiera era un gesto de debilidad; que andar mostrando las debilidades, los sueños y las ideas más profundas a cualquier persona te quitaba valor, te volvía alguien sin recovecos, alguien poco interesante… Pero ahora me doy cuenta que ser tú mismo frente a todo el mundo, hoy en día, es un gesto de valentía, fuerza y seguridad que nadie puede reprocharte.
  En este mundo de pocas palabras, de ilusiones perdidas y de imaginación nula, las personas sensibles y tiernas son las más fuertes, las que no temen enfrentarse con su suavidad y su calidez a las gélidas y férreas paredes de la sociedad.
  Mostrar hasta tus rincones más temerosos será algo que siempre te volverá un poco más susceptible, serás alguien más fácil de herir, pero para nada alguien menos valioso, al contrario. Siendo tú mismo acercas a las personas que en verdad podrían llegar a significar algo para ti.
  La mayor parte de la gente se oculta tras rostros inexpresivos, tras labios callados, tras maquillaje, peinados y ropa que jamás ha formado parte de ella, todo sólo por miedo a no encajar, a ser rechazada y a quedarse “sola”… Después de todo, por eso es que la gente se alegra tanto cuando encuentra a alguien con la que “puede ser ella misma…”

sábado, 15 de septiembre de 2012

La Estrella Más Hermosa

  Hace ya un tiempo mi profesora de EDI pidió que hiciéramos cuentos para niños, porque en un proyecto de aprendizaje-servicio estamos armando algunos libros para dárselos a algunos jardines de infantes del pueblo.
  Yo escribí tres: uno acerca de una misteriosa puerta que no debía ser abierta por nada del mundo, otra sobre un campesino que quería matar una de sus ovejas para el almuerzo, y este, el de una estrella que quería dejar de brillar.
  Un 40% de las ilustraciones las he retirado de Internet, pero el resto de los dibujos y ediciones fueron hechos por mí, con el photoshop.













jueves, 6 de septiembre de 2012

Un Mundo Diverso

 Hay noches que se llenan de pesadillas aunque no pueda dormir... Hay días en los que simplemente no quisiera abrir los ojos...
 Hay horas que parecen inviernos enteros... Hay cielos que parecen derretirse sólo para ahogarme...
 Hay verdades que logran engañarme... Hay mentiras que intentan hacerme sentir mejor...
 Hay veranos en los que las nubes no brillan y las cigarras gritan demasiado... Hay inviernos que ignoran toda puerta y ventana...
 Hay recuerdos que hacen agobiante al presente y aterrador al futuro... Hay vacíos que intentan llenarlo todo...
 Hay silencios que taladran mis oídos... Hay voces que susurran gritos desesperados...
 Hay flores que se marchitan sin que nadie haya visto sus colores... Hay lágrimas que se secan sin haber mojado a nadie...
 Hay tardes que se vuelven noche antes del ocaso...

domingo, 2 de septiembre de 2012

No Seré Yo...

Cuando los rayos del Sol se filtren por entre las ramas de los árboles y halague tus mejillas, seré yo.
Cuando la noche se oscurezca y una estrella se escabulla entre las nubes, seré yo.
Cuando el verano alcance a sofocarte y llegue una suave y fresca brisa desde el mar, seré yo.
Cuando el silencio te desespere y una cordial melodía de piano empiece a sonar, seré yo.
Cuando las pesadillas te acosen y de repente un sueño maravilloso te haga sonreír mientras duermes, seré yo.
Cuando el invierno te obligue a acurrucarte bajo los lapachos y un pétalo rosa se pose sobre tu cabeza, seré yo.
Cuando estés cansada de la rutina y una estrella fugaz encante el cielo, seré yo.
Cuando estés recostada sobre la hierba y una mariposa de alas suaves y blancas descanse en ti, seré yo.
Cuando una orquesta de gorriones te despierte en la mañana y musicalice todo tu día, seré yo.
Cuando estés aburrida y las nubes dibujen miles de cosas para ti, seré yo.
Cuando estés a punto de rendirte ante la oscuridad y el brillo del Sol llegue justo a tiempo para evitarlo, seré yo.
Pero cuando una sonrisa encantadora le regrese el color a tus pómulos, no seré yo, será la única persona capáz de hacerte verdaderamente feliz, será el amor de tu vida…

viernes, 31 de agosto de 2012

Al Sur De Mi Corazón

    Sí, cierto, podría haberlo hecho mucho mejor, pero… no vieron cómo agitaba su espada, cómo torcía su muñeca, ni cómo lograba siempre interponer su avambrazo (seguramente de carbono) entre sus puntos débiles y mi espada. ¡Dios, aquí voy de nuevo, lleno de excusas y justificaciones para no sentirme un miserable perdedor!
    Logré soportarlo unos segundos, pero dos minutos es demasiado para el tiempo que luché contra él… Uno siempre se imagina a un líder en realidad débil, que manda pero no lucha. Este, no parecía un líder, tampoco un luchador, parecía una bestia feroz y ágil.
    Caí al suelo y sentí una extraña sensación bajo mi pecho. Envié mi mano a tal lugar y sentí escapar mi sangre. Luego de tanto tiempo, al fin me abandonaba.
    De no ver la sangre, no habríame dado cuenta de la herida. ¡Oh, con qué velocidad incrustó y retiró su brillante espada de mi carne! ¡Ni lo había notado!
    Al percatarme de la sangre, también empecé a sentir el dolor en mis entrañas. Pero más que mi cuerpo, me dolía la humillación, el sólo observar desde la altura de sus pies a mi enemigo sacudiendo la espada para despojarla de mi sangre, y comenzando a librarse de su armadura conmigo en frente. ¡Sí Dios, qué humillación!
    Mi humillación contaba de dos razones, y esta era mucho peor que la primera: había dejado morir mi promesa.
    Ella estaba ahí, observando cómo me convertía en un hipócrita mentiroso. “¡Yo te protegeré!”, “¡Nada malo te ocurrirá mientras estés a mi lado!”, ¿Qué haría ahora con esas palabras? Debía tragármelas, y tendrían un sabor incluso más ácido que la derrota. Cada vez que estuvo en mis brazos, cada vez que nos ocultamos en los bosques y las montañas, cada vez que me paré frente a sus amenazas, cada vez que (hipotéticamente) la protegía, sólo estaba simulando, tomando un papel que no era mío, y eso ahora salía a la luz. Si protegerla hubiese sido mi papel, algo habría ocurrido: mi espada lo hubiese herido, algún aliado habría aparecido, por alguna razón él tendría que haberse ido, yo tendría que haber vencido.
    Mientras el charco debajo de mí crecía, no podía voltear hacia atrás y ver a Minerva. Imagino que habrá tenido una expresión de terror y desilusión, quizá acompañada de lágrimas, reflexionando sobre cómo se le ocurriría a aquel siniestro causarle espantosas agonías y luego asesinarla.
    El dolor de mi carne desapareció, y de mis ojos emergieron las lágrimas.
    Pensé en hacer un gran esfuerzo y articular las palabras “lo siento” para mi compañera… para mi amada, pero no tuve el valor. En esos momentos, estaba reducido a un simple cadáver viviente rogando volver a su estado original.
    Ya con todo perdido, como buen desgraciado, me limité a soñar… Soñé un mundo en el que mi sangre me pertenecía, en el que hacía un día soleado y en el que el paisaje contaba con colinas deslumbrantes llenas de hierba y gazanias amarillas. Allí, con piernas y brazos extendidos, y cabeza contra cabeza, nosotros dos  recostados mirando el celeste y las nubes pasar. Simplemente charlando, y riendo, sin señal de alguna armadura, de alguna espada, algún puñal, algún escudo… repletos de aquello que nunca logré conocer y que llaman “paz”.
    Sonreí (en el mundo real) al comenzar a imaginarlo, y para reforzar su realidad cerré los ojos mientras sentí un golpe contra el suelo, lo que creo yo fueron las rodillas de Minerva.
    Una vez cerrados mis ojos, empecé a imaginar una boda; a Minerva con un hermosísimo vestido y más preciosa que nunca; a mí con un elegante traje y a todos nuestros afectos alrededor, observándonos con una sonrisa.
     La boda se interrumpió cuando sentí al enemigo tomar el yelmo de mi armadura. Abrí mis ojos y lo divisé en sus manos, y su espada elevada. Sin aviso, junto a un deprimente alarido de mi amada, descendió su espada y cortó mi cuello, dividiendo mi cuerpo en dos y convirtiéndome en un decapitado.
     Después de aquello, supongo que la potencia del golpe movió unos centímetros mi cabeza, y así logré hacer lo que mis pocas agallas no me permitían: ver a Minerva. Fue un segundo, sólo un segundo que mis ojos lograron verla, y esa fue la última imagen que vi, la horrible imagen de mi amor llorando.

lunes, 27 de agosto de 2012

El Manual del Mesías

 "El Manual del Mesías" es un libro de Richard Bach, y es precisamente del tipo que detesto.
 No recuerdo muy bien la historia, pero supuestamente es un libro perdido que el ya nombrado Richard Bach abandona furioso en un campo tras la muerte de un amigo muy preciado, y unos años después un labrador lo encuentra y se lo regresa. Cuando el libro vuelve a sus manos, Richard Bach lo publica.
 Lo "misterioso" o "mágico" de este libro, es que sus páginas no tienen numeración y no tienen más de veinte o treinta palabras cada una, porque no es un libro para leer, sino que un libro para preguntar: debes hacerle una pregunta, y luego abrirlo al azar y leer la página que te tocó para obtener la respuesta.
 Sí, creo muy poco en estas cosas, y opino que este tipo de libros es una trampa para que algunos idiotas gasten algunos billetes, pero como mi mamá tiene uno (qué idiota suena) y anda dando vueltas por la casa, muy de vez en cuando le hago alguna pregunta.
 Entonces, hoy le pregunté: "¿Voy a encontrar al amor de mi vida, por llamarlo de alguna manera?". Cuando terminé de pensar la pregunta (no la iba a decir en voz alta porque había gente alrededor), separé las hojas con mis pulgares y leí la respuesta:

"No reces para conseguir la atención de Dios
para que solucione algún problema.
Reza para conseguir tu propia atención
y darte cuenta de que no necesitas arreglar nada."

 ¿Qué podía deducir de eso? No había nada que deducir, la respuesta estaba clara, era un rotundo no, porque directamente no existe: no hay nada que arreglar, no hay nada que cambiar, no hay nada que encontrar...
 Pero al fin y al cabo, no creo en cosas como esa... No creo...

domingo, 26 de agosto de 2012

Franjas En El Cielo

 Ayer estaba viendo televisión, cuando mi padre entró y me dijo: "vení a mirar el piano en el cielo". Antes que nada pensé que sería un globo flotante con forma de piano (pues no hace mucho tiempo había visto pasar unos globos), pero inmediatamente me di cuenta de que sería algo demasiado inusual, y seguramente se trataba de alguna nube.
 Aunque cuando salí lo que vi no se parecía a un piano, sí me llamó la atención: el cielo estaba repleto de francas oscuras y claras, desde sobre mi cabeza hasta más allá de lo que mis ojos y la perspectiva me permitían ver...


sábado, 18 de agosto de 2012

El Humano

 El mundo de los humanos está tan demacrado porque se comete el absurdo error de creer que el humano es un ser sociable.
 No conozco la realidad de los demás, pero aún así me atrevo a decir que el humano es uno de los animales más egoístas. Es fácil darse cuenta, ya que cree que tiene el derecho de matar a cualquier mosca o mosquito que anda a su alrededor sólo porque le molesta su zumbido, o el de comerse a cualquier otro habitante de la Tierra; también cree que su vida vale más que cualquier otra, se trate de una diminuta hormiga o de algo mucho más grande que él, como un elefante.
 El humano es capáz de generar y reproducir hasta los sentimientos más inimaginados en el mundo natural, como el odio, la envidia, la avaricia, el orgullo; y también puede cometer actos irrisorios que a ningún otro ser sobre la Tierra podrían ocurrírseles, como el infligir dolor/asesinar por placer y mentir.
 Claramente en esto se basan todos los problemas de la sociedad. ¿Cómo un ser tan egoísta puede pretender vivir en comunidades numerosas? Una sociedad numerosa sólo da lugar a competencias disparatadas y compulsivas, ya que las personas también tienen una fascinación por las comparaciones; el humano se pasa comparando todo: las cosas, las personas, los otros animales, y hasta a ellos mismos. Y lo peor no es eso, sino que también se dedica a calificar, y al ser tan egoísta siempre quiere ser superior a los demás. Entonces, en la búsqueda de esa supuesta superioridad es donde aparece el odio y el desprecio, y todos los demás sentimientos que surgen de estos.
 Las pruebas de que las comunidades más pequeños son las más convenientes para una especie como la humana no sólo se encuentra en la actualidad (los pueblos/aldeas pequeño/as prácticamente nunca sufren la delincuencia, y sus habitantes viven en paz con la naturaleza), sino que también en el pasado: las tribus aborígenes de América que vivían en grupos pequeños subsistían sin molestar a nadie, eran generosas y hospitalarias (más allá de que seguramente tenían sus defectos), pero las “civilizaciones” más numerosas e “importantes”, como la azteca y la inca, eran tan o más violentas y sanguinarias que las europeas, sometiendo y esclavizando (además de asesinando y mutilando) a las tribus más pequeñas.
 Con esto no estoy intentando decir que el humano es la peor criatura sobre la Tierra (más allá de que realmente lo sea), simplemente quiero dar mis argumentaciones por las cuales creo que puede vivir mucho mejor si se organiza en grupos pequeños, y no en ciudades enormes. Y al referirme al humano en tercera persona no pretendo aparentar ser superior al resto, sino ser objetivo, ver la realidad como espectador y no como protagonista, ya que creo que no hace falta que diga que también soy humano.

jueves, 16 de agosto de 2012

Caero

Un corazón de acero,
No se funde con el Sol
Pero se congela con el hielo.
En su interior no hay sueños,
No conoce el amor
Y nunca ha visto el cielo.
 
Ni la espada más dura
Ni la voz más dulce
Pueden romper su armadura.
Pero lo ahogan las dudas
Y el miedo reluce
Toda su amargura.
 
En sus pesadillas
Se desnuda la verdad
Y sin piedad lo humilla.
Tiemblan sus rodillas,
Cae en la oscuridad
Y aumentan sus heridas.
 
Sus fuerzas se ablandan, su corazón se seca,
Ya no hay batalla donde salga ganador.
Un escudo partido, un corazón vencido,
Ya no hay ángel que en él siembre el amor.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Ya Pasará... Siempre Pasa

 Ahora mismo estoy pasando por una de esas aisladas horas que me llegan de vez en cuando; esas en la que quisiera morir, no porque sienta que la vida es miserable o no vale la pena, sino porque me siento solo.
 No tengo anhelos de acabar con esta soledad, porque sé que es algo imposible, y ya estoy preparado para lo que se viene; lo que me frustra es el usar tan fríamente la razón, el bajar los brazos sin siquiera soñar con la posibilidad de lograr encontrar a alguien que sea tan idiota como yo, una persona tan tonta que crea necesitarme y tan dulce que me haga ver el mundo de una manera absolutamente patética, y entonces me haga creer que también la necesito a ella.
 Sí, sólo hay lugar para deseos egoístas en mí, ¿pero a quién le importa? No tengo la intención de decirles egoístas ni hipócritas a los demás tampoco, porque cada uno sabe si es una basura o no, y yo sé que lo soy.

martes, 7 de agosto de 2012

Al Amor De Mi Vida...

 Estoy aquí, mirando las estrellas, imaginándote a mi lado, acostada sobre la gramilla. Me imagino que una suave y fresca brisa me trae el olor de la noche, e incluso el tuyo, así que giro la cabeza y casi puedo verte sonreírme, transformándome en el chico más maravillado de todo el mundo. Me imagino también cómo más abajo, sin que que nos demos cuenta, nuestros dedos se entrelazan. Pero todo es solamente eso, imaginación.
 Aún así, te esperaré todo el tiempo, y te imaginaré un millón de veces más, porque sé que no importa cómo lo haga, cuando te conozca rebalsarás mis expectativas sin importar cuántos defectos tengas.
 No quiero mentir, puedo vivir sin ti, pero siento un vacío que permanentemente intenta expandirse con todas sus fuerzas, y me obliga a mantener una lucha eterna contra él para evitar que lo logre.
 No sé dónde estás, ni siquiera si entiendes el idioma en el que te escribo, pero sólo quiero que sepas lo que siento ahora que aún no te conozco.
 A veces pienso que ni siquiera existes, pero si te estoy escribiendo ya no puedo negarte; y si estás luchando por conocerme también, sólo voy a decirte que no te sobre esfuerces demasiado, porque aunque estoy desesperado, impaciente y ansioso por conocerte, la verdad es que puedo esperarte hasta el último día si es necesario.
 Muero por saber qué música te gusta, qué haces con tu tiempo, qué te gusta comer, cuáles películas son tus favoritas, si te gusta mirar el cielo... Quiero estar contigo, preguntarte tantas cosas, y responderte lo que quieras, pero más que nada, al menos, sólo quisiera verte (y si ya lo hice, te pido millones de disculpas por no saber reconocerte).
 Así que ya lo sabes, estoy aquí, esperando poder amarte...

 PD: No te pido que me ames, te pido que te presentes...

domingo, 5 de agosto de 2012

 Ella iba en mis brazos como lo que en realidad era, una niña pequeña e indefensa. Caminábamos por el medio del pueblo y la gente nos miraba. Eso me encantaba, porque entonces ella se reía, y no miento ni exagero al decir que tenía la sonrisa más hermosa que había visto en el mundo.

martes, 24 de julio de 2012

La Flor Que Vimos Aquella Vez

 Muchas veces decimos querer o amar a alguien, pero la verdad es que lo único que perseguimos es lograr encerrar a esa persona entre nuestros brazos, mantenerla junto a nosotros para nuestro propio disfrute. Con el tiempo este amor amargo puede diluirse o intensificarse, y si no logramos nuestro objetivo, sentimos que la vida es un fraude y que ninguna otra persona vale la pena.
 Creemos que lloramos, soñamos, reímos y vivimos por el otro, pero en realidad cada lágrima que se nos cae es por nosotros mismos, por no poder succionar la felicidad de la persona. Sí, eso es lo que todos intentamos: succionar la felicidad que creemos que los demás tienen en su interior.
 Aún así, creo que todos podemos llorar las últimas lágrimas de desesperación y sonreír juntos para lograr una felicidad verdadera, para compartir nuestros abrazos de la manera más hermosa...
 Dejemos ir todo lo que creemos amar y amemos realmente, para que cuando llegue la hora de despedirnos podamos llorar lágrimas dulces mientras sonreímos...


 Con ustedes, el puente Chichibu...




sábado, 14 de julio de 2012

Cartas de Amor

 No es tan grave no haber recibido ninguna, pero si nunca has escrito una te has perdido una de las experiencias más emocionantes y memorables de la infancia y/o la adolescencia.
 Primero pasas horas pensando si la escribes o no, si realmente vale la pena hacerlo. Empiezas a escribirla sin buscar palabras demasiado complejas, tal vez sin buscar ni siquiera las palabras adecuadas, utilizando sólo las más sinceras. Cuando la tienes terminada, te das cuenta de que lo que has escrito es una completa ñoñería, y vuelves a empezar, hasta que finalmente te resignas y la dejas como está.
 Después, cuando ya la tienes lista, gastas las suelas de tu calzado pensando si se la entregas o no, imaginándote su posible reacción, con miedo, con ilusión y con ansias. Luego, cuando el momento está cada vez más cerca, el calor y los nervios se apoderan completamente de ti, sin importar la manera en que se la darás: a escondidas, cara a cara, a través de algún amigo.
 Cuando finalmente está en su poder, todos esos nervios y ese calor explotan, dejándote una extraña sensación de ansiedad y convirtiéndote en el ser más impaciente del Universo, pero ya hay cierta calma en ti, porque sin importar la respuesta, te has atrevido a enseñar tus sentimientos más lindos y profundos…
 Recuerdo perfectamente la primera carta de amor que escribí: fue en cuarto grado de primaria, para una niña que se llamaba Martina. Estuve tres días hasta que la terminé (incluí también una canción en ella), y la entregué junto a una caja de chocolates. Su cara se puso completamente roja (no quiero imaginarme la mía), y no quiso tomar ni la carta, ni los chocolates. La carta la terminó leyendo uno de sus amigos, y a los chocolates se los repartieron entre las amigas. Así es, un completo fracaso, porque aquella reacción no era motivada por una timidez extrema, sino que yo realmente no llamaba nada su atención.
 Pero también recuerdo la primera vez que fui yo el receptor de la carta: fue en segundo grado de primaria, y para mi maravillosa suerte, me la entregó la mismísima chica que me gustaba. Sin embargo, reaccioné tan estúpidamente que no puedo recordar lo que cruzaba por mi mente en aquellos instantes. Terminé de leerla, y me paré en el medio del aula; “¿Quién quiere una carta?” dije, y se las sorteé a los chicos del grado, que se burlaron todo el año de la valiente  chica por el gran corazón que había dibujado. Nunca olvidaré que escribió mal mi nombre, y en lugar de “Ángelo”, puso “Anyelo”… Por suerte, el insensible, egoísta y pervertido yo de primaria ha quedado muy atrás en el tiempo.
 Ah, y permítanme decirles que recibir una carta de amor es una de las cosas más motivadoras que pueden sucederte, sobretodo si eres como yo (padeciente de S.A.D. o de baja autoestima), porque hace que te sientas sumamente especial, inigualablemente especial, y absolutamente único…

Sensibilidad

 No existen buenas personas, no existen malas personas. ¿Qué son el bien y el mal sino una mera invención del humano, creador de la moral y la justicia, de las cuales luego se mofaría? Esta división no existe en el estado más puro de la naturaleza. ¿Por qué decimos, por ejemplo, que asesinar está mal? Aunque a mí mismo me cueste aceptarlo, no puedo pararme con una mano en el corazón y decir genuinamente que es una mala acción. Las acciones son sólo eso, acciones, y los calificativos son también una invención del humano y de su manera pasional/emocional de ver la vida (la cual me parece maravillosa); el humano le agrega sentimientos, emociones y razones a todo lo que hace y lo que lo rodea. Sólo estoy intentando deshacerme unos instantes de mi parte humana para ver todo desde un punto de vista más frío y objetivo.
 Pero en fin, si no existe el bien ni el mal, ¿cómo definimos la línea que separa lo cuerdo y aceptable de lo demente e inaceptable? Desde mi punto de vista, es muy sencillo: sensibilidad e insensibilidad. Existen personas sensibles al dolor y el sufrimiento ajeno que se esmeran en mantener bien a los seres que los rodean; y luego están las insensibles, a las cuales les da igual y simplemente buscan su beneficio sin interesarle el de los demás.
 Esta es la conclusión a la que pude llegar tras ver algo vacía y sin sentido las teorías del bien y del mal. En la naturaleza no hay reglas, en el Universo no hay normas; la vida es un bien frágil y codiciado, una lucha continua por conservarla.

miércoles, 11 de julio de 2012

Fragmentos #3

 —Ustedes jovencitos deben tener mucha energía, ¿no es así? —empezó a hablar la vieja sin que le prestara demasiada atención—. Este lugar es para ancianas como yo, que no podemos hacer nada.
 —Debe haber cosas que puede hacer —dije distraídamente.
 —Sólo puedo hacer lo que ahora: sentarme y mirar pasar el tiempo, los veranos, las nubes, los inviernos…
 No respondí nada, y cerré los ojos para intensificar la suavidad de una cálida brisa.
 —Pero esta no es una mala vida, aquí puedo disfrutar a la madre naturaleza —agregó ella.
 El perro se acercó a ella, y moviendo la cola se sentó para que empiece a acariciar su lomo. Luego se sumó Soleil, sentándose frente a la anciana y acariciando también al perro, que se llamaba Guau.
 —¿Ustedes cómo han terminado aquí, jovencitos?
 —Nos escapamos de casa —le respondió ella.
 —Mi hijo también se ha escapado de su casa, la cambió por la ciudad. Pero estoy seguro de que regresará… Todo regresa al lugar del que ha surgido. Incluso ustedes lo harán.
 —Toda regla tiene excepciones —comenté.
 —No jovencito, esa no es ninguna regla, es una verdad.
 Soleil no decía nada, mantenía su mirada baja y sus manos en el animal.
 —Oh… —expresé sarcásticamente, aunque no sé si la anciana entendió esa expresión.
 —Los años van mostrándote verdades que no puedes contradecir, no importa lo necio que seas.
 —Los años sólo son años… En dieciséis años se puede aprender muchísimo, pero la mayoría de los que han vivido esa cantidad de tiempo son unos idiotas —dije, y Soleil me miró, sabía porqué lo decía.
 —Parece jovencito, que te gusta criticar a los que saben más que tú…
 —Usted cree saber más que yo sólo porque vivió más décadas, pero no se aprende de lo que se vive, se aprende de lo que se piensa.
 —No creo que alguien sepa más que otros —se unió a la discusión Soleil—, cada uno ve el mundo desde su perspectiva.
 —No importa de dónde se vea, lo que es negro es negro.
 —Si miras el lago, parece ser de un color azul amarronado, pero si juntas un poco de su agua en tus manos, te darás cuenta de que no tiene ningún color —dijo certeramente la anciana, de manera que no la pude contradecir. Tampoco estaba intentando ganar la discusión o algo así.
 —Eso es cierto —la apoyó Soleil con una sonrisa.
 —Pero no es malo ser rebelde, puede llevarte a aprender un poco más.
 —Que conversación más estúpida —dije y me levanté—… Como si alguien quisiera aprender algo.
 Puse las manos en los bolsillos y me fui al otro lado de la casa, para estar solo, para estar tranquilo y callado.
 —¿Él es de tu familia? —le preguntó en voz baja la vieja mientras me iba, pero aún así logré oírla.
 —No, pero aunque no me guste, él es todo lo que tengo ahora —le respondió aún más bajo Soleil, pero el viento arrastró el sonido de su voz hasta mis oídos. No sé cómo explicarlo, pero como que se sintió bien oír eso.