Soy el hombre más
malvado del mundo. Aún así, podrían no creerme, ya que soy todo un mentiroso,
un hipócrita, un cínico que sonríe amable y encantadoramente mientras esconde
lienzos oscuros y opacos bajo una seda colorida y brillante. Soy capaz de
pronunciar las palabras más hermosas y gratificantes del mundo, sólo con la
intención de hacer creer a los demás que aún quedan personas buenas, sólo para
ver la falsa felicidad que se crea en sus rostros a partir de palabras aún más
ficticias, para saber que sin embargo el dolor sigue corroyendo su interior, y
terminará por destruirlo completamente cuando comprendan que aquel consuelo es
sólo una ilusión; pero soy tan malvado, tan perverso, tan maligno, tan
degenerado, que me encargo de que jamás conozcan la verdad, para que el
sufrimiento los consuma sin que siquiera puedan notarlo. Sin embargo, no
obtengo ninguna recompensa de aquello, ni siquiera la más diminuta sensación de
placer. Por eso soy el hombre más malvado del mundo, porque no me gusta ni
tengo la intención de serlo, porque me comporto de esa manera para que mi
consciencia se sacuda desesperada durante todo el día, y su escándalo no me
permita dormir por las noches, para que el sufrimiento me acose también a mí y
no me deje disfrutar nada, ni el deleite que produce el sufrimiento mismo,
porque mi maldad es pura, y no discrimina entre terceros y yo. Es irónico, es
complejo de entender, y más aún de comprender, debes ser el hombre más malvado
del mundo para lograrlo.
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viernes, 11 de enero de 2013
El Hombre Más Malvado Del Mundo
miércoles, 2 de enero de 2013
Lo Peor del Mundo
¿Para qué
introducciones? Directo al punto: odio el sistema propuesto por la naturaleza,
lo aborrezco. La vida no es más que una miserable lucha entre los seres que la
poseen, para poder continuar poseyéndola. Cosas como el amor, el altruismo, la
generosidad y el desinterés (entiéndase desinterés como capacidad para actuar
sin buscar recompensas de ningún tipo, mucho menos materiales) no existen,
jamás existieron, y probablemente nunca lo hagan (“probablemente”: parece que
en el fondo hoy estoy optimista). ¿Por qué para que otro individuo pueda seguir
viviendo, otro debe morir? ¿Por qué para que una especie pueda continuar
existiendo, otra debe extinguirse? ¿Por qué para que pueda surgir un mundo
nuevo, uno viejo tiene que ser completamente destruido? No sé si este mundo
simplemente apareció, surgió de alguna incomprensible manera o fue creado por
algo o alguien, pero lo que sí sé, es que si fue creado, los (o las, o el, o
la) autores son unos seres con mentes más que retorcidas, mentes absolutamente
achicharradas por un ardiente y morboso gusto sanguinario; su propósito
seguramente fue lograr un mundo que jamás aburriera, un mundo de suspenso, de
dolor, de inseguridad, de desconfianza, de lucha, de egoísmo, de traiciones,
donde la paz no es más que una ilusión cuando alguna de estas cosas parece
ponerse en pausa, un delirio de aquellos que aún se aferran a su estúpida fe
para auto-consolarse.
Penosamente, en verdad no
creo en creadores, y estas palabras no son más que MI PROPIO auto-consuelo,
pues como humano, me encanta tener a alguien a quien poder echarle la culpa, y
señalarlo violentamente.
Ames, odies, infrinjas
dolor, sufras, mientas, mates, sangres, salves vidas, no pienses en nada más
que tú mismo, protejas a otros, violes, o cualquier otra cosa que puedas llegar
a hacer, al Universo poco le importa. “En la guerra, como en el amor, y en la
supervivencia, todo vale”, cambiaría yo a la fase. Las buenas acciones no
reciben recompensas, y las malas tampoco, simplemente vivimos presos de la
locura de todos los seres que nos rodean, nuestras vidas cuelgan de una delgada
y frágil línea: la necesidad de los demás. Porque cuando alguien lo necesite,
acabará contigo. Este es el mundo en el que vivimos, se rige por la única ley
del más fuerte, y los débiles están destinados a desaparecer…
¿En qué clase de mierda
me han venido a parir?
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