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viernes, 12 de diciembre de 2014

No Sabía

  Ella no entendía a las estrellas, no entendía el canto de sus luces. Su piel no sabía jugar con una brisa, ya sea matutina o nocturna, y si su cabello, de casualidad, empezaba a hacerlo, a ella no le interesaba. Tampoco le importaba si su voz se mecía lentamente por el aire hasta empujar una sonrisa a mi rostro, y me invitaba a descansar, o si llegaba alterada a inquietar mis oídos. Ella no creía que la profundidad de sus pupilas llegara hasta su alma, o hasta la mía, ni que sus ojos tenían el derecho de robarse cualquier luz sólo porque tenían el deber de dejarla ir otra vez, y regalársela a alguien más. Ella no sabía lo que era un paseo, simplemente usaba sus piernas, llevaba un pie adelante, y luego adelantaba al que había quedado atrás; eso era todo. Ella no sabía que la magia existe, y por lo tanto, tampoco sabía que hay que liberarla de los sitios donde se esconde, y mucho menos sabía que una vez liberada, la magia entabla una lucha contra el tiempo, y siempre le gana. Ella no creía en los sueños, pensaba que la energía provenía simplemente del dormir, y una vez que despertaba no había nada más que lo que había. Ella no sabía la libertad, tenía más fe en las miradas ajenas que en las suyas, y creía que lo que sentía era sólo eso, sentimientos que pertenecían a su interior y allí debían quedarse. Ella no sabía que la lluvia limpiaba mucho más que los tejados, ni que un par de chaparrones podían descubrir la vida que había quedado cubierta bajo los años. Ella no sabía que se podía amar sin tocar, soñar sin dormir, sentir sin razón, dar sin devoluciones, entregarse sin perderse, llorar sin sufrir; ni que se podía herir sin intención.
  Aún así, o quizá por eso, él la amaba.

martes, 2 de diciembre de 2014

Esperaba

Ella esperaba todas las noches debajo de las estrellas. Las luces de la ciudad le robaban la mayor parte del cielo, pero lo que le quedaba le alcanzaba para soñar. A una parte de su interior le parecía ridículo, pero por los libros sabía que cada una de esas lucecitas era millones de veces más grande que ella. ¿No es esa razón suficiente para asombrarse? Ella ni se lo preguntaba, simplemente se asombraba.
Ella esperaba por encima de los edificios de la ciudad, en la azotea del suyo, que estaba algo descuidada, y compartía algunas de sus manchas de polvo con su vestido. Pero eso no le molestaba, ella igual se recostaba, y esperaba. Sus pupilas eran el propulsor más efectivo  jamás construido, y su mente era la más increíble y veloz nave con la que exploraba el universo.
Ella esperaba, sabía que de vez en cuando la atmósfera encendería en belleza alguna roca extraviada del cosmos. Pero no esperaba estrellas fugaces, esperaba otra cosa. De toda aquella oscuridad que rodea las luces pueden esperarse muchas más cosas. Mientras esperaba, algunos sueños llegaban, y como la brisa, revoloteaban a su alrededor y luego seguían su camino, casi sin darse cuenta cuando un sueño se convertía en otro o una sutil ráfaga en otra.
Esperaba que el tiempo se detuviera, así no tendría que esperar más. Así no tendría que esperar que al mirar su reloj los números no hayan cambiado, y al levantarse su cuerpo permaneciera intacto, tal como estaba antes de acostarse, sin polvo, con el cabello acomodado, con la energía de la cena aún por usar.
Podía no mirar el reloj, podía no levantarse, podía alejarse de todas las demás personas, podía evitar cada una de las cosas que le recordaban el tiempo, pero no escapar, no podía apartarse del tiempo mismo, que le gritaba desde el titilar de las estrellas. Ella esperaba, y se llevaba bien con el cielo porque quizá ambos eran iguales: tal vez él también esperaba, por ello se quedaba aparentemente quieto, pero se movía veloz e incansablemente. Nada menos quieto que el cielo. Y ella estaba aparentemente quieta, pero no podía evitar moverse, y mucho menos pensar. Nada menos quieto que ella.
¿Cómo guardar un poquito de brisa para recordarla después? ¿Cómo distinguir el recuerdo del pequeño soplo de hace cinco minutos de aquel que está soplando ahora? ¿Cómo hacer feliz a alguien en este mundo, donde la felicidad está por todas partes, casi como si fuera una obligación? Si es complicado convencer a alguien de algo que no está viendo, convencerlo de lo que sí está viendo lo es mucho más.
Llorar no soluciona nada, pero ayuda. Amar no salva al mundo, pero ayuda. Ella pensaba en esas contradicciones, y se confundía, mientras esperaba. Una sonrisa aparece cuando hay felicidad, pero la felicidad aparece cuando hay una sonrisa; entonces, ¿cuál es primero? ¿Por qué siempre algo tiene que ir primero y otro algo tiene que ir después? Ha de ser el tiempo otra vez, infiltrándose en mi mente, y en la de todas las personas.
Ella seguía pensando cosas como esa, y esperando.
No estamos solos en el mundo, pero nadie nos acompaña a la hora de irnos. Sin embargo, el momento más difícil de la vida no debe ser la muerte, ella sucede aunque esperemos que no lo haga; el momento más difícil debe ser la vida misma, tener que aceptarla así, tal como es, llena de muerte, llena de despedidas, llena de recuerdos, llena de tiempo.
Después de seguir pensando cosas como esa, la niña levanta su torso, porque no quiere serle infiel al cielo con sus párpados, no quiere irse de repente. Se despide como es debido, y baja de la azotea sabiendo que aunque ahora esté cansada y somnolienta, mañana, gracias al tiempo, podrá volver a esperar bajo las estrellas a que el tiempo desaparezca.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Inmortalidad

  La muerte es una de las cosas que el humano más ha despreciado en la historia, porque parece quitarle el sentido a todo lo que se puede llegar a ser y hacer en la vida; es decir, nada evita que al final todos terminemos de la misma manera, nada nos salvará de la desaparición. No importa si ayudaste a liberar una nación como Gandhi, si vendiste millones de discos como Michael Jackson, si tus obras se siguen leyendo milenios después como las de los trágicos griegos, o si encontraste a la persona que más te maravillaba en este mundo y formaste la familia ideal, terminarás igual que cada humano y ser de este universo…
  Entonces, ¿para qué hacer todo lo que hacemos? ¿para qué esforzarnos tanto si no hay una aparente salida alternativa, sólo la muerte? Generalmente el humano busca una manera de que al menos su nombre trascienda la vida de su cuerpo, y perdure más allá de la muerte física. Es una manera simbólica de alcanzar la inmortalidad que al parecer da a la vida más sentido. Muchos humanos alcanzan esa inmortalidad dejando huellas en el mundo, ya sea en obras de arte, de ciencia, de afecto en otras personas, de logros históricos, de decenas de otras maneras. Pero lo que hace la mayoría no es lo que hacemos todos, y en algún momento debemos preguntarnos: Yo, ¿cuándo me siento inmortal? ¿cómo me siento inmortal? (si es que realmente nos interesa, claro).
  En mi caso, no sé si sea porque soy un perezoso, pero no me interesa dejar este mundo lleno de huellas mías, o una sola huella de tamaño enorme; es más, me gusta pasar desapercibido, suelo estar más cómodo en la oscuridad, suelo sentirme feliz no cuando sobresalgo, sino cuando me siento parte del mundo, cuando soy sólo una pluma más en el cuerpo del ave que despliega su hermoso vuelo en el cielo: si me caigo, el ave ni lo notará, podrá continuar volando, pero igualmente habrá perdido algo, y no será la misma. Por ello, esa inmortalidad que gran parte de los humanos buscamos, no la encuentro en el hecho de que recuerden mi nombre o mi rostro o mis acciones; yo me siento inmortal cuando estoy con personas que me hacen sentirme así, o cuando estoy en lugares que me hacen sentir así, o cuando hago algo que me hace sentir así. Me siento inmortal en esos momentos en que el tiempo no importa, porque deja de existir, y en un mundo sin tiempo, todo es inmortal. Me siento inmortal cuando estoy con mis amigos, con las personas que amo; me siento inmortal cuando estoy recostado en el suelo viendo el cielo, ya sea celeste o estrellado, y el viento recorre mi piel; me siento inmortal cuando canto una canción, o cuando me la cantan. Cuando me sumerjo en el mundo aparte que crean esas cosas, soy inmortal, y libre. No necesito que me recuerden, necesito recordar, darme cuenta del lugar al que pertenezco.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Ideales. Personas. Pensamientos. Sentimientos. Deseos. Sentimientos Otra Vez.

  Si mis ideales me alejan de las personas que más quiero, ¿qué debería pensar? ¿Debería reconsiderar mis ideales y suprimirlos, o cambiarlos por otros para ser más compatible con esas personas que podrían alejarse? ¿O debería pensar que simplemente mis sentimientos no son correspondidos, y si no me aceptan como soy, aunque los quiera, en realidad esas personas no son las adecuadas para mí? Ambas opciones son dolorosas, ambas destruyen una parte importante de mí, pero a veces no hay opciones cómodas o fáciles, y las cosas deben ser como deben ser, y ya.
  Una característica mía siempre fue la de ser un “desligado”, tanto con las cosas como con las personas, y me adaptaba rápida y fácilmente a las ausencias, lo suficiente incluso como para creer que ni siquiera tenía sentimientos. Ahora me duele alejarme de alguien que aprecio tanto; me duele saber que no puedo hablarle más, que no puedo escucharla, que no puedo compartir más nada con ella, que simplemente dejamos de ser lo que éramos, que convertimos todo lo nuestro en simples e intangibles recuerdos.
  Siempre me molestó no sentir eso, siempre deseé eso de tener la sensación de que realmente necesitas a la otra persona, porque me parecía una prueba irrefutable de la existencia de sentimientos en tu ser, y ahora, como el típico tonto que quiere lo que no tiene, me arrepiento de haberlo deseado, de haberlo buscado, y de haberlo encontrado. Siempre pensé más de lo que sentí, pero ahora es como si casi no pensara, como si me hubiese dejado llevar totalmente por los sentimientos, y ahora estoy a la deriva.
  Ahora es como si naufragara entre sentimientos, pero antes he naufragado en pensamientos, y ciertamente ambos naufragios son angustiantes, pero prefiero este, porque es más hermoso. Ya me cansé de pensar. Sí, hace tiempo que me cansé de pensar; era este sufrimiento tan ilógico e irracional lo que estaba buscando, un sufrimiento poco civilizado y más humano, porque es más salvaje, más puro, más genuino, no está calculado. Todo esto es algo nuevo para mí, algo que antes creía inalcanzable, y aunque suene contradictorio (porque tal vez así lo sea), lo estoy disfrutando, porque si bien duele, no deja espacios vacíos, como sí lo hace el pensamiento, que todo el tiempo está haciendo preguntas, y luego más preguntas acerca de las preguntas anteriores y sus respuestas.
  Pero regresando, ¿qué debo hacer con esas personas que quiero y mis ideales alejan? ¿Qué debo hacer con esos ideales que alejan a esas personas que quiero? Mis ideales son de las cosas en las que más confío, me dan mucha seguridad, e incluso estoy orgulloso de ellos, porque creo que son un equilibrio entre el pensamiento y los sentimientos, y no es cosa fácil encontrar el equilibrio, el punto medio entre los extremos, principalmente para personas como yo. Y las personas que quiero son las que hacen más interesante mi vida, las que le dan esperanza, ilusiones, las que me salvan de la locura de la soledad, en el sentido negativo de la palabra.
  ¿Por qué siempre hay que elegir? ¿Por qué siempre las cosas tienen que ser como tienen que ser? Tal vez lo más emocionante de esta vida sea luchar para que las cosas sean diferentes a como se supone que tienen que ser; tal vez la solución es ser caprichosos y buscar que el mundo sea el mundo que nosotros queremos; tal vez lo más asombroso y hermoso no son las cosas que nos han dado o que nos encontramos en este mundo, sino las que hemos transformado, a gusto o disgusto…

jueves, 5 de diciembre de 2013

Lo Intento

  Usted está poseída. Poseída por las cosas que cree poseer, por su necesidad de poseerlas, por su miedo a dejar de poseerlas y tener que ver la vida cara a cara, desnuda, pura. Está poseída por el miedo al futuro y a sus inciertas y malas posibilidades, por el miedo a las enfermedades que no tiene, a los males que no la acosan. Está poseída por todas esas mentiras que alguna vez uno o varios tontos nos hicieron creer.
  Yo, en cambio, prefiero andar ligero, para no sobrepasar mis capacidades y poder controlarme, para poseerme, porque sólo si me poseo puedo entregarme (“uno no puede dar lo que no tiene”), y en la entrega está la felicidad, aunque los insalubremente egoístas, los engañados, no puedan o no quieran creerlo.
  Si me poseo, puedo entregarme a todas aquellas cosas y personas que me hacen bien, que amo, que me protegerán a mí y a mi felicidad, con las que quiero compartir y compartirme.
  Sólo si me poseo puedo entregarme a la calidez de la luz del Sol, a la frescura de la brisa, a la suavidad de una mano, o a la ternura de cualquier otra caricia; sólo si me poseo puedo entregarme a la compañía de un amigo; sólo si me poseo puedo entregarme a la belleza del arte, de la naturaleza, a la sublimidad de la música, al encanto del vuelo de las aves, a la inmensidad del cielo, al sostén de la tierra y la hierba, a la majestuosidad, la magia, los milagros, la realidad que nos rodea en todo momento; sólo si me poseo puedo recibir y proteger todo lo que los demás deseen entregarme.
  Y no se engañe otra vez, usted no se ha entregado a todas esas cosas que tiene (al menos no conscientemente), porque no las ama, sino que las necesita, y por eso las tiene, porque le mintieron que las necesitaba, y usted lo creyó, quizá porque consideraba que era más fácil y cómodo tomar estas cosas en lugar de salir en búsqueda de las que ama (o esa quizá es otra de las mentiras que le hicieron creer), o simplemente porque estaba algo distraída, y ahora sólo necesita sentarse a pensar un poco mejor las cosas.
  No se preocupe por abarcarlo todo, por asegurarse un futuro que alguna vez quizá podría llegar, porque lo único que realmente puede poseer es este mismo instante (el único que existe, pues los demás son en realidad recuerdos o meras suposiciones), sus pensamientos, sus sentimientos, y sus sensaciones… Eso es todo lo que el Universo le da, lo que nos ofrece a todos (parece poco, y quien sabe, quizá lo es, pero es lo más hermoso, y por ello, lo más valioso y lo más importante), pero está en usted aceptarlo, tomarlo y disfrutarlo, o ignorarlo y dejarlo ir, intentando cambiarlo por algo más, algo que existe, pero que no es real...

martes, 19 de noviembre de 2013

No Quiero Olvidar

  ¿Qué será de nosotros si no existe más? Sé que es una postura egoísta, pero me parece horrible la idea de que la muerte, a pesar de ser sólo una parte del círculo elemental de la vida (que es movimiento, cambio), sea un definitivo final para nuestra individualidad; es horrible la idea de que no haya algo más, y tras la muerte simplemente dejemos de existir, o nos fundamos en algo que carece de divisiones, y perdamos nuestra patéticamente diminuta y confundida personalidad (que a pesar de eso resulta extremadamente hermosa y satisfactoria) para formar parte de algo más universal.
  Si morir es cambiar, no tengo problemas con eso, pero si morir es dejar de existir o renunciar totalmente a la individualidad, no quiero hacerlo jamás (porque sin dudas es hermoso sentirse anónimo, parte de todo, pero quiero hacerlo sabiendo también acerca de mis diferencias con lo demás; necesito la diversidad, que no es división, sino cambio; si todo y todos somos lo mismo, no hay cambio, por lo que no habría vida, y la existencia sería demasiado triste, sería muerta). Todo lo que he sido, lo que conocí, lo que recibí, ha quedado recolectado en forma de recuerdos dentro de mí, y por algunos de ellos no me preocupo, a algunos ni siquiera los quiero, pero otros son hermosos, y además de amarlos, los necesito. No quiero que desaparezcan, así como desaparecieron del presente las situaciones, los sonidos, las fragancias, las sensaciones, y las personas con las que están construidos.
  Quiero ser esto que moldearon los pensamientos de mi propio cerebro, mis experiencias, mis viajes, mis errores, mis aciertos, mis miedos, mis alegrías, mis conocidos, mis amigos, el amor que di y el amor que he recibido… Y aunque use adjetivos posesivos para referirme a todas estas cosas (aunque me parece feo tener que llamarlas “cosas”), ninguna me pertenece, porque yo soy mi única pertenencia, ni siquiera soy lo que hago, y de hecho ni sé muy bien qué es lo que soy, o mejor dicho dónde está eso que soy, pero soy lo que todo eso ha construido a lo largo de los años, y seguirá construyendo, y destruyendo también, porque de eso se trata, del cambio, de la recomposición. 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Tratarnos Bien

  Voy a concederme el capricho de escribir las siguientes palabras con la soberbia de creer que son la verdad universal de esta realidad, porque necesito hacerlo de esa manera para sacar de mí algunas pesas agobiantes.
  No tenemos ni la más cercana idea de cuán sensible es una persona, de cuán frágil es su mente, y de cuánto pueden vulnerar a su estado de ánimo los factores externos. Y no importa si esto es así por causas hormonales, por procesos físicos, químicos o fisiológicos en nuestro cuerpo, por un creador que así lo quiso, la cuestión es que es así, y por eso, lo que debería ser lo verdaderamente importante es el intentar no dañarlas, no dañarnos.
  ¿Cómo nos tratamos entre las personas? Creo que ahí radica el verdadero problema de la humanidad, esa es la raíz de todo. ¿Cómo pretender convencer a alguien de cuidar a los otros animales o al medio ambiente, si ni siquiera se preocupa por los que considera sus pares más cercanos, o incluso tampoco por sí mismo?
  No conocemos a las otras personas, porque alrededor de cada una de sus palabras, de sus acciones, de sus gestos, de sus creencias, hay toda una red de cadenas de experiencias, de recuerdos que fueron acumulándose a lo largo de toda su vida, y que además fueron construyéndose según la propia manera de reflexionar de cada uno. Por eso jamás podremos comprender qué pasa en la mente de los demás, o por qué, o cómo. Debido a esa incomprensión es que debemos ser cuidadosos, porque no sabemos qué mínima palabra, expresión o gesto que llevemos acabo podría anudar o desanudar de manera peligrosa esas cadenas de pensamientos, así como también podría hacerlo de manera beneficiosa. Los sentimientos dependen mucho de esos pensamientos, y la salud depende mucho de los sentimientos. Creo que cosas como los gritos, los comentarios sarcásticos o burlones, y las verdades en estado bruto son las maneras más peligrosas de tratar a alguien. Cualquier falta de respeto también es peligrosa.
  Cariño. Suavidad. ¿Qué tanto nos cuesta comprender esas palabras, y el impacto que podrían tener en el mundo, en las personas que nos rodean, si llenáramos nuestras acciones con ellas? Ni nos imaginamos cuánto más llevadero podemos hacer el día de alguien con una simple sonrisa al cruzarlo en la calle, o con un pequeño cumplido (siempre sincero) o reconocimiento a cualquier virtud que demuestre, por pequeña que sea. A veces las personas hacen muchas cosas buenas o bien, y que alguien se los reconozca es como darle un poco de energía nueva para que continúen así, o incluso para que mejoren; muchos pueden rendirse si ven que nadie parece darse cuenta de lo que hacen, porque así reciben la sensación de que no están haciendo nada útil.
  No estoy hablando de alabanzas y adulaciones, sino de respeto, amabilidad, y sinceridad. Si pensamos algo bueno de alguien, si alguien significa algo para nosotros, ¿por qué no hacérselo saber? Tal vez no lo necesite, pero tal vez sí, y tal vez no le importe, pero tal vez le haga bien, y fuese como fuese, de cualquier manera sí nos haría sentir bien a nosotros expresarlo.
  Tratarnos bien. Intentar no lastimarnos, o lastimarnos lo menos posible. ¿Tan difícil es? Realmente sí. Quizá no estemos preparados para actuar de esa manera, pero aún si nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieran diseñados para sobrevivir sin importar la supervivencia del otro, ¿por qué no cambiar eso? ¿Dónde está el libre albedrío del que tanto nos enorgullecemos si en realidad nunca contradecimos a la naturaleza? Quizá tratándonos bien no necesitemos muchas otras cosas, y la ciega avaricia que gobierna a tantas personas hoy no nos llenaría de problemas a nivel mundial.
  Yo no sé lo que piensan los demás, pero aún si somos sólo dos o tres "tontos" los que queremos vivir así, aún si soy yo el único "idiota" que quiere dejar la menor cantidad de "mierda" posible al pasar por este mundo, voy a esforzarme por lograrlo, porque quisiera que este mundo fuera un sitio mejor, y esa es mi manera de transformarlo, o en otras palabras, mi patético "granito de arena" para intentar mantener satisfecha a mi conciencia.

sábado, 5 de octubre de 2013

Muerte

  Vi una vez más a la muerte justo en frente de mí, burlándose de mi incapacidad, a través de la cual me inyectaba una alta dosis de impotencia. Se dejaba tocar mansamente, porque sabía que en realidad era inalcanzable, y mi mano jamás lograría rozar su verdadera identidad. En ese momento, tenía la forma de un simple saco de piel y huesos cubierto de pelos, cuya única señal de vida era el sufrimiento. Sí, ya había desplazado casi por completo a la vida de aquel cuerpo que aún parecía con intenciones de luchar, pues su biología estaba preparada para ello, para intentar mantenerse en funcionamiento hasta que ya fuese incapaz de producir hasta el más insignificante de los yoctovoltios. Un poco de inercia eléctrica era lo único que la mantenía aferrada al malestar de la existencia.
  Su único deseo era no estar sola. Tal vez no quería irse. Tal vez quería que alguien la detuviera. Tal vez quería que alguien la acompañara. Pero la vida y la muerte son cosas demasiado estrechas, donde, siempre, hay lugar sólo para uno.
  Me pregunto si está bien llamar “muerte” a esos instantes finales en el que uno literalmente no está vivo, pero médicamente aún posee un cuerpo con un sistema nervioso capaz de chispear las últimas agonías, o si en realidad “muerte” es sólo esa despreocupada e incomprensible inexistencia que queda flotando alrededor de un cuerpo que ya es sólo un montón de materia innerte, en la cual sin embargo, increíblemente, la vida rebosará durante mucho tiempo en muchas formas.
  También, como en cada oportunidad en que ella se manifiesta cerca de mí, me pregunto si la ausencia total de tristeza en mí es madurez, comprensión respecto a la obviedad que es el fin de la vida, o simplemente indiferencia, egoísmo en estado puro, decir “mi vida es la única que me preocupa”.



jueves, 29 de agosto de 2013

La Belleza de la Vida

  ¿En dónde yace la belleza de la vida? ¿en su complejidad, por la cual jamás terminaremos de comprenderla y así seguirá produciéndonos preguntas y asombro durante toda nuestra existencia? ¿en su fragilidad, porque las mismas cosas que la crean y la construyen lentamente pueden destruirla de repente, y así es como un delicado tesoro al que hay que cuidar con mucha dedicación? ¿en su finitud, porque así como aparece desaparece y es como una emocionante oportunidad que debes aprovechar antes de que pase? ¿en lo que hay después de ella, porque lo que deja al marcharse es mucho más complejo y misterioso que ella misma, y casi todos esperamos ansiosos poder conocerlo? ¿en todas las cosas que permite sentir, como la frescura de una brisa, el aroma de la tierra mojada, la dulzura de la miel, la suavidad de la arena, la melodía del agua deslizándose sobre sí misma, el brillo del cielo? ¿en su peligro, gracias al cual se transforma en una placentera fuente de adrenalina y suspenso, porque la gacela en la llanura no sabe si será el próximo almuerzo de la leona que anda rondando y la niña en medio de la guerra no sabe si su casa será la próxima en ser bombardeada? ¿en su extraña manera de perpetuarse, reproduciéndose a sí misma para alcanzar así una falsa pero convincente eternidad? ¿en nuestro desesperado deseo de que sea bella, porque preferimos ser felices y disfrutarla en lugar de verla oscura y así sufrir, porque no queremos que sea fea, dolorosa o aburrida? ¿en su simpleza, porque es casi automática y quién la posee casi no debe hacer nada para mantenerla, ella se encarga de resistir casi por sí sola? ¿en las cosas que permite hacer, porque sin ella uno no puede darse cuenta ni que existe? ¿en sus momentos más tristes e injustos, porque son los que verdaderamente le dan todo el sabor y el color a aquellos que consideramos "buenos"?
  Pero, después de todo… ¿Quién dijo que en la vida yace belleza?

sábado, 10 de agosto de 2013

No Entiendo

  Estoy en la alturas, solo, simplemente observando cómo el día se diluía en la tarde, cada vez más rápidamente con el paso de los minutos. Miro cómo una enorme capa de altocúmulos rosáceos se deslizan muy por encima de mi cabeza; por encima de aquellas luces rojas que brillan en las cimas de las antenas, y de los árboles que se convierten en siluetas oscuras y se mecen en la misma brisa fría que viaja a mi alrededor, haciéndome notar su presencia en mis mejillas; por encima de la gente y de todas las cosas que ya olvidé por estar mirando hacia arriba, por perderme en la vastedad de un cielo que se roba la belleza de la luz, y en la música que suena dentro de mis oídos desde un pequeño aparato; por encima de todo lo que creo conocer y que a veces considero real; por debajo de todo lo que solamente puedo soñar y jamás considero falso.
  Podría permanecer aquí, así, toda mi vida.
  En toda aquella amplitud, que tal vez no sea infinita, pero sí lo suficientemente grande como para que yo o mi imaginación jamás podamos recorrerla o al menos comprenderla, en esa que la luz del Sol transforma en gamas rojizas, rosas, celestes, y azules, aparece la primera estrella, como si recién iniciara su existencia, como si se hubiese encendido de repente, escabulléndose entre los huecos de los altocúmulos, y su brillo parece aumentar con cada nuevo destello de su titilar. Entonces, cuando me doy cuenta de que la plenitud que siento me ha puesto una sonrisa en el rosto, pienso: “¿Cómo puede existir la codicia?¿Cómo alguien puede desear algo más que esto?”, y es que yo podría permanecer así toda mi vida.
  ¿Cómo alguien puede desear una belleza distinta a esta, tan pura y asombrosa, tan abundante e incomprensible? ¿Cómo alguien puede desear ser protagonista de una vida diferente y renunciar a la paz y las maravillas que experimenta y presencia el espectador de lo real? ¿Cómo alguien puede bajar la mirada, a la parte más opaca de la realidad, y olvidar que allí arriba todo continúa brillando? ¿Cómo alguien puede creer que lo hermoso puede caber entre sus manos, o guardarse en alguna parte, o verse con un par de ojos? Lo hermoso sólo puede sentirse, de una manera especial, en que sólo quienes lo han sentido pueden comprenderlo.

jueves, 8 de agosto de 2013

Estrés

  Le di un cabezazo a la alacena. No me dolió. Ni siquiera un poco. Necesitaba descargar la ira que estaba creciendo dentro de mí en forma de tensión muscular y rigidez e inflamación de garganta, quitándole gran parte del lugar a mi capacidad de raciocinio.
  Últimamente, la ira logra hacer erupción a través de mí con mayor frecuencia, y eso no me agrada, me preocupa.
  De niño era algo violento, trataba mal a mis padres y a mis hermanos, y era capaz de golpear a quien me molestara. Al entrar en la adolescencia, me volví un chico tranquilo, de esos por cuyas mentes ni siquiera cruza la posibilidad de insultar a alguien. Tal vez toda la ira producida durante estos últimos años que no encontró ningún resquicio en mi personalidad por dónde salir, se ha acumulado en la cantidad suficiente para ejercer la fuerza necesaria para crearse sus propios resquicios, abrir sus propias grietas y saltar hacia afuera.
  Cuando algo me molesta, todas las frustraciones de mi vida emergen a la parte consciente de mi mente. Es como si al frustrarme porque algo me disgusta, mi cerebro activara la palabra “frustración”, y ésta automáticamente atrayera de entre todos mis recuerdos a aquellos que se relacionan con ella, con esta palabra. Me enfado y recuerdo TODAS mis frustraciones: las personales, relacionadas con mis incapacidades, y las sociales, relacionadas con las incapacidades de la gente que me rodea y la que vive a miles de kilómetros también (me frustra la impotencia respecto a asuntos que me encantaría cambiar pero por los que realmente no puedo hacer nada de nada), y así es como me enfado más, lo suficiente como para que mi cuerpo vea a la ira como a un verdadero problema, y empiece a prepararse para combatirlo (producción de estrés). Este estrés que produce mi cuerpo me exige ser utilizado, haciéndose sentir en cada una de mis partes, y es ahí cuando aparecen las respuestas violentas, porque el estrés es para combatir los problemas, los problemas se combaten para sobrevivir, y la supervivencia se basa en la violencia (superponer la vida de uno mismo sobre la del otro).
  Por esto, el estrés puede ser contraproducente, y en lugar de combatir un problema, se convierte en uno, el cual sólo puede resolverse de dos maneras: evitándolo antes de que se produzca, o poseyendo una enorme autonomía mental para controlarlo y/o permanecer indiferente a sus exigencias.
  Sólo espero tener pan para desayunar mañana.

jueves, 25 de julio de 2013

Ser Nadie

  A veces quisiera ser nadie. Quisiera ser como un rayo del Sol, que viaja veloz pero silenciosamente a través de la vastedad de un vacío incomprensiblemente repleto de misterios hasta llegar a la Tierra, donde aunque pareciera absurdo, invisible e inalcanzable, sin que nadie lo vea o lo note, se desliza por una hoja, un tronco, un insecto, una mejilla, una pestaña, una nube, y la hace visible. Como una gota que logra condensarse lo suficiente como para separarse de aquellas que son débiles y permanecen en una nube, y empieza a caer por la atmósfera, ganando velocidad y materia durante el trayecto, sin ser distinguida por ningún ojo de todas las demás gotas que caen a su alrededor, y que finalmente se estrella y se despedaza contra la hierba, la tierra, una ventana, un tejado, lejos de cualquier persona que pudiera sentir su humedad. Como la vieja, descolorida, y quebradiza hoja de un árbol en medio del bosque, que durante ese corto lapso de tiempo entre la noche y el día, cuando los animales nocturnos están empezando a dormirse y los diurnos están empezando a despertarse, cae silenciosamente, no porque el viento o algún animal la haya separado de su rama, sino porque sencillamente es su momento de caer, y va meciéndose por el aire antes de tocar el suelo, como disfrutando plenamente el viaje, porque pronto se convertirá en aquella putrefacción anónima y húmeda a los pies de los árboles. Como una de las docenas de lágrimas que derrama el irritado ojo de alguien olvidado que se encuentra rodeado por su soledad y por la angustia en un rincón invisible para el resto del mundo, que se arrastra por el camino salado que las anteriores lágrimas dejaron en el pómulo y la mejilla, y antes de llegar al labio, cae sin que la persona la notase, sobre su ropa, donde se escabulle a través de los diminutos túneles que construyó el hilo de la tela hasta esparcirse lo suficiente para ya no ser ella, y desaparecer por completo y por siempre, sin dejar rastros de su existencia. Como una brisa que atraviesa todo el campo sin dejar su huella en ninguna piel, pluma o hierba, porque viaja lentamente por donde no hay nadie, y a la altura suficiente para que las plantaciones no sientan su frescura, y después llega al desierto, donde sólo logra arrastrar unos cuantos granos dorados cuya posición anterior era totalmente desconocida hasta por ellos mismos antes de ser diluida por una ventisca mucho más fuerte que ella, proveniente del punto cardinal opuesto. Como todos aquellos, millones, billones y trillones de testigos silenciosos que aparecen y desaparecen en medio de las maravillosas simplezas cotidianas del mundo, sin comentar nada acerca de ellas, sin modificarlas, sin intervenir, sólo estando ahí para poder apreciarlas en el momento y nada más, aunque luego no tuvieran la memoria para convertirlas en recuerdos. Como testigos del presente que olvidan el pasado y que no saben nada del futuro.
  A veces quisiera ser así, sólo a veces…

domingo, 9 de junio de 2013

Tarea de Filosofía

  La siguiente es una improvisación que escribí para cumplir con una tarea del colegio, para la asignatura Filosofía.

  Desde mi punto de vista, todos los seres vivos son en dos partes: una es su forma de ser, y la otra su manera de ser.
  La forma de ser sería su cuerpo, y la manera de ser sería su comportamiento. Sin embargo, muy generalmente, definimos la identidad de los seres según su cuerpo más que su comportamiento; es decir, a un individuo con cuerpo de león que come sólo hierbas, por ejemplo, seguiríamos considerándolo un león, aunque su comportamiento sea ajeno al de tal. Esto se debe a que la manera de ser de cualquier tipo de individuo, no depende sólo de su forma, sino también de su entorno, de los demás seres vivos e inertes que lo rodeen.
  Para empezar a hablar específicamente del hombre, me parece conveniente hacer una distinción entre lo que es realmente un “hombre” y lo que es en realidad un “humano”. Entonces, podría decir que el “humano” es el homo sapiens en su estado más natural, el ser que busca la manera de sobrellevar y disfrutar su vida entre todos los demás seres del universo; y el “hombre” es el homo sapiens alejado de su estado más natural, incorporado plenamente al estilo de vida de la gran sociedad.
  El humano no es necesariamente un homo sapiens aislado en medio de la selva, el desierto o las planicies, como un animal salvaje más. Es un ser que comprende su diminuto puesto en medio de la naturaleza, que entiende y acepta que es tan sólo un individuo más. Su egoísmo no va más allá del necesario como método de supervivencia, pues sin él todos se sacrificarían prematura e incoherentemente.
  El hombre es el homo sapiens que, dándose cuenta o no, por decisión propia o no, ha dejado de verse (o nunca se vio) como un simple ser más de la naturaleza, y esto lo lleva a considerar que su puesto en el universo es jerárquicamente más elevado que el de los demás. Su nivel de egoísmo supera el necesario para la supervivencia, y por ello se vuelve codicioso y calculador. Vive en sociedad porque esta puede ofrecerle una vida más sencilla, y la utiliza como un medio para lograr las riquezas que anhela (puede haber algunas abstractas entre ellas).
  Entonces, lo que hace tan diferentes al hombre y al humano, es su nivel de egoísmo. A partir de este, la manera en que ven y viven la vida cambia por completo. Tienen objetivos y métodos diferentes.
  Pero no debe haber confusión. No estoy diciendo que uno de los dos es bueno y el otro es malo, o uno es mejor y el otro es peor, sencillamente se trata de dos seres diferentes, porque, aunque comparten su forma de ser (cuerpo), sus maneras de ser (comportamiento) son ampliamente distintas.
  Así queda claro que el comportamiento mantiene cierta independencia del cuerpo, pues dos seres con el mismo cuerpo pueden comportarse de manera totalmente diferente, pero, ¿hasta qué punto llega esta independencia? Me refiero a más allá de los condicionantes físicos claros (por ejemplo, un cuerpo sin alas no va a volar y un cuerpo sin extremidades no va a caminar), a si esta “manera de ser” es algo así como una entidad que se acopla a la “forma”, lo que algunos podrían llamar alma, o espíritu, o mente, o esencia, o lo que fuese. Este es un asunto que sobrecarga mi cabeza cuando lo pienso, y creo que nunca llegaré a una conclusión que me convenza.
  Cuando me detengo a pensarlo, siento que junto con la forma, la manera se acaba (mueren), pues esta podría ser sólo un complejo sistema de reacciones químicas y eléctricas dentro del cuerpo, pero debido a experiencias personales, se me hace imposible no considerar la posibilidad de que una manera emigre de una forma a otra (lo que algunos llamarían “reencarnación”, pero no me gusta usar conceptos como ese, pues las personas les dan más significados de los que en realidad tienen, o sencillamente cada uno los ve de una manera diferente, y casi siempre se generan malentendidos).
  Es posible que la “manera de ser” se encuentre conformada por un material miles o millones de veces más pequeño que una partícula subatómica; una sustancia que podría pasar desapercibida para la ciencia durante muchos siglos más. De esta manera podría pasar de un cuerpo a otro, pero esta transmigración parece algo demasiado inverosímil: ¿cómo sucedería? ¿en qué momento?
  Por ahora, sólo puedo sostener que esta manera es una consecuencia de la forma, algo que ocurre dentro del cuerpo y que deja de ocurrir cuando el cuerpo deja de funcionar.

domingo, 21 de abril de 2013

Egocentrismo

  Soy demasiado egocéntrico. Por eso siempre estoy cargando con las culpas de los demás, como si fueran mi responsabilidad. Y no sólo con las culpas, sino que también me pongo sobre los hombros el sufrimiento de personas a las que ni siquiera conozco, que nunca he visto y que nunca voy a ver. Eso causa un agobio increíble que logra incluso quitarme los deseos de vivir de vez en cuando.
  Todo porque me siento lo suficientemente capaz (cosa que es ridícula) para intervenir en cada conflicto de este mundo, y eso es un autoengaño.
  La frase “si no eres parte de la solución, eres parte del problema” se grabó de manera imborrable en mí desde la primera vez que la leí (quizá hace seis o siete años), y es que debido a mi aguda autocrítica no había manera de que no la incorporara como si se tratara de un axioma. Es válida para muchas ocasiones, pero hay muchas más en las que no tiene sentido, pues la realidad es ampliamente más grande que nosotros, y encima somos mortales (si no lo fuéramos podríamos arriesgarnos mucho más, ya que en verdad no tiene sentido morir luchando por algo que ni siquiera sabes si conseguirás).
  Lo del “granito de arena” o la “gota del mar” no sirve para consolarme. Soy mucho más exigente que eso, y comprendo que mi pequeño aporte y el pequeño aporte de nadie no sirve para nada si no aportan TODOS, y eso es en verdad imposible, excesivamente ideal; somos demasiados en el mundo.
  Hago lo que puedo, intento cumplir con mi parte de la mejor manera, pero no me siento satisfecho, mi egocentrismo me golpea sin cansancio la cabeza para decirme que puedo hacer incluso más, que puedo hasta salvar el mundo si me lo propongo, pero eso es una ridiculez y una cursilería.
  De vez en cuando, por momentos muy fugaces, me encantaría disolverme en el aire por un par de años, y luego volver formarme con ideas renovadas y oxigenadas. Mi melodramática mente necesita un descanso.

miércoles, 13 de marzo de 2013

El Círculo Vicioso del Pensamiento

  Todo comienza con una pregunta. Te sientas en cualquier lugar, en el pasto, recostado sobre un árbol, en el suelo, en un asiento convencional, o te quedas de pie.
  "Es sólo una pregunta", crees, "será sólo un momento", y empiezas a buscar la respuesta mientras tus pupilas deambulan por el lugar sólo para mantenerse ocupadas. También es posible que cierres tus párpados, para que no vayan a desconcentrarte demasiado.
  No sabes si fue sólo un segundo o un par de minutos, pero la respuesta a dicha pregunta llega, y antes de que puedas decir "bien, ahora me levanto y sigo", te das cuenta de que no ha venido sola, trajo con ella no una, sino dos preguntas más, y ahora debes conseguir otras dos respuestas.
  "Bueno, un poco más tampoco me hará daño", sigues creyendo, y continúas así hasta que logras ubicar esas dos nuevas respuestas que estabas buscando.
  Entonces te asombras, porque cada una de ellas ha traído dos preguntas más, y ahora tienes que buscar otras cuatro respuestas. Aquí es donde te das cuenta de lo equivocado que estabas.
  Casi sin percatarte, has conocido el círculo vicioso del pensamiento, y no sólo eso, también te has sumergido en él, y empiezas a emborracharte, porque una vez que lo pruebas, es imposible dejar de saborearlo, y lo haces en cualquier lugar, en cualquier momento, cada vez con más frecuencia y con más concentración...
  Lo siento compañero, ya eres un adicto.

martes, 15 de enero de 2013

Amo Escuchar Radio

  Ese sumamente efímero y encantador momento en que enciendes la radio y sintonizas la primera frecuencia que encuentras, empezando a escuchar una canción que te hace mover suavemente la cabeza, sin saber quién es su autor, su intérprete, ni siquiera cuál es su nombre o qué es lo que dice. Es una maravillosa coincidencia, de esas de “estar justo ahí, en ese preciso momento”, porque seguramente nunca conocerás ninguno de los datos antes mencionados, y eso te hace disfrutar de una manera única de los sonidos y las melodías, porque sabes que estarán allí durante los próximos tres o cuatro minutos, y luego se irán para no volver jamás… Tampoco, por más hermosa que te haya parecido, intentas conocerla, porque aunque nadie lo dijo y ni siquiera lo pensó, esa es la ley del juego: disfrutarla mientras suena. Eso le agrega una dosis única de encanto, y evita que aparezcan la rutina y la monotonía, pues convierte el escucharla en una cosa de “una sola vez en la vida”, y todos sabemos lo maravillosas que son esas oportunidades que podemos saborear sólo una vez…


viernes, 11 de enero de 2013

El Hombre Más Malvado Del Mundo

  Soy el hombre más malvado del mundo. Aún así, podrían no creerme, ya que soy todo un mentiroso, un hipócrita, un cínico que sonríe amable y encantadoramente mientras esconde lienzos oscuros y opacos bajo una seda colorida y brillante. Soy capaz de pronunciar las palabras más hermosas y gratificantes del mundo, sólo con la intención de hacer creer a los demás que aún quedan personas buenas, sólo para ver la falsa felicidad que se crea en sus rostros a partir de palabras aún más ficticias, para saber que sin embargo el dolor sigue corroyendo su interior, y terminará por destruirlo completamente cuando comprendan que aquel consuelo es sólo una ilusión; pero soy tan malvado, tan perverso, tan maligno, tan degenerado, que me encargo de que jamás conozcan la verdad, para que el sufrimiento los consuma sin que siquiera puedan notarlo. Sin embargo, no obtengo ninguna recompensa de aquello, ni siquiera la más diminuta sensación de placer. Por eso soy el hombre más malvado del mundo, porque no me gusta ni tengo la intención de serlo, porque me comporto de esa manera para que mi consciencia se sacuda desesperada durante todo el día, y su escándalo no me permita dormir por las noches, para que el sufrimiento me acose también a mí y no me deje disfrutar nada, ni el deleite que produce el sufrimiento mismo, porque mi maldad es pura, y no discrimina entre terceros y yo. Es irónico, es complejo de entender, y más aún de comprender, debes ser el hombre más malvado del mundo para lograrlo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Lo Peor del Mundo

 ¿Para qué introducciones? Directo al punto: odio el sistema propuesto por la naturaleza, lo aborrezco. La vida no es más que una miserable lucha entre los seres que la poseen, para poder continuar poseyéndola. Cosas como el amor, el altruismo, la generosidad y el desinterés (entiéndase desinterés como capacidad para actuar sin buscar recompensas de ningún tipo, mucho menos materiales) no existen, jamás existieron, y probablemente nunca lo hagan (“probablemente”: parece que en el fondo hoy estoy optimista). ¿Por qué para que otro individuo pueda seguir viviendo, otro debe morir? ¿Por qué para que una especie pueda continuar existiendo, otra debe extinguirse? ¿Por qué para que pueda surgir un mundo nuevo, uno viejo tiene que ser completamente destruido? No sé si este mundo simplemente apareció, surgió de alguna incomprensible manera o fue creado por algo o alguien, pero lo que sí sé, es que si fue creado, los (o las, o el, o la) autores son unos seres con mentes más que retorcidas, mentes absolutamente achicharradas por un ardiente y morboso gusto sanguinario; su propósito seguramente fue lograr un mundo que jamás aburriera, un mundo de suspenso, de dolor, de inseguridad, de desconfianza, de lucha, de egoísmo, de traiciones, donde la paz no es más que una ilusión cuando alguna de estas cosas parece ponerse en pausa, un delirio de aquellos que aún se aferran a su estúpida fe para auto-consolarse.
 Penosamente, en verdad no creo en creadores, y estas palabras no son más que MI PROPIO auto-consuelo, pues como humano, me encanta tener a alguien a quien poder echarle la culpa, y señalarlo violentamente.
 Ames, odies, infrinjas dolor, sufras, mientas, mates, sangres, salves vidas, no pienses en nada más que tú mismo, protejas a otros, violes, o cualquier otra cosa que puedas llegar a hacer, al Universo poco le importa. “En la guerra, como en el amor, y en la supervivencia, todo vale”, cambiaría yo a la fase. Las buenas acciones no reciben recompensas, y las malas tampoco, simplemente vivimos presos de la locura de todos los seres que nos rodean, nuestras vidas cuelgan de una delgada y frágil línea: la necesidad de los demás. Porque cuando alguien lo necesite, acabará contigo. Este es el mundo en el que vivimos, se rige por la única ley del más fuerte, y los débiles están destinados a desaparecer…
 ¿En qué clase de mierda me han venido a parir?

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Por qué?

  No sé cómo actuar, pienso demasiado. Por un lado siento que debo acercarme y mostrarle que es alguien importante para mí, pero por otro esa me parece una actitud arrogante, como si sintiera lástima por él y quisiera ocupar el papel de “persona bondadosa”. Me da asco eso. Sin embargo, si hago de cuenta que todo sigue igual, si continúo al margen de todo, siento que estoy defraudándolo, que estoy dejándolo creer que está solo.
  ¿Pero qué puedo hacer por él? Nada realmente. No tengo la solución a su problema, y de ahí viene que el acercarme ahora me parezca un acto desagradable y odioso de lástima.
  ¿Y por qué me preocupa tanto tomar una decisión? ¿Por qué me preocupa tanto hacerle saber que soy su amigo? Debe ser porque en realidad no lo soy, porque en realidad él no me importa, porque las malas personas siempre intentan aparentar ser buenas. Sé que soy una mala persona, de eso sí no tengo dudas.
  ¿Por qué pienso todas estas cosas? ¿Por qué tengo tanto tiempo y analizo tan fría y objetivamente todo? Ya entiendo por que la gente le teme tanto a la soledad. La soledad te hacer ver las cosas tal y como son, y las cosas tal y como son no son hermosas, ni lindas, ni agradables, ni aceptables, ni regulares, ni relativas… Son opacas, acerbas y frígidas…


miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Qué es el "amor"?

 Siempre me pregunté qué es el amor. De niño la sociedad, la televisión y mis propios padres me forzaron a creer que era caminar de la mano con alguien, darse besos, abrazos, mirar el atardecer en una playa con la persona amada y cosas así. El tiempo pasó e ideas propias comenzaron a surgir en mi mente, así que hace unos años creí haber resuelto la incógnita: “Amor es encontrar en la felicidad ajena la propia felicidad”.

 Sin embargo, aquella definición que inventé no bastó para conformarme durante mucho tiempo, así que luego le hice unos cambios: “Amor es desear y perseguir la felicidad ajena”.

 Hoy, vuelvo a poner en el blanco de mi atención y mi crítica a esa segunda definición que formulé. Recién hoy se me ocurre dejar de divagar y colocar al “amor” en el lugar en el que tiene que estar, y juzgarlo como lo que es: una palabra.

 Al parecer, la mayor parte de las fuentes concuerda en que Amor proviene del latín “amor”, que a su vez deriva de la raíz indoeuropea “amma” (voz infantil para llamar a la madre), más el sufijo –or (efecto o resultado).

 Analizando esto, ¿qué clase de significado podemos otorgarle a la palabra? ¿“Resultado de llamar a la madre”? Si fuera así, podríamos interpretar a “amor” como un sinónimo directo de “nacer”, y automáticamente podríamos relacionarlo con “vida”, “existencia”, “vitalidad”.

 Pero extendiéndonos un poco más, podemos descubrir que el sufijo –or también puede indicar una cualidad. Aún con este cambio, el significado de la palabra no se vería muy modificado. En todo caso, querría decir algo como “cualidad para llamar a la madre”. Además de “nacer”, “llamar a la madre” podría referirse también a un acto de cobardía o más bien a un pedido de ayuda. Con esto, podríamos formar más posibles definiciones::
 • “Amor es la cualidad de nacer”: esto podría significar la capacidad de un “yo superior”, una esencia, algo como lo que llaman “alma”, que tiene la capacidad suficiente para nacer.
 • “Amor es la cualidad de pedir ayuda”: podría referirse a una tendencia a pedir ayuda, a sentirse incapaz.

 Llegar a otras definiciones sólo depende de la interpretación que le demos a “amma”, es decir, “llamar a la madre”.

 Así, analizado de una manera extremadamente subjetiva, sólo puedo llegar a la conclusión de que el “amor es la fuerza, energía, reacción, razón, cualidad, situación, entidad, deidad, virtud, poder, ente, esencia, sustancia o naturaleza que permite que nazcamos y/o vivamos.”

 Hace tiempo que venía pensando que el amor no tenía nada que ver con un sentimiento humano porque la idea era demasiado grande como para que podamos si quiera imaginarla. “Amar” es un verbo que le quedaba enorme incluso a las personas más evolucionadas.

 Tal vez no sea la definición más literal, o incluso acertada, pero es a la que llego desde mi interpretación, desde el retorcido sitio desde donde veo al mundo y todo lo que sucede en él.

 Aclaración: Que “amor” represente una especie de entidad o fuerza, no quiere decir que esta realmente exista, creer en ella depende absolutamente de nosotros.