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lunes, 26 de agosto de 2013

Ilusorio

  Era de noche. La luz que se dispersaba por el lugar era lo suficientemente tenue como para decir que estaba oscuro. Caminábamos por un largo pasillo, atravesando portal tras portal, esperando llegar a aquel sitio.
  ―A ver ―me dijo ella, que caminaba muy cerca de mí, y de pronto pude sentir un delicado roce que se deslizó por los espacios de entre mis dedos. Eran los suyos, que acariciaban mi piel casi sin querer, y se aferraban a mi mano, apretándola sin ninguna clase de violencia o brusquedad.
  Sentía con suavidad, calidez y claridad cada uno de sus dedos entre los míos; su pulgar sosteniendo el dorso de mi mano y las yemas de sus otros dedos tocando mis palmas. Las manos de ambos se habían vuelto una a la altura de su cadera.
  Me encantaba esa sensación, la irreal beldad por la que estaba rociado el momento, pero pronto miré hacia abajo con tristeza, sabiendo que aquella palabra, “irreal”, no había llegado de casualidad a mi mente. Entonces vi cómo se mecían nuestras manos entre los dos, y pensé en si decírselo o no, si suplicarle que no me diera falsas esperanzas o no, hasta que finalmente lo hice. Ella me miró desde sus enigmáticas pupilas como si hubiese soltado la frase más extraña jamás dicha en el mundo, o la oración con menos coherencia de la historia.
  ―¿De qué estás hablando? ―respondió con aquella voz que mis recuerdos jamás logran reconstruir con éxito, pues es más encantadora de lo que puedo explicar o comprender, y sujetó con un poco más de fuerza mi mano, por si tenía la intención de irme a algún sitio, por si dudaba de su intención de mantenerme cerca suyo.
  Yo suspiré, tal vez un poco más triste que antes, porque reconocía la irrealidad en sus palabras, lo efímero en el roce de sus dedos con los míos, la falsedad en el aroma que se deslizaba desde sus cabellos hasta lo profundo de mi pecho luego de pasar por mi nariz, lo utópico de aquel amor fantástico que pretendía regalarme en cuestión de segundos, y porque sabía que yo estaba ahí sólo porque no podía escapar de mis propias ilusiones…

viernes, 22 de febrero de 2013

Me Pregunto...


  Me pregunto si en este mismo momento, en alguna otra parte del mundo (no importa cuál, no importa qué tan lejos esté, no importa incluso si me refiero a más allá del Atlántico o del Pacífico), hay alguien mirando a través de una ventana, solo, perdido en un mundo que parece no comprenderlo, y peor aún, completamente sumergido en un mundo que parece no comprender nada, absolutamente nada, preguntándose si yo estoy aquí, sintiéndome como él. Estoy completamente seguro de que ahí está, y daría mucho por poder tomar mi bicicleta, o cualquier otra cosa, y acercarme hasta su lugar, para tomarlo de los hombros y sacudirlo con fuerza, hacerle saber que no es el único extraviado, aunque no nos sirva de nada ser dos, o tres, o cuatro…
  Si pudiera hacer eso, estaría encontrando la diminuta esperanza que tanto necesito en este desolador momento. La esperanza de que las cosas pueden cambiar, de que el rumbo torcido que lleva hasta un final desastroso puede ser enderezado a un nivel al menos aceptable. Y estaría dándole esa esperanza también a él. Pero incluso abrazándolo hasta la asfixia, esta esperanza no dejaría de ser nada más que un triste consuelo, un miserable par de párpados cerrados para evitar ver la realidad, que ya es lo suficientemente oscura como para ocultarse a sí misma.
  Aún así… deseo, imploro encontrarlo, por mi propio bien, para que esta demencia no se vuelva una locura peligrosa. Porque al final, soy igual a todos, así como él también es igual a ellos; no comprendemos nada, y dedicamos nuestro tiempo a la supervivencia de nuestro bienestar, o tal vez sólo a la estabilidad de nuestra comodidad, nada más… Los problemas, las mentiras, el dolor, el sufrimiento, todo pasa por delante de nuestros ojos a una velocidad ridículamente lenta, y aún así no tenemos la convicción siquiera para atrevernos a intentar detenerlos. Es como haberse subido a un lujoso y reconfortante crucero aceptando la condición de que al final del viaje se hundirá, y sólo tú serás salvado, mientras todas las otras personas mueren ahogadas; acepté, aceptamos esa condición incluso sabiendo que es una farsa, y que también nosotros terminaremos sin lugar en nuestros pulmones para el aire… No lo sé, todo es tan complejo, tan relativo, tan frustrante… Por eso dejo escapar una parte a través de las letras, porque no soy lo suficientemente fuerte para soportar todo su peso… Me pregunto si él también está dejando escapar un poco de todo esto. Espero que sí.