Me gustaría atesorar para siempre momentos como este, con el
cielo cubierto de altoestratos y una brisa fría entibiando mis cálidas
mejillas; con tu cuerpo a centímetros del mío, y nadie más a nuestro alrededor;
con tus ojos brillando hacia los míos desde un poco más abajo; contigo
sonriéndome como si fuera el chico más especial del mundo. Quisiera guardar el
sonido de tu voz y cada una de sus palabras, con su entonación y duración
exactas, para revivirlas cada vez que me sienta abandonado o perdido, o cuando
simplemente desee un poco de felicidad. Pero mi mente es frágil, y sé que el
tiempo irá erosionando lentamente estos recuerdos, moldeándolos a su gusto e
incluso desarmándolos por completo, dejando a penas algunos fragmentos. Además,
mi mente también es débil, y jamás logrará revivir todas las sensaciones que en
este momento recorren mi cuerpo y que no parecen tener mucha lógica o sentido,
pero sin ninguna duda me llenan de felicidad.
Sí, me encantaría guardar este momento en una cápsula o en
un pequeño frasco, y tomármelo o abrirlo luego, para llenar otra vez mi mundo
de ti. Eso, o sencillamente congelarlo; continuar caminando y avanzando, pero
estando siempre a la misma distancia de aquella esquina que se encargará de
separarnos, porque al decirte “Hasta mañana”, sé que todo esto que siento se
desplomará en mi interior, y aunque tardaré algunos minutos en darme cuenta,
finalmente mi sonrisa se desvanecerá.
Pero aún así, al regresar a casa, algo lograré rescatar de
entre los escombros, y cantaré un par de canciones, porque no sé, me das ganas
de cantar. El canto es la forma en que canalizo esa alegría tan pura, genuina e
intensa que me produces.
PD: Me encanta que te asombre todo lo que para mí es tan
normal…
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