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martes, 19 de noviembre de 2013

No Quiero Olvidar

  ¿Qué será de nosotros si no existe más? Sé que es una postura egoísta, pero me parece horrible la idea de que la muerte, a pesar de ser sólo una parte del círculo elemental de la vida (que es movimiento, cambio), sea un definitivo final para nuestra individualidad; es horrible la idea de que no haya algo más, y tras la muerte simplemente dejemos de existir, o nos fundamos en algo que carece de divisiones, y perdamos nuestra patéticamente diminuta y confundida personalidad (que a pesar de eso resulta extremadamente hermosa y satisfactoria) para formar parte de algo más universal.
  Si morir es cambiar, no tengo problemas con eso, pero si morir es dejar de existir o renunciar totalmente a la individualidad, no quiero hacerlo jamás (porque sin dudas es hermoso sentirse anónimo, parte de todo, pero quiero hacerlo sabiendo también acerca de mis diferencias con lo demás; necesito la diversidad, que no es división, sino cambio; si todo y todos somos lo mismo, no hay cambio, por lo que no habría vida, y la existencia sería demasiado triste, sería muerta). Todo lo que he sido, lo que conocí, lo que recibí, ha quedado recolectado en forma de recuerdos dentro de mí, y por algunos de ellos no me preocupo, a algunos ni siquiera los quiero, pero otros son hermosos, y además de amarlos, los necesito. No quiero que desaparezcan, así como desaparecieron del presente las situaciones, los sonidos, las fragancias, las sensaciones, y las personas con las que están construidos.
  Quiero ser esto que moldearon los pensamientos de mi propio cerebro, mis experiencias, mis viajes, mis errores, mis aciertos, mis miedos, mis alegrías, mis conocidos, mis amigos, el amor que di y el amor que he recibido… Y aunque use adjetivos posesivos para referirme a todas estas cosas (aunque me parece feo tener que llamarlas “cosas”), ninguna me pertenece, porque yo soy mi única pertenencia, ni siquiera soy lo que hago, y de hecho ni sé muy bien qué es lo que soy, o mejor dicho dónde está eso que soy, pero soy lo que todo eso ha construido a lo largo de los años, y seguirá construyendo, y destruyendo también, porque de eso se trata, del cambio, de la recomposición. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Tratarnos Bien

  Voy a concederme el capricho de escribir las siguientes palabras con la soberbia de creer que son la verdad universal de esta realidad, porque necesito hacerlo de esa manera para sacar de mí algunas pesas agobiantes.
  No tenemos ni la más cercana idea de cuán sensible es una persona, de cuán frágil es su mente, y de cuánto pueden vulnerar a su estado de ánimo los factores externos. Y no importa si esto es así por causas hormonales, por procesos físicos, químicos o fisiológicos en nuestro cuerpo, por un creador que así lo quiso, la cuestión es que es así, y por eso, lo que debería ser lo verdaderamente importante es el intentar no dañarlas, no dañarnos.
  ¿Cómo nos tratamos entre las personas? Creo que ahí radica el verdadero problema de la humanidad, esa es la raíz de todo. ¿Cómo pretender convencer a alguien de cuidar a los otros animales o al medio ambiente, si ni siquiera se preocupa por los que considera sus pares más cercanos, o incluso tampoco por sí mismo?
  No conocemos a las otras personas, porque alrededor de cada una de sus palabras, de sus acciones, de sus gestos, de sus creencias, hay toda una red de cadenas de experiencias, de recuerdos que fueron acumulándose a lo largo de toda su vida, y que además fueron construyéndose según la propia manera de reflexionar de cada uno. Por eso jamás podremos comprender qué pasa en la mente de los demás, o por qué, o cómo. Debido a esa incomprensión es que debemos ser cuidadosos, porque no sabemos qué mínima palabra, expresión o gesto que llevemos acabo podría anudar o desanudar de manera peligrosa esas cadenas de pensamientos, así como también podría hacerlo de manera beneficiosa. Los sentimientos dependen mucho de esos pensamientos, y la salud depende mucho de los sentimientos. Creo que cosas como los gritos, los comentarios sarcásticos o burlones, y las verdades en estado bruto son las maneras más peligrosas de tratar a alguien. Cualquier falta de respeto también es peligrosa.
  Cariño. Suavidad. ¿Qué tanto nos cuesta comprender esas palabras, y el impacto que podrían tener en el mundo, en las personas que nos rodean, si llenáramos nuestras acciones con ellas? Ni nos imaginamos cuánto más llevadero podemos hacer el día de alguien con una simple sonrisa al cruzarlo en la calle, o con un pequeño cumplido (siempre sincero) o reconocimiento a cualquier virtud que demuestre, por pequeña que sea. A veces las personas hacen muchas cosas buenas o bien, y que alguien se los reconozca es como darle un poco de energía nueva para que continúen así, o incluso para que mejoren; muchos pueden rendirse si ven que nadie parece darse cuenta de lo que hacen, porque así reciben la sensación de que no están haciendo nada útil.
  No estoy hablando de alabanzas y adulaciones, sino de respeto, amabilidad, y sinceridad. Si pensamos algo bueno de alguien, si alguien significa algo para nosotros, ¿por qué no hacérselo saber? Tal vez no lo necesite, pero tal vez sí, y tal vez no le importe, pero tal vez le haga bien, y fuese como fuese, de cualquier manera sí nos haría sentir bien a nosotros expresarlo.
  Tratarnos bien. Intentar no lastimarnos, o lastimarnos lo menos posible. ¿Tan difícil es? Realmente sí. Quizá no estemos preparados para actuar de esa manera, pero aún si nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieran diseñados para sobrevivir sin importar la supervivencia del otro, ¿por qué no cambiar eso? ¿Dónde está el libre albedrío del que tanto nos enorgullecemos si en realidad nunca contradecimos a la naturaleza? Quizá tratándonos bien no necesitemos muchas otras cosas, y la ciega avaricia que gobierna a tantas personas hoy no nos llenaría de problemas a nivel mundial.
  Yo no sé lo que piensan los demás, pero aún si somos sólo dos o tres "tontos" los que queremos vivir así, aún si soy yo el único "idiota" que quiere dejar la menor cantidad de "mierda" posible al pasar por este mundo, voy a esforzarme por lograrlo, porque quisiera que este mundo fuera un sitio mejor, y esa es mi manera de transformarlo, o en otras palabras, mi patético "granito de arena" para intentar mantener satisfecha a mi conciencia.

domingo, 29 de septiembre de 2013

Llévame

  En ese momento en que tomas mi muñeca, dejo de ser yo. Miro sorprendido tus pupilas uniéndose a las mías, y me disuelvo en ese roce tibio y suave que tus dedos me regalan casi sin darse cuenta. Mis pensamientos desaparecen de mi mente en una especie de somnolencia, pero en ningún otro instante me siento tan despierto o consciente de que estoy en la realidad.
  Con ese pequeño gesto me llevas hasta ti, y no ofrezco ninguna clase de resistencia o vacilación, me entrego completamente a ti, como una hoja que ya perdió su puesto en el árbol y viaja por el aire según los encantos de la brisa, porque no tengo un lugar que me esté llamando o alguno que esté esperándome, un lugar al cual quiera ir, pero todos los lugares serán el lugar más hermoso si eres tú quien me lleva ahí.
  Si tomas mi muñeca te vuelves mi única alternativa, mi único camino, y puedo seguir cada uno de tus pasos porque eres la única persona a la que quiero querer mientras aún pueda querer a alguien, la única persona a la que quiero extrañar cuando suelte mi muñeca.
  Quiero aprovechar este instante mientras dure, porque cuando se vaya tal vez regrese lo suficientemente tarde como para no encontrarme…

jueves, 29 de agosto de 2013

La Belleza de la Vida

  ¿En dónde yace la belleza de la vida? ¿en su complejidad, por la cual jamás terminaremos de comprenderla y así seguirá produciéndonos preguntas y asombro durante toda nuestra existencia? ¿en su fragilidad, porque las mismas cosas que la crean y la construyen lentamente pueden destruirla de repente, y así es como un delicado tesoro al que hay que cuidar con mucha dedicación? ¿en su finitud, porque así como aparece desaparece y es como una emocionante oportunidad que debes aprovechar antes de que pase? ¿en lo que hay después de ella, porque lo que deja al marcharse es mucho más complejo y misterioso que ella misma, y casi todos esperamos ansiosos poder conocerlo? ¿en todas las cosas que permite sentir, como la frescura de una brisa, el aroma de la tierra mojada, la dulzura de la miel, la suavidad de la arena, la melodía del agua deslizándose sobre sí misma, el brillo del cielo? ¿en su peligro, gracias al cual se transforma en una placentera fuente de adrenalina y suspenso, porque la gacela en la llanura no sabe si será el próximo almuerzo de la leona que anda rondando y la niña en medio de la guerra no sabe si su casa será la próxima en ser bombardeada? ¿en su extraña manera de perpetuarse, reproduciéndose a sí misma para alcanzar así una falsa pero convincente eternidad? ¿en nuestro desesperado deseo de que sea bella, porque preferimos ser felices y disfrutarla en lugar de verla oscura y así sufrir, porque no queremos que sea fea, dolorosa o aburrida? ¿en su simpleza, porque es casi automática y quién la posee casi no debe hacer nada para mantenerla, ella se encarga de resistir casi por sí sola? ¿en las cosas que permite hacer, porque sin ella uno no puede darse cuenta ni que existe? ¿en sus momentos más tristes e injustos, porque son los que verdaderamente le dan todo el sabor y el color a aquellos que consideramos "buenos"?
  Pero, después de todo… ¿Quién dijo que en la vida yace belleza?

sábado, 10 de agosto de 2013

No Entiendo

  Estoy en la alturas, solo, simplemente observando cómo el día se diluía en la tarde, cada vez más rápidamente con el paso de los minutos. Miro cómo una enorme capa de altocúmulos rosáceos se deslizan muy por encima de mi cabeza; por encima de aquellas luces rojas que brillan en las cimas de las antenas, y de los árboles que se convierten en siluetas oscuras y se mecen en la misma brisa fría que viaja a mi alrededor, haciéndome notar su presencia en mis mejillas; por encima de la gente y de todas las cosas que ya olvidé por estar mirando hacia arriba, por perderme en la vastedad de un cielo que se roba la belleza de la luz, y en la música que suena dentro de mis oídos desde un pequeño aparato; por encima de todo lo que creo conocer y que a veces considero real; por debajo de todo lo que solamente puedo soñar y jamás considero falso.
  Podría permanecer aquí, así, toda mi vida.
  En toda aquella amplitud, que tal vez no sea infinita, pero sí lo suficientemente grande como para que yo o mi imaginación jamás podamos recorrerla o al menos comprenderla, en esa que la luz del Sol transforma en gamas rojizas, rosas, celestes, y azules, aparece la primera estrella, como si recién iniciara su existencia, como si se hubiese encendido de repente, escabulléndose entre los huecos de los altocúmulos, y su brillo parece aumentar con cada nuevo destello de su titilar. Entonces, cuando me doy cuenta de que la plenitud que siento me ha puesto una sonrisa en el rosto, pienso: “¿Cómo puede existir la codicia?¿Cómo alguien puede desear algo más que esto?”, y es que yo podría permanecer así toda mi vida.
  ¿Cómo alguien puede desear una belleza distinta a esta, tan pura y asombrosa, tan abundante e incomprensible? ¿Cómo alguien puede desear ser protagonista de una vida diferente y renunciar a la paz y las maravillas que experimenta y presencia el espectador de lo real? ¿Cómo alguien puede bajar la mirada, a la parte más opaca de la realidad, y olvidar que allí arriba todo continúa brillando? ¿Cómo alguien puede creer que lo hermoso puede caber entre sus manos, o guardarse en alguna parte, o verse con un par de ojos? Lo hermoso sólo puede sentirse, de una manera especial, en que sólo quienes lo han sentido pueden comprenderlo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Estrés

  Le di un cabezazo a la alacena. No me dolió. Ni siquiera un poco. Necesitaba descargar la ira que estaba creciendo dentro de mí en forma de tensión muscular y rigidez e inflamación de garganta, quitándole gran parte del lugar a mi capacidad de raciocinio.
  Últimamente, la ira logra hacer erupción a través de mí con mayor frecuencia, y eso no me agrada, me preocupa.
  De niño era algo violento, trataba mal a mis padres y a mis hermanos, y era capaz de golpear a quien me molestara. Al entrar en la adolescencia, me volví un chico tranquilo, de esos por cuyas mentes ni siquiera cruza la posibilidad de insultar a alguien. Tal vez toda la ira producida durante estos últimos años que no encontró ningún resquicio en mi personalidad por dónde salir, se ha acumulado en la cantidad suficiente para ejercer la fuerza necesaria para crearse sus propios resquicios, abrir sus propias grietas y saltar hacia afuera.
  Cuando algo me molesta, todas las frustraciones de mi vida emergen a la parte consciente de mi mente. Es como si al frustrarme porque algo me disgusta, mi cerebro activara la palabra “frustración”, y ésta automáticamente atrayera de entre todos mis recuerdos a aquellos que se relacionan con ella, con esta palabra. Me enfado y recuerdo TODAS mis frustraciones: las personales, relacionadas con mis incapacidades, y las sociales, relacionadas con las incapacidades de la gente que me rodea y la que vive a miles de kilómetros también (me frustra la impotencia respecto a asuntos que me encantaría cambiar pero por los que realmente no puedo hacer nada de nada), y así es como me enfado más, lo suficiente como para que mi cuerpo vea a la ira como a un verdadero problema, y empiece a prepararse para combatirlo (producción de estrés). Este estrés que produce mi cuerpo me exige ser utilizado, haciéndose sentir en cada una de mis partes, y es ahí cuando aparecen las respuestas violentas, porque el estrés es para combatir los problemas, los problemas se combaten para sobrevivir, y la supervivencia se basa en la violencia (superponer la vida de uno mismo sobre la del otro).
  Por esto, el estrés puede ser contraproducente, y en lugar de combatir un problema, se convierte en uno, el cual sólo puede resolverse de dos maneras: evitándolo antes de que se produzca, o poseyendo una enorme autonomía mental para controlarlo y/o permanecer indiferente a sus exigencias.
  Sólo espero tener pan para desayunar mañana.

domingo, 9 de junio de 2013

Tarea de Filosofía

  La siguiente es una improvisación que escribí para cumplir con una tarea del colegio, para la asignatura Filosofía.

  Desde mi punto de vista, todos los seres vivos son en dos partes: una es su forma de ser, y la otra su manera de ser.
  La forma de ser sería su cuerpo, y la manera de ser sería su comportamiento. Sin embargo, muy generalmente, definimos la identidad de los seres según su cuerpo más que su comportamiento; es decir, a un individuo con cuerpo de león que come sólo hierbas, por ejemplo, seguiríamos considerándolo un león, aunque su comportamiento sea ajeno al de tal. Esto se debe a que la manera de ser de cualquier tipo de individuo, no depende sólo de su forma, sino también de su entorno, de los demás seres vivos e inertes que lo rodeen.
  Para empezar a hablar específicamente del hombre, me parece conveniente hacer una distinción entre lo que es realmente un “hombre” y lo que es en realidad un “humano”. Entonces, podría decir que el “humano” es el homo sapiens en su estado más natural, el ser que busca la manera de sobrellevar y disfrutar su vida entre todos los demás seres del universo; y el “hombre” es el homo sapiens alejado de su estado más natural, incorporado plenamente al estilo de vida de la gran sociedad.
  El humano no es necesariamente un homo sapiens aislado en medio de la selva, el desierto o las planicies, como un animal salvaje más. Es un ser que comprende su diminuto puesto en medio de la naturaleza, que entiende y acepta que es tan sólo un individuo más. Su egoísmo no va más allá del necesario como método de supervivencia, pues sin él todos se sacrificarían prematura e incoherentemente.
  El hombre es el homo sapiens que, dándose cuenta o no, por decisión propia o no, ha dejado de verse (o nunca se vio) como un simple ser más de la naturaleza, y esto lo lleva a considerar que su puesto en el universo es jerárquicamente más elevado que el de los demás. Su nivel de egoísmo supera el necesario para la supervivencia, y por ello se vuelve codicioso y calculador. Vive en sociedad porque esta puede ofrecerle una vida más sencilla, y la utiliza como un medio para lograr las riquezas que anhela (puede haber algunas abstractas entre ellas).
  Entonces, lo que hace tan diferentes al hombre y al humano, es su nivel de egoísmo. A partir de este, la manera en que ven y viven la vida cambia por completo. Tienen objetivos y métodos diferentes.
  Pero no debe haber confusión. No estoy diciendo que uno de los dos es bueno y el otro es malo, o uno es mejor y el otro es peor, sencillamente se trata de dos seres diferentes, porque, aunque comparten su forma de ser (cuerpo), sus maneras de ser (comportamiento) son ampliamente distintas.
  Así queda claro que el comportamiento mantiene cierta independencia del cuerpo, pues dos seres con el mismo cuerpo pueden comportarse de manera totalmente diferente, pero, ¿hasta qué punto llega esta independencia? Me refiero a más allá de los condicionantes físicos claros (por ejemplo, un cuerpo sin alas no va a volar y un cuerpo sin extremidades no va a caminar), a si esta “manera de ser” es algo así como una entidad que se acopla a la “forma”, lo que algunos podrían llamar alma, o espíritu, o mente, o esencia, o lo que fuese. Este es un asunto que sobrecarga mi cabeza cuando lo pienso, y creo que nunca llegaré a una conclusión que me convenza.
  Cuando me detengo a pensarlo, siento que junto con la forma, la manera se acaba (mueren), pues esta podría ser sólo un complejo sistema de reacciones químicas y eléctricas dentro del cuerpo, pero debido a experiencias personales, se me hace imposible no considerar la posibilidad de que una manera emigre de una forma a otra (lo que algunos llamarían “reencarnación”, pero no me gusta usar conceptos como ese, pues las personas les dan más significados de los que en realidad tienen, o sencillamente cada uno los ve de una manera diferente, y casi siempre se generan malentendidos).
  Es posible que la “manera de ser” se encuentre conformada por un material miles o millones de veces más pequeño que una partícula subatómica; una sustancia que podría pasar desapercibida para la ciencia durante muchos siglos más. De esta manera podría pasar de un cuerpo a otro, pero esta transmigración parece algo demasiado inverosímil: ¿cómo sucedería? ¿en qué momento?
  Por ahora, sólo puedo sostener que esta manera es una consecuencia de la forma, algo que ocurre dentro del cuerpo y que deja de ocurrir cuando el cuerpo deja de funcionar.

viernes, 31 de mayo de 2013

¿Vale la pena ser vegetariano?

  Esta es una pregunta personal que yo me hago a mí mismo, y por lo tanto, la respuesta es también personal. No pretendo estar formulando ninguna verdad universal o algo por el estilo, ya que todos percibimos la realidad de una manera diferente. Pero aún así soy consciente de que mi punto de vista puede ser el mismo (o muy similar) que el de muchas otras personas, y por lo tanto esta reflexión que me siento a hacer en soledad y tranquilidad puede servirles a ellas también. Para otras, todo lo que estoy a punto de escribir será sólo un montón de palabrería surgida de alguien con poco que hacer, o nada más que una opinión inválida, o un criterio equivocado y ya.


  Creo que el primer punto que debo aclarar antes de empezar a responder esta pregunta, es cuál es la “pena” de ser vegetariano, ya que, hablando teóricamente, en realidad se trata de una dieta más adecuada para el organismo humano, debido a que posee más variedad de nutrientes1 y es mucho más liviana2 que la dieta omnívora, la cual es mucho más popular.
  Sin embargo, teniendo en cuenta la vida en sociedad de la actualidad, ser vegetariano sí lleva consigo algunas cargas que hay que soportar. Por ejemplo, gran parte de los productos industrializados son realizados con grasa animal, y es suficiente con leer sus ingredientes para darse cuenta; por lo tanto, la variedad de productos a los que se puede acceder siendo vegetariano se reduce drásticamente.
  Además, a la hora de festividades o situaciones especiales con reuniones sociales, la carne nunca falta a la hora de la comida, y de cierta manera uno debe “excluirse” de la gran mayoría, porque se quiera o no, no compartir el ámbito alimenticio del resto es excluirse. En estas situaciones es cuando más extraño se siente uno, y piensa cosas como “vaya, yo no como carne pero todas estas personas sí lo hacen… ¿cuánto vale mi intención entonces?”.
  Si consideramos que muchos siguen una vida omnívora hasta la adultez, y luego por alguna razón deciden hacerse vegetarianos, deben enfrentar un drástico proceso de cambio en su forma de vida, y creo que todos sabemos lo difícil que es para las personas cambiar hábitos diarios tan arraigados. Y si uno decide convertirse durante la adolescencia, es muy posible que deba esforzarse el doble, pues al convivir con su familia debe “luchar” contra ella, contradecirla a diario, y reafirmar cada día su decisión3.
  Y en cualquiera de los dos casos, debido a la conversión y a haber llevado una vida omnívora hasta la misma, muchas personas pueden sufrir ineficiencias nutricionales que deben arreglar con suplementos4.
  Otra cuestión es que si se vive en una zona poco globalizada (como una zona rural o poblados pequeños), conseguir una variedad saludable de alimentos vegetales es realmente complicado, por no decir imposible, y sí o sí te ves forzado a tener que ir a la ciudad para conseguirlos, por lo que tu modo de vida se encarece económicamente. También hay posibilidades de que incluso viviendo en la ciudad comer se te haga más costoso en términos de dinero si llevas una dieta vegetariana, pero no siempre es el caso.
  Ni hablar de si realmente te encanta el sabor de la carne, pero debes renunciar a ella para sentirte bien contigo mismo y/o con el resto de la vida. Esa también es una “pena” válida.
  Y bueno, creo que esas son las principales “penas” o contras de ser vegetariano en un mundo claramente omnívoro. Ahora sí puedo pasar a analizar el siguiente aspecto:
  ¿Favorece realmente al resto de los seres vivos que yo me haga vegetariano?
  Hay innumerables seres vivos en la Tierra, que van desde los microorganismos como bacterias unicelulares hasta hongos pluricelulares y vegetales complejos; claramente, también los animales entramos en el grupo, y es realmente imposible no atentar contra la vida de ninguno, ya que muchos de ellos atentan contra la nuestra. Es sencillamente imposible no ser un asesino, ya que así es como funciona el Universo, y para sobrevivir, como la palabra lo indica, debemos “sobreponernos a la vida”. Por ejemplo, incluso aunque decidamos tener una vida muy corta alimentándonos a base de arcilla u otras sustancias inertes, cada vez que alguna bacteria nos enferme o ingrese a nuestro cuerpo, nuestro organismo la eliminará sin siquiera pedirnos permiso (si es capaz de hacerlo, claro).
  Entonces, ¿sirve de algo ser vegetariano si en realidad no se puede dejar de ser un asesino, y de una u otra manera te llevarás vidas que no te pertenecen? Aunque sea inevitable dejar de ser un asesino, sí podemos influir en la cantidad de víctimas que nos convierte en tal. Es decir, podemos reducir esa cantidad si lo deseamos y nos esmeramos.
  Pero… ¿no comer carne realmente disminuye la cantidad de muertes? Esta es una pregunta muy interesante:
  Supongamos que existen sólo dos alternativas de alimentos, comes carne de cerdo o comes zanahorias, y debes consumir medio kilogramo de alimento al día para sobrevivir. En promedio, los cerdos pesan 85kg, pero quitándole el esqueleto y otras partes no comestibles, hagamos de cuenta que su peso se reduce a 30 kilogramos; y las zanahorias pesan en promedio 150g cada una (siendo su totalidad comestible), pero supongamos que tres zanahorias grandes llegan a pesar el medio kilogramo diario que se necesita. Entonces, con la muerte de un cerdo podríamos vivir durante 60 días, pero con la muerte de una zanahoria no podríamos ni siquiera consumir lo necesario para alimentarnos bien un día; necesitaríamos tomar 180 vidas de zanahorias para alimentarnos los 60 días en que logramos alimentarnos tomando la vida de un cerdo. Al buscar otros ejemplos, nos daremos cuenta de que es increíblemente mayor la cantidad de muerte que genera una dieta vegetariana que la que genera una dieta carnívora u omnívora.
  Cierto, podríamos alimentarnos sólo de partes de vegetales que extraigamos de una planta sin asesinarla (como las frutas, por ejemplo), pero nuestra dieta sería sumamente pobre y deficiente nutricionalmente, y eso nos llenaría de problemas, evitaría que estuviéramos saludables.
  Sin embargo, no podemos detenernos aquí, porque la vida no sólo se trata de “cantidad”, sino también de “calidad”. ¿Cuál ha sido la calidad de ese único cerdo que nos alimentó durante 60 días? Ha vivido en cautiverio durante toda su existencia, con poco espacio en el cual moverse, posiblemente siendo sometido a dolorosos procesos como la marcación y el control de su hocico mediante un anillo, alimentándose de manera deficiente con comida rica en grasas que no lo nutría como debería haberlo hecho, condenado desde un principio a ser comida sin posibilidades de cambiar su destino, posiblemente sufriendo una muerte dolorosa y quizás hasta lenta. En cambio, la vida de aquellas 180 zanahorias, ¿cómo fue? Para los vegetales, no hay diferencia entre una vida de cautiverio o una en estado salvaje, y sin embargo podemos decir que quizás viven mejor en cautiverio pese a también estar destinadas a ser comida: reciben cuidados y atenciones que le aseguran su bienestar y como hasta donde se sabe no tienen sistema nervioso, son incapaces de sufrir el dolor (y quién sabe, quizá ni siquiera sepan que están vivas o que existen).
  Entonces, creo que este último punto es el verdaderamente crucial, el que inclina la balanza hacia uno de los dos lados, porque me parece que es mejor vivir un día feliz que un año padeciendo, por decirlo de alguna manera.
  Sin embargo, creo que aún podría hablar de un asunto más antes de formular la respuesta, y este se trata de los beneficios de ser vegetariano: es cierto, no recibirás ninguna recompensa por parte de un ser superior o algo por el estilo a causa de respetar el bienestar de tantos seres del Universo, y si bien tendrás una alimentación más balanceada y saludable, eso no te garantizará un mejor estado físico que el de cualquier otra persona que sí coma carne, pero si sientes algo de amor por este mundo (aún con todas sus cosas horribles) y por lo maravilloso que es tener la capacidad y la oportunidad de vivirlo, te aseguro que sentirás algo plenamente gratificante en tu interior, que te hará sonreír solo cada vez que pienses en ello…
  Sí, vale la pena ser vegetariano.

1El valor nutritivo de la carne es frecuentemente sobrevalorizado, y por esa razón, muchos dejan de comer gran variedad de alimentos (como frutos secos, legumbres y semillas) pensando que con comer carne es suficiente.
2Me refiero a que el sistema digestivo digiere mucho más fácilmente los alimentos de origen vegetal, y por eso se reciben los nutrientes con mayor velocidad, y se agiliza todo el proceso metabólico y fisiológico. La carne, por ejemplo, tarde entre cinco y seis horas en digerirse, y eso puede llevarnos a sentirnos “pesados” o “llenos” mucho tiempo, y por ende comer menos de lo adecuado.
3Muchos adolescentes deben incluso cocinarse a parte del resto de los miembros de la familia, cuando esta decide no apoyar ni siquiera en lo más mínimo su decisión, y de esa manera uno realmente se siente solo, aislado.
4Con el tiempo, el cuerpo humano también se adapta y se acostumbra a todo, así que después de llevar una vida omnívora, cuando deja de recibir carne repentinamente, puede tener algunas malas reacciones. Debido a esto se recomienda que la conversión sea gradual y lenta, para ir preparando al cuerpo, aunque aún así las posibilidades de daños colaterales no desaparecen por completo.

domingo, 21 de abril de 2013

Egocentrismo

  Soy demasiado egocéntrico. Por eso siempre estoy cargando con las culpas de los demás, como si fueran mi responsabilidad. Y no sólo con las culpas, sino que también me pongo sobre los hombros el sufrimiento de personas a las que ni siquiera conozco, que nunca he visto y que nunca voy a ver. Eso causa un agobio increíble que logra incluso quitarme los deseos de vivir de vez en cuando.
  Todo porque me siento lo suficientemente capaz (cosa que es ridícula) para intervenir en cada conflicto de este mundo, y eso es un autoengaño.
  La frase “si no eres parte de la solución, eres parte del problema” se grabó de manera imborrable en mí desde la primera vez que la leí (quizá hace seis o siete años), y es que debido a mi aguda autocrítica no había manera de que no la incorporara como si se tratara de un axioma. Es válida para muchas ocasiones, pero hay muchas más en las que no tiene sentido, pues la realidad es ampliamente más grande que nosotros, y encima somos mortales (si no lo fuéramos podríamos arriesgarnos mucho más, ya que en verdad no tiene sentido morir luchando por algo que ni siquiera sabes si conseguirás).
  Lo del “granito de arena” o la “gota del mar” no sirve para consolarme. Soy mucho más exigente que eso, y comprendo que mi pequeño aporte y el pequeño aporte de nadie no sirve para nada si no aportan TODOS, y eso es en verdad imposible, excesivamente ideal; somos demasiados en el mundo.
  Hago lo que puedo, intento cumplir con mi parte de la mejor manera, pero no me siento satisfecho, mi egocentrismo me golpea sin cansancio la cabeza para decirme que puedo hacer incluso más, que puedo hasta salvar el mundo si me lo propongo, pero eso es una ridiculez y una cursilería.
  De vez en cuando, por momentos muy fugaces, me encantaría disolverme en el aire por un par de años, y luego volver formarme con ideas renovadas y oxigenadas. Mi melodramática mente necesita un descanso.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El Círculo Vicioso del Pensamiento

  Todo comienza con una pregunta. Te sientas en cualquier lugar, en el pasto, recostado sobre un árbol, en el suelo, en un asiento convencional, o te quedas de pie.
  "Es sólo una pregunta", crees, "será sólo un momento", y empiezas a buscar la respuesta mientras tus pupilas deambulan por el lugar sólo para mantenerse ocupadas. También es posible que cierres tus párpados, para que no vayan a desconcentrarte demasiado.
  No sabes si fue sólo un segundo o un par de minutos, pero la respuesta a dicha pregunta llega, y antes de que puedas decir "bien, ahora me levanto y sigo", te das cuenta de que no ha venido sola, trajo con ella no una, sino dos preguntas más, y ahora debes conseguir otras dos respuestas.
  "Bueno, un poco más tampoco me hará daño", sigues creyendo, y continúas así hasta que logras ubicar esas dos nuevas respuestas que estabas buscando.
  Entonces te asombras, porque cada una de ellas ha traído dos preguntas más, y ahora tienes que buscar otras cuatro respuestas. Aquí es donde te das cuenta de lo equivocado que estabas.
  Casi sin percatarte, has conocido el círculo vicioso del pensamiento, y no sólo eso, también te has sumergido en él, y empiezas a emborracharte, porque una vez que lo pruebas, es imposible dejar de saborearlo, y lo haces en cualquier lugar, en cualquier momento, cada vez con más frecuencia y con más concentración...
  Lo siento compañero, ya eres un adicto.

viernes, 22 de febrero de 2013

Me Pregunto...


  Me pregunto si en este mismo momento, en alguna otra parte del mundo (no importa cuál, no importa qué tan lejos esté, no importa incluso si me refiero a más allá del Atlántico o del Pacífico), hay alguien mirando a través de una ventana, solo, perdido en un mundo que parece no comprenderlo, y peor aún, completamente sumergido en un mundo que parece no comprender nada, absolutamente nada, preguntándose si yo estoy aquí, sintiéndome como él. Estoy completamente seguro de que ahí está, y daría mucho por poder tomar mi bicicleta, o cualquier otra cosa, y acercarme hasta su lugar, para tomarlo de los hombros y sacudirlo con fuerza, hacerle saber que no es el único extraviado, aunque no nos sirva de nada ser dos, o tres, o cuatro…
  Si pudiera hacer eso, estaría encontrando la diminuta esperanza que tanto necesito en este desolador momento. La esperanza de que las cosas pueden cambiar, de que el rumbo torcido que lleva hasta un final desastroso puede ser enderezado a un nivel al menos aceptable. Y estaría dándole esa esperanza también a él. Pero incluso abrazándolo hasta la asfixia, esta esperanza no dejaría de ser nada más que un triste consuelo, un miserable par de párpados cerrados para evitar ver la realidad, que ya es lo suficientemente oscura como para ocultarse a sí misma.
  Aún así… deseo, imploro encontrarlo, por mi propio bien, para que esta demencia no se vuelva una locura peligrosa. Porque al final, soy igual a todos, así como él también es igual a ellos; no comprendemos nada, y dedicamos nuestro tiempo a la supervivencia de nuestro bienestar, o tal vez sólo a la estabilidad de nuestra comodidad, nada más… Los problemas, las mentiras, el dolor, el sufrimiento, todo pasa por delante de nuestros ojos a una velocidad ridículamente lenta, y aún así no tenemos la convicción siquiera para atrevernos a intentar detenerlos. Es como haberse subido a un lujoso y reconfortante crucero aceptando la condición de que al final del viaje se hundirá, y sólo tú serás salvado, mientras todas las otras personas mueren ahogadas; acepté, aceptamos esa condición incluso sabiendo que es una farsa, y que también nosotros terminaremos sin lugar en nuestros pulmones para el aire… No lo sé, todo es tan complejo, tan relativo, tan frustrante… Por eso dejo escapar una parte a través de las letras, porque no soy lo suficientemente fuerte para soportar todo su peso… Me pregunto si él también está dejando escapar un poco de todo esto. Espero que sí.



viernes, 11 de enero de 2013

El Hombre Más Malvado Del Mundo

  Soy el hombre más malvado del mundo. Aún así, podrían no creerme, ya que soy todo un mentiroso, un hipócrita, un cínico que sonríe amable y encantadoramente mientras esconde lienzos oscuros y opacos bajo una seda colorida y brillante. Soy capaz de pronunciar las palabras más hermosas y gratificantes del mundo, sólo con la intención de hacer creer a los demás que aún quedan personas buenas, sólo para ver la falsa felicidad que se crea en sus rostros a partir de palabras aún más ficticias, para saber que sin embargo el dolor sigue corroyendo su interior, y terminará por destruirlo completamente cuando comprendan que aquel consuelo es sólo una ilusión; pero soy tan malvado, tan perverso, tan maligno, tan degenerado, que me encargo de que jamás conozcan la verdad, para que el sufrimiento los consuma sin que siquiera puedan notarlo. Sin embargo, no obtengo ninguna recompensa de aquello, ni siquiera la más diminuta sensación de placer. Por eso soy el hombre más malvado del mundo, porque no me gusta ni tengo la intención de serlo, porque me comporto de esa manera para que mi consciencia se sacuda desesperada durante todo el día, y su escándalo no me permita dormir por las noches, para que el sufrimiento me acose también a mí y no me deje disfrutar nada, ni el deleite que produce el sufrimiento mismo, porque mi maldad es pura, y no discrimina entre terceros y yo. Es irónico, es complejo de entender, y más aún de comprender, debes ser el hombre más malvado del mundo para lograrlo.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Espera

  Recorre toda la ciudad con su vieja bicicleta, y cuando el Sol empieza a caer y a ponerse rojo, se detiene allí, donde no hay concreto, ni casas, ni árboles… Un pequeño descampado cubierto de pasto, en medio de toda la civilización, como si por alguna razón hubiesen olvidado poblar ese rincón. Allí mira a todo su alrededor, como si estuviera esperando algo, ¿pero qué? No se citó con nadie, no llamó a ninguna persona, tampoco lo llamaron, ni nadie anunció ningún suceso en el lugar. ¿Qué espera entonces? Tal vez sólo espera que pase el tiempo, que el día se oscurezca y lleguen las estrellas; tal vez está esperando que algo extraño y repentino suceda, y destruya amablemente la agónica aburrición de la monotonía; tal vez está esperando que una sonrisa misteriosa y encantadora lo salude, y le dé inicio a un mundo absolutamente irreal; tal vez espera qué esperar, algo que le de sentido al girar de las manecillas del reloj; tal vez espera que las cigarras se callen, o que no lo hagan jamás; tal vez espera que el tiempo se detenga, para que el atardecer se vuelva eterno y no haga falta esperar nada; tal vez simplemente espera poder darse cuenta de que no está esperando nada…

sábado, 18 de agosto de 2012

El Humano

 El mundo de los humanos está tan demacrado porque se comete el absurdo error de creer que el humano es un ser sociable.
 No conozco la realidad de los demás, pero aún así me atrevo a decir que el humano es uno de los animales más egoístas. Es fácil darse cuenta, ya que cree que tiene el derecho de matar a cualquier mosca o mosquito que anda a su alrededor sólo porque le molesta su zumbido, o el de comerse a cualquier otro habitante de la Tierra; también cree que su vida vale más que cualquier otra, se trate de una diminuta hormiga o de algo mucho más grande que él, como un elefante.
 El humano es capáz de generar y reproducir hasta los sentimientos más inimaginados en el mundo natural, como el odio, la envidia, la avaricia, el orgullo; y también puede cometer actos irrisorios que a ningún otro ser sobre la Tierra podrían ocurrírseles, como el infligir dolor/asesinar por placer y mentir.
 Claramente en esto se basan todos los problemas de la sociedad. ¿Cómo un ser tan egoísta puede pretender vivir en comunidades numerosas? Una sociedad numerosa sólo da lugar a competencias disparatadas y compulsivas, ya que las personas también tienen una fascinación por las comparaciones; el humano se pasa comparando todo: las cosas, las personas, los otros animales, y hasta a ellos mismos. Y lo peor no es eso, sino que también se dedica a calificar, y al ser tan egoísta siempre quiere ser superior a los demás. Entonces, en la búsqueda de esa supuesta superioridad es donde aparece el odio y el desprecio, y todos los demás sentimientos que surgen de estos.
 Las pruebas de que las comunidades más pequeños son las más convenientes para una especie como la humana no sólo se encuentra en la actualidad (los pueblos/aldeas pequeño/as prácticamente nunca sufren la delincuencia, y sus habitantes viven en paz con la naturaleza), sino que también en el pasado: las tribus aborígenes de América que vivían en grupos pequeños subsistían sin molestar a nadie, eran generosas y hospitalarias (más allá de que seguramente tenían sus defectos), pero las “civilizaciones” más numerosas e “importantes”, como la azteca y la inca, eran tan o más violentas y sanguinarias que las europeas, sometiendo y esclavizando (además de asesinando y mutilando) a las tribus más pequeñas.
 Con esto no estoy intentando decir que el humano es la peor criatura sobre la Tierra (más allá de que realmente lo sea), simplemente quiero dar mis argumentaciones por las cuales creo que puede vivir mucho mejor si se organiza en grupos pequeños, y no en ciudades enormes. Y al referirme al humano en tercera persona no pretendo aparentar ser superior al resto, sino ser objetivo, ver la realidad como espectador y no como protagonista, ya que creo que no hace falta que diga que también soy humano.