Ella no entendía a las estrellas, no entendía el canto de sus luces. Su piel no sabía jugar con una brisa, ya sea matutina o nocturna, y si su cabello, de casualidad, empezaba a hacerlo, a ella no le interesaba. Tampoco le importaba si su voz se mecía lentamente por el aire hasta empujar una sonrisa a mi rostro, y me invitaba a descansar, o si llegaba alterada a inquietar mis oídos. Ella no creía que la profundidad de sus pupilas llegara hasta su alma, o hasta la mía, ni que sus ojos tenían el derecho de robarse cualquier luz sólo porque tenían el deber de dejarla ir otra vez, y regalársela a alguien más. Ella no sabía lo que era un paseo, simplemente usaba sus piernas, llevaba un pie adelante, y luego adelantaba al que había quedado atrás; eso era todo. Ella no sabía que la magia existe, y por lo tanto, tampoco sabía que hay que liberarla de los sitios donde se esconde, y mucho menos sabía que una vez liberada, la magia entabla una lucha contra el tiempo, y siempre le gana. Ella no creía en los sueños, pensaba que la energía provenía simplemente del dormir, y una vez que despertaba no había nada más que lo que había. Ella no sabía la libertad, tenía más fe en las miradas ajenas que en las suyas, y creía que lo que sentía era sólo eso, sentimientos que pertenecían a su interior y allí debían quedarse. Ella no sabía que la lluvia limpiaba mucho más que los tejados, ni que un par de chaparrones podían descubrir la vida que había quedado cubierta bajo los años. Ella no sabía que se podía amar sin tocar, soñar sin dormir, sentir sin razón, dar sin devoluciones, entregarse sin perderse, llorar sin sufrir; ni que se podía herir sin intención.
Aún así, o quizá por eso, él la amaba.
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta felicidad. Mostrar todas las entradas
viernes, 12 de diciembre de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
Ideales. Personas. Pensamientos. Sentimientos. Deseos. Sentimientos Otra Vez.
Si mis ideales me alejan de
las personas que más quiero, ¿qué debería pensar? ¿Debería reconsiderar mis
ideales y suprimirlos, o cambiarlos por otros para ser más compatible con esas
personas que podrían alejarse? ¿O debería pensar que simplemente mis
sentimientos no son correspondidos, y si no me aceptan como soy, aunque los
quiera, en realidad esas personas no son las adecuadas para mí? Ambas opciones
son dolorosas, ambas destruyen una parte importante de mí, pero a veces no hay
opciones cómodas o fáciles, y las cosas deben ser como deben ser, y ya.
Una característica mía
siempre fue la de ser un “desligado”, tanto con las cosas como con las
personas, y me adaptaba rápida y fácilmente a las ausencias, lo suficiente
incluso como para creer que ni siquiera tenía sentimientos. Ahora me duele
alejarme de alguien que aprecio tanto; me duele saber que no puedo hablarle
más, que no puedo escucharla, que no puedo compartir más nada con ella, que
simplemente dejamos de ser lo que éramos, que convertimos todo lo nuestro en
simples e intangibles recuerdos.
Siempre me molestó no sentir
eso, siempre deseé eso de tener la sensación de que realmente necesitas a la
otra persona, porque me parecía una prueba irrefutable de la existencia de
sentimientos en tu ser, y ahora, como el típico tonto que quiere lo que no
tiene, me arrepiento de haberlo deseado, de haberlo buscado, y de haberlo
encontrado. Siempre pensé más de lo que sentí, pero ahora es como si casi no
pensara, como si me hubiese dejado llevar totalmente por los sentimientos, y
ahora estoy a la deriva.
Ahora es como si naufragara
entre sentimientos, pero antes he naufragado en pensamientos, y ciertamente
ambos naufragios son angustiantes, pero prefiero este, porque es más hermoso.
Ya me cansé de pensar. Sí, hace tiempo que me cansé de pensar; era este
sufrimiento tan ilógico e irracional lo que estaba buscando, un sufrimiento poco
civilizado y más humano, porque es más salvaje, más puro, más genuino, no está
calculado. Todo esto es algo nuevo para mí, algo que antes creía inalcanzable,
y aunque suene contradictorio (porque tal vez así lo sea), lo estoy
disfrutando, porque si bien duele, no deja espacios vacíos, como sí lo hace el pensamiento,
que todo el tiempo está haciendo preguntas, y luego más preguntas acerca de las
preguntas anteriores y sus respuestas.
Pero regresando, ¿qué debo
hacer con esas personas que quiero y mis ideales alejan? ¿Qué debo hacer con
esos ideales que alejan a esas personas que quiero? Mis ideales son de las
cosas en las que más confío, me dan mucha seguridad, e incluso estoy orgulloso
de ellos, porque creo que son un equilibrio entre el pensamiento y los
sentimientos, y no es cosa fácil encontrar el equilibrio, el punto medio entre
los extremos, principalmente para personas como yo. Y las personas que quiero
son las que hacen más interesante mi vida, las que le dan esperanza, ilusiones,
las que me salvan de la locura de la soledad, en el sentido negativo de la
palabra.
¿Por qué siempre hay que
elegir? ¿Por qué siempre las cosas tienen que ser como tienen que ser? Tal vez
lo más emocionante de esta vida sea luchar para que las cosas sean diferentes a
como se supone que tienen que ser; tal vez la solución es ser caprichosos y
buscar que el mundo sea el mundo que nosotros queremos; tal vez lo más
asombroso y hermoso no son las cosas que nos han dado o que nos encontramos en
este mundo, sino las que hemos transformado, a gusto o disgusto…
viernes, 8 de noviembre de 2013
Si Me Voy Pronto
Por si me voy pronto, toma mi mano y sostenla mientras los grillos empiezan a llorar las primeras estrella.
Por si me voy pronto, dime lo que estás pensando, lo que sientes cuando mis ojos le piden cobijo a los tuyos y mis dedos se refugian entre los tuyos para escapar de la paranoia y la incredulidad.
Por si me voy pronto, descansa tu cabeza en mi hombro, tus labios en mi mejilla, y hazme saber que valió pena venir aquí, porque todas las heridas se convertirán en calma blanca cuando pases por mí.
Por si me voy pronto, destruye tus secretos en mis oídos, para volver a reconstruirlos juntos y que no pesen tanto dentro de tu pecho.
Por si me voy pronto, lléname de tu voz, cántame la canción que tanto conocemos, susúrrame la paz, cuéntame la felicidad, conviérteme en un simple oyente maravillado por la belleza.
Por si me voy pronto, acércate y déjame ver tu rostro, la humedad de tus ojos arrastrándose lentamente por tus párpados pero sin llegar a tus pestañas, las líneas de tus labios oscureciendo el rosa, los lunares decorando tus mejillas y tu cuello, tu pecho elevándose durante las inhalaciones y relajándose al suspirar, los dedos de tus pies jugando con la casualidad de hacer algo sin siquiera darte cuenta.
Por si me voy pronto, escucha todo lo que tengo que decirte, incluido lo que preferiría que no supieras, e intenta comprenderlo, porque la forma de mis pensamientos y mis sentimientos se amputa y se contamina con lo concreto de las palabras, y tal vez también con lo abstracto de los miedos.
Por si me voy pronto, acompáñame esta noche, regálame un insomnio dulce, un sueño real que me quite la necesidad de dormir, que esté a mi lado al abrir los ojos, que pueda sentirse al rozar mi piel y al mecerse por el aire.
Por si me voy pronto, abrázame, deshazme entre tus brazos y llévame a ti, quiero pasar ahí el resto de mi tiempo.
Por si me voy pronto, hablemos, charlemos de lo que sea, riamos, miénteme tonterías, inventa cursilerías, y escucha las mías, juguemos.
Por si me voy pronto, no pienses en el pasado, no te pido que perdones mis errores, concédeme el presente para no volver a tener la necesidad y la tentación de disculparme.
Por si me voy pronto, no hace falta que me ames, sólo te pido que aceptes todo mi amor, porque no quiero llevármelo conmigo, quiero dejarlo aquí, donde pertenece, contigo.
Por si me voy pronto, sonríeme y hazme saber que en realidad sólo estoy loco al decir todo esto, porque jamás podrías permitirme partir...
Por si me voy pronto, dime lo que estás pensando, lo que sientes cuando mis ojos le piden cobijo a los tuyos y mis dedos se refugian entre los tuyos para escapar de la paranoia y la incredulidad.
Por si me voy pronto, descansa tu cabeza en mi hombro, tus labios en mi mejilla, y hazme saber que valió pena venir aquí, porque todas las heridas se convertirán en calma blanca cuando pases por mí.
Por si me voy pronto, destruye tus secretos en mis oídos, para volver a reconstruirlos juntos y que no pesen tanto dentro de tu pecho.
Por si me voy pronto, lléname de tu voz, cántame la canción que tanto conocemos, susúrrame la paz, cuéntame la felicidad, conviérteme en un simple oyente maravillado por la belleza.
Por si me voy pronto, acércate y déjame ver tu rostro, la humedad de tus ojos arrastrándose lentamente por tus párpados pero sin llegar a tus pestañas, las líneas de tus labios oscureciendo el rosa, los lunares decorando tus mejillas y tu cuello, tu pecho elevándose durante las inhalaciones y relajándose al suspirar, los dedos de tus pies jugando con la casualidad de hacer algo sin siquiera darte cuenta.
Por si me voy pronto, escucha todo lo que tengo que decirte, incluido lo que preferiría que no supieras, e intenta comprenderlo, porque la forma de mis pensamientos y mis sentimientos se amputa y se contamina con lo concreto de las palabras, y tal vez también con lo abstracto de los miedos.
Por si me voy pronto, acompáñame esta noche, regálame un insomnio dulce, un sueño real que me quite la necesidad de dormir, que esté a mi lado al abrir los ojos, que pueda sentirse al rozar mi piel y al mecerse por el aire.
Por si me voy pronto, abrázame, deshazme entre tus brazos y llévame a ti, quiero pasar ahí el resto de mi tiempo.
Por si me voy pronto, hablemos, charlemos de lo que sea, riamos, miénteme tonterías, inventa cursilerías, y escucha las mías, juguemos.
Por si me voy pronto, no pienses en el pasado, no te pido que perdones mis errores, concédeme el presente para no volver a tener la necesidad y la tentación de disculparme.
Por si me voy pronto, no hace falta que me ames, sólo te pido que aceptes todo mi amor, porque no quiero llevármelo conmigo, quiero dejarlo aquí, donde pertenece, contigo.
Por si me voy pronto, sonríeme y hazme saber que en realidad sólo estoy loco al decir todo esto, porque jamás podrías permitirme partir...
viernes, 1 de noviembre de 2013
Tratarnos Bien
Voy a concederme el capricho de escribir las siguientes palabras con la soberbia de creer que son la verdad universal de esta realidad, porque necesito hacerlo de esa manera para sacar de mí algunas pesas agobiantes.
No tenemos ni la más cercana idea de cuán sensible es una persona, de cuán frágil es su mente, y de cuánto pueden vulnerar a su estado de ánimo los factores externos. Y no importa si esto es así por causas hormonales, por procesos físicos, químicos o fisiológicos en nuestro cuerpo, por un creador que así lo quiso, la cuestión es que es así, y por eso, lo que debería ser lo verdaderamente importante es el intentar no dañarlas, no dañarnos.
¿Cómo nos tratamos entre las personas? Creo que ahí radica el verdadero problema de la humanidad, esa es la raíz de todo. ¿Cómo pretender convencer a alguien de cuidar a los otros animales o al medio ambiente, si ni siquiera se preocupa por los que considera sus pares más cercanos, o incluso tampoco por sí mismo?
No conocemos a las otras personas, porque alrededor de cada una de sus palabras, de sus acciones, de sus gestos, de sus creencias, hay toda una red de cadenas de experiencias, de recuerdos que fueron acumulándose a lo largo de toda su vida, y que además fueron construyéndose según la propia manera de reflexionar de cada uno. Por eso jamás podremos comprender qué pasa en la mente de los demás, o por qué, o cómo. Debido a esa incomprensión es que debemos ser cuidadosos, porque no sabemos qué mínima palabra, expresión o gesto que llevemos acabo podría anudar o desanudar de manera peligrosa esas cadenas de pensamientos, así como también podría hacerlo de manera beneficiosa. Los sentimientos dependen mucho de esos pensamientos, y la salud depende mucho de los sentimientos. Creo que cosas como los gritos, los comentarios sarcásticos o burlones, y las verdades en estado bruto son las maneras más peligrosas de tratar a alguien. Cualquier falta de respeto también es peligrosa.
Cariño. Suavidad. ¿Qué tanto nos cuesta comprender esas palabras, y el impacto que podrían tener en el mundo, en las personas que nos rodean, si llenáramos nuestras acciones con ellas? Ni nos imaginamos cuánto más llevadero podemos hacer el día de alguien con una simple sonrisa al cruzarlo en la calle, o con un pequeño cumplido (siempre sincero) o reconocimiento a cualquier virtud que demuestre, por pequeña que sea. A veces las personas hacen muchas cosas buenas o bien, y que alguien se los reconozca es como darle un poco de energía nueva para que continúen así, o incluso para que mejoren; muchos pueden rendirse si ven que nadie parece darse cuenta de lo que hacen, porque así reciben la sensación de que no están haciendo nada útil.
No estoy hablando de alabanzas y adulaciones, sino de respeto, amabilidad, y sinceridad. Si pensamos algo bueno de alguien, si alguien significa algo para nosotros, ¿por qué no hacérselo saber? Tal vez no lo necesite, pero tal vez sí, y tal vez no le importe, pero tal vez le haga bien, y fuese como fuese, de cualquier manera sí nos haría sentir bien a nosotros expresarlo.
Tratarnos bien. Intentar no lastimarnos, o lastimarnos lo menos posible. ¿Tan difícil es? Realmente sí. Quizá no estemos preparados para actuar de esa manera, pero aún si nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieran diseñados para sobrevivir sin importar la supervivencia del otro, ¿por qué no cambiar eso? ¿Dónde está el libre albedrío del que tanto nos enorgullecemos si en realidad nunca contradecimos a la naturaleza? Quizá tratándonos bien no necesitemos muchas otras cosas, y la ciega avaricia que gobierna a tantas personas hoy no nos llenaría de problemas a nivel mundial.
Yo no sé lo que piensan los demás, pero aún si somos sólo dos o tres "tontos" los que queremos vivir así, aún si soy yo el único "idiota" que quiere dejar la menor cantidad de "mierda" posible al pasar por este mundo, voy a esforzarme por lograrlo, porque quisiera que este mundo fuera un sitio mejor, y esa es mi manera de transformarlo, o en otras palabras, mi patético "granito de arena" para intentar mantener satisfecha a mi conciencia.
No tenemos ni la más cercana idea de cuán sensible es una persona, de cuán frágil es su mente, y de cuánto pueden vulnerar a su estado de ánimo los factores externos. Y no importa si esto es así por causas hormonales, por procesos físicos, químicos o fisiológicos en nuestro cuerpo, por un creador que así lo quiso, la cuestión es que es así, y por eso, lo que debería ser lo verdaderamente importante es el intentar no dañarlas, no dañarnos.
¿Cómo nos tratamos entre las personas? Creo que ahí radica el verdadero problema de la humanidad, esa es la raíz de todo. ¿Cómo pretender convencer a alguien de cuidar a los otros animales o al medio ambiente, si ni siquiera se preocupa por los que considera sus pares más cercanos, o incluso tampoco por sí mismo?
No conocemos a las otras personas, porque alrededor de cada una de sus palabras, de sus acciones, de sus gestos, de sus creencias, hay toda una red de cadenas de experiencias, de recuerdos que fueron acumulándose a lo largo de toda su vida, y que además fueron construyéndose según la propia manera de reflexionar de cada uno. Por eso jamás podremos comprender qué pasa en la mente de los demás, o por qué, o cómo. Debido a esa incomprensión es que debemos ser cuidadosos, porque no sabemos qué mínima palabra, expresión o gesto que llevemos acabo podría anudar o desanudar de manera peligrosa esas cadenas de pensamientos, así como también podría hacerlo de manera beneficiosa. Los sentimientos dependen mucho de esos pensamientos, y la salud depende mucho de los sentimientos. Creo que cosas como los gritos, los comentarios sarcásticos o burlones, y las verdades en estado bruto son las maneras más peligrosas de tratar a alguien. Cualquier falta de respeto también es peligrosa.
Cariño. Suavidad. ¿Qué tanto nos cuesta comprender esas palabras, y el impacto que podrían tener en el mundo, en las personas que nos rodean, si llenáramos nuestras acciones con ellas? Ni nos imaginamos cuánto más llevadero podemos hacer el día de alguien con una simple sonrisa al cruzarlo en la calle, o con un pequeño cumplido (siempre sincero) o reconocimiento a cualquier virtud que demuestre, por pequeña que sea. A veces las personas hacen muchas cosas buenas o bien, y que alguien se los reconozca es como darle un poco de energía nueva para que continúen así, o incluso para que mejoren; muchos pueden rendirse si ven que nadie parece darse cuenta de lo que hacen, porque así reciben la sensación de que no están haciendo nada útil.
No estoy hablando de alabanzas y adulaciones, sino de respeto, amabilidad, y sinceridad. Si pensamos algo bueno de alguien, si alguien significa algo para nosotros, ¿por qué no hacérselo saber? Tal vez no lo necesite, pero tal vez sí, y tal vez no le importe, pero tal vez le haga bien, y fuese como fuese, de cualquier manera sí nos haría sentir bien a nosotros expresarlo.
Tratarnos bien. Intentar no lastimarnos, o lastimarnos lo menos posible. ¿Tan difícil es? Realmente sí. Quizá no estemos preparados para actuar de esa manera, pero aún si nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieran diseñados para sobrevivir sin importar la supervivencia del otro, ¿por qué no cambiar eso? ¿Dónde está el libre albedrío del que tanto nos enorgullecemos si en realidad nunca contradecimos a la naturaleza? Quizá tratándonos bien no necesitemos muchas otras cosas, y la ciega avaricia que gobierna a tantas personas hoy no nos llenaría de problemas a nivel mundial.
Yo no sé lo que piensan los demás, pero aún si somos sólo dos o tres "tontos" los que queremos vivir así, aún si soy yo el único "idiota" que quiere dejar la menor cantidad de "mierda" posible al pasar por este mundo, voy a esforzarme por lograrlo, porque quisiera que este mundo fuera un sitio mejor, y esa es mi manera de transformarlo, o en otras palabras, mi patético "granito de arena" para intentar mantener satisfecha a mi conciencia.
lunes, 26 de agosto de 2013
Ilusorio
Era de noche. La luz que se dispersaba por el lugar
era lo suficientemente tenue como para decir que estaba oscuro. Caminábamos por
un largo pasillo, atravesando portal tras portal, esperando llegar a aquel
sitio.
―A ver ―me dijo ella, que caminaba muy cerca de mí, y
de pronto pude sentir un delicado roce que se deslizó por los espacios de entre
mis dedos. Eran los suyos, que acariciaban mi piel casi sin querer, y se
aferraban a mi mano, apretándola sin ninguna clase de violencia o brusquedad.
Sentía con suavidad, calidez y claridad cada uno de
sus dedos entre los míos; su pulgar sosteniendo el dorso de mi mano y las yemas
de sus otros dedos tocando mis palmas. Las manos de ambos se habían vuelto una
a la altura de su cadera.
Me encantaba esa sensación, la irreal beldad por la que
estaba rociado el momento, pero pronto miré hacia abajo con tristeza, sabiendo
que aquella palabra, “irreal”, no había llegado de casualidad a mi mente.
Entonces vi cómo se mecían nuestras manos entre los dos, y pensé en si
decírselo o no, si suplicarle que no me diera falsas esperanzas o no, hasta que
finalmente lo hice. Ella me miró desde sus enigmáticas pupilas como si hubiese
soltado la frase más extraña jamás dicha en el mundo, o la oración con menos
coherencia de la historia.
―¿De qué estás hablando? ―respondió con aquella voz
que mis recuerdos jamás logran reconstruir con éxito, pues es más encantadora
de lo que puedo explicar o comprender, y sujetó con un poco más de fuerza mi
mano, por si tenía la intención de irme a algún sitio, por si dudaba de su intención de mantenerme cerca suyo.
Yo suspiré, tal vez un poco más triste que antes,
porque reconocía la irrealidad en sus palabras, lo efímero en el roce de sus
dedos con los míos, la falsedad en el aroma que se deslizaba desde sus cabellos
hasta lo profundo de mi pecho luego de pasar por mi nariz, lo utópico de aquel
amor fantástico que pretendía regalarme en cuestión de segundos, y porque sabía
que yo estaba ahí sólo porque no podía escapar de mis propias ilusiones…
viernes, 19 de julio de 2013
Abrazos Gratis
Desde el momento en que vi por primera vez un video de un chico parado en medio de la ciudad, sin trasladarse mientras a su alrededor docenas de personas simplemente lo esquivaban, tal vez sin siquiera percatarse de que era una persona, quise hacerlo. Él tenía sus brazos elevados, y en sus manos sostenía un cartel muy simple que decía "Free Hugs" ("Abrazos Gratis", en español). Me propuse hacer lo mismo, a ver qué se sentía en la experiencia. Sin embargo, pensaba hacerlo recién el año que viene, cuando me marchase a la ciudad, pero hace unas semanas, hablando con una compañera de clase (creo que ella no se sentiría cómoda si le digo "amiga", pero yo soy su amigo), ella me dijo que alguna vez le gustaría hacerlo también, y que alguna vez definitivamente lo haría. Yo aproveché la oportunidad y la invité a que lo hiciéramos juntos (la vergüenza que produce la timidez es menor cuando se comparte; es más llevadera que tener que cargar con toda tú mismo, creo). Hoy, viernes 19 de julio (2013), finalmente lo hicimos.
Salí de mi casa a las 8:55 de la mañana, porque a las 9 debíamos encontrarnos en la plaza. Llevaba mi pequeño cartel enrollado en mi bolsillo canguro, y realmente no quería hacerlo. Tenía mucha, demasiada vergüenza de caminar por la calle, en frente de la gente, con aquel cartel extendido entre mis manos. Anduve por la plaza deseando que ella no se atreviera a venir, y cuando estaba a punto de regresarme con el estómago dado vuelta por la inseguridad, ella apareció en una esquina, a las 9:10. Entonces no hubo remedio, porque debía cumplir con el trato. Tuve que enfrentar mi miedo, pues, al fin y al cabo, era algo que tenia muchas ganas de experimentar.
Desdoblé mi cartel tomando un poco de la valentía que ella dejó ir al desdoblar el suyo, y empezamos a caminar, cada uno por un lugar diferente. Aunque es un pueblo pequeño, no demoré en cruzarme con la primera persona: era un hombre ya anciano, alto, de rostro serio; noté que leyó mi cartel, y al instante desvió la mirada, su rostro se hizo más serio y agachó la cabeza para encender un cigarrillo. Estaba claro que no iba a abrazarlo. La siguiente fue una mujer anciana, que me saludó con expresión seria y siguió camino. Después me crucé con dos jóvenes, un chico y una chica; él leyó mi cartel y se sonrió, y en seguida le dijo "dale, abrazalo, dale un abrazo al chico", pero ella se negó.
Cuatro personas y ningún abrazo, pero finalmente, incluso cuando estaba a unos treinta metros, supe que la quinta persona me abrazaría: era una chica de aproximadamente mi edad, tal vez un poco menos, que vio mi cartel y empezó a reír. Su timidez casi la hace pasar de largo, pero a último momento me atreví a preguntarle directamente "¿querés un abrazo"?, y ella dijo "bueno" torciendo la cabeza, y entonces, al fin, tuve mi primer abrazo de la mañana (la cual por cierto estaba muy fría, ideal para abrazar). Desde ese momento hasta ahora, no he perdido la sonrisa. Vaya, qué incontrolables ganas de sonreír me quedaron después de ese primer abrazo. Supongo que ese es el fin principal de la experiencia: alegría en estado puro, genuina, casi infantil, que parece no tener ningún sentido.
Luego me crucé con más personas, pero ninguna me abrazó. Una de ellas, al ver mi cartel, se cambió de vereda. Después acerqué a unas mujeres que estaban limpiando una iglesia y les ofrecí un abrazo: una de ellas se rió mucho, pero la otra me miró seria y me preguntó "¿para qué?", y casi sin detenerse a escuchar mi respuesta ya se alejó.
En fin, los únicos abrazos que recibí fueron los de aquella chica y el de Noe, mi compañera de dar abrazos, que ciertamente tuvo más suerte, y dio como diez. Pero no se trata de "recolectar" abrazos o algo así, sino simplemente de dar los tuyos, y recibir otros a cambio. Mis dos abrazos son todo lo necesario para alegrarme el día.
Volveré a repetir la experiencia cualquier día de estos. Vale la pena hacerlo, se pasa un momento muy lindo.
Salí de mi casa a las 8:55 de la mañana, porque a las 9 debíamos encontrarnos en la plaza. Llevaba mi pequeño cartel enrollado en mi bolsillo canguro, y realmente no quería hacerlo. Tenía mucha, demasiada vergüenza de caminar por la calle, en frente de la gente, con aquel cartel extendido entre mis manos. Anduve por la plaza deseando que ella no se atreviera a venir, y cuando estaba a punto de regresarme con el estómago dado vuelta por la inseguridad, ella apareció en una esquina, a las 9:10. Entonces no hubo remedio, porque debía cumplir con el trato. Tuve que enfrentar mi miedo, pues, al fin y al cabo, era algo que tenia muchas ganas de experimentar.
Desdoblé mi cartel tomando un poco de la valentía que ella dejó ir al desdoblar el suyo, y empezamos a caminar, cada uno por un lugar diferente. Aunque es un pueblo pequeño, no demoré en cruzarme con la primera persona: era un hombre ya anciano, alto, de rostro serio; noté que leyó mi cartel, y al instante desvió la mirada, su rostro se hizo más serio y agachó la cabeza para encender un cigarrillo. Estaba claro que no iba a abrazarlo. La siguiente fue una mujer anciana, que me saludó con expresión seria y siguió camino. Después me crucé con dos jóvenes, un chico y una chica; él leyó mi cartel y se sonrió, y en seguida le dijo "dale, abrazalo, dale un abrazo al chico", pero ella se negó.
Cuatro personas y ningún abrazo, pero finalmente, incluso cuando estaba a unos treinta metros, supe que la quinta persona me abrazaría: era una chica de aproximadamente mi edad, tal vez un poco menos, que vio mi cartel y empezó a reír. Su timidez casi la hace pasar de largo, pero a último momento me atreví a preguntarle directamente "¿querés un abrazo"?, y ella dijo "bueno" torciendo la cabeza, y entonces, al fin, tuve mi primer abrazo de la mañana (la cual por cierto estaba muy fría, ideal para abrazar). Desde ese momento hasta ahora, no he perdido la sonrisa. Vaya, qué incontrolables ganas de sonreír me quedaron después de ese primer abrazo. Supongo que ese es el fin principal de la experiencia: alegría en estado puro, genuina, casi infantil, que parece no tener ningún sentido.
Luego me crucé con más personas, pero ninguna me abrazó. Una de ellas, al ver mi cartel, se cambió de vereda. Después acerqué a unas mujeres que estaban limpiando una iglesia y les ofrecí un abrazo: una de ellas se rió mucho, pero la otra me miró seria y me preguntó "¿para qué?", y casi sin detenerse a escuchar mi respuesta ya se alejó.
En fin, los únicos abrazos que recibí fueron los de aquella chica y el de Noe, mi compañera de dar abrazos, que ciertamente tuvo más suerte, y dio como diez. Pero no se trata de "recolectar" abrazos o algo así, sino simplemente de dar los tuyos, y recibir otros a cambio. Mis dos abrazos son todo lo necesario para alegrarme el día.
Volveré a repetir la experiencia cualquier día de estos. Vale la pena hacerlo, se pasa un momento muy lindo.
lunes, 19 de noviembre de 2012
Sueños Perdidos
Eres un sueño perdido en la realidad, navegando sin rumbo
entre suspiros, intentando encontrar un camino mirando la luz de las estrellas.
Flotas en la soledad, anhelas llegar un poco más allá, a alguna isla remota o
al menos un tronco olvidado en medio del mar. No tienes realmente un lugar a
dónde ir, o a dónde regresar, simplemente deambulas en la noche, esperando la
alborada, rogando por tu propio final, pero eres demasiado ingenua, pues la luz
del Sol no tiene nada que ver con tu expiración (porque aunque ahora vives en
las penumbras, eres una criatura de los rincones resplandecientes de la vida).
Eres un sueño perdido, y los sueños perdidos estás destinados
a largos insomnios que se mantienen indiferentes al tiempo, a las luces del
cielo y al resto del mundo. No tienen lugar, fueron traídos al mundo para ser
creadores de felicidad, pero sólo trajeron desilusiones, pesar y frustraciones,
por lo que fueron exiliados.
Eres un sueño perdido en la realidad, y tras tus rastros sólo
quedan estelas de nostalgia y recuerdos del tiempo mal gastado, de esperanzas
falsas y melancolía. Aún te resistes, aún intentas huir de ella, pero ya es
imposible, la realidad te rodea: está bajo tus pies y sobre tu cabeza, tras tu
espalda y frente a tu nariz. Te asfixia, su aire parece condensarse cada vez
más, y no deja de sofocarte.
Me pregunto si te mereces este calvario. Me pregunto si
tienes sentimientos y encima te acosa la culpa, o si estás sumergida en tu
merecida recompensa, por ser una infame aliada de la mentira. Sea como sea, aún
lloro por ti de vez en cuando, sintiéndome yo el culpable de haberte dejado ir,
de haberte dejado sola…
Etiquetas:
amor,
angelo,
bertoldi,
desilusion,
dolor,
esperanza,
felicidad,
frases,
nostalgia,
pena,
perez,
reflexion,
reflexionar,
sueños,
sufrimiento,
tristeza,
vida
lunes, 29 de octubre de 2012
Suéñame
Sólo quería hacerla sonreír, quería que fuera feliz. Caminé a su lado con mi mano sobre su hombro, sujetándola y protegiéndola para que no se desviara de su camino, para que no huyera de sus propios sueños. Subimos y nos arrodillamos. La coloqué frente a mí, y sin apartar mis pupilas de las suyas, le dije que cantara. No importaba qué, sólo que cantara lo que ella quisiera cantar. Pero ella se veía temerosa. La rodeé con mis brazos y sentí la suavidad de su piel y de su vestido de pliegues rosa. Ella también se aferró a mí, y pude disfrutar el fresco aroma de su cuello, con los ojos cerrados. Mientras finalmente se atrevía a cantar, empezamos a bailar muy suavemente, sin despegar las rodillas del suelo, balanceándonos serenamente. Bailamos cada segundo de su canción, abrazados y sonrientes; incluso continuamos bailando cuando la música acabó. Nadie nos vio, nadie aplaudió. Parecíamos dos locos completamente fuera de lugar, y tal vez lo éramos, pero ella ya no podía dejar de sentirse feliz, porque había cumplido su sueño.
domingo, 21 de octubre de 2012
Tami
Apareces en medio de la
noche como un suspiro desesperado que intenta diluir la soledad, y lentamente
vas transformándote en un sueño del que jamás quisiera despertar, pero que sólo
me suelda un poco más a la realidad. Tengo la sensación de que me miras desde
cada estrella, desde cada rayo de luna y de Sol, desde cada flor, y desde cada
cosa hermosa que encanta mi mirada, por que con ellas regresas a mi mente. Es que estás aquí y allá,
manipulando mis pensamientos sin piedad ni descanso…
domingo, 2 de septiembre de 2012
No Seré Yo...
Cuando los rayos del Sol se filtren por entre las ramas
de los árboles y halague tus mejillas, seré yo.
Cuando la noche se oscurezca y una estrella se
escabulla entre las nubes, seré yo.
Cuando el verano alcance a sofocarte y llegue una
suave y fresca brisa desde el mar, seré yo.
Cuando el silencio te desespere y una cordial melodía
de piano empiece a sonar, seré yo.
Cuando las pesadillas te acosen y de repente un sueño
maravilloso te haga sonreír mientras duermes, seré yo.
Cuando el invierno te obligue a acurrucarte bajo los
lapachos y un pétalo rosa se pose sobre tu cabeza, seré yo.
Cuando estés cansada de la rutina y una estrella fugaz
encante el cielo, seré yo.
Cuando estés recostada sobre la hierba y una mariposa
de alas suaves y blancas descanse en ti, seré yo.
Cuando una orquesta de gorriones te despierte en la
mañana y musicalice todo tu día, seré yo.
Cuando estés aburrida y las nubes dibujen miles de
cosas para ti, seré yo.
Cuando estés a punto de rendirte ante la oscuridad y
el brillo del Sol llegue justo a tiempo para evitarlo, seré yo.
Pero cuando una sonrisa encantadora le regrese el
color a tus pómulos, no seré yo, será la única persona capáz de hacerte
verdaderamente feliz, será el amor de tu vida…
martes, 7 de agosto de 2012
Al Amor De Mi Vida...
Estoy aquí, mirando las estrellas, imaginándote a mi lado, acostada sobre la gramilla. Me imagino que una suave y fresca brisa me trae el olor de la noche, e incluso el tuyo, así que giro la cabeza y casi puedo verte sonreírme, transformándome en el chico más maravillado de todo el mundo. Me imagino también cómo más abajo, sin que que nos demos cuenta, nuestros dedos se entrelazan. Pero todo es solamente eso, imaginación.
Aún así, te esperaré todo el tiempo, y te imaginaré un millón de veces más, porque sé que no importa cómo lo haga, cuando te conozca rebalsarás mis expectativas sin importar cuántos defectos tengas.
No quiero mentir, puedo vivir sin ti, pero siento un vacío que permanentemente intenta expandirse con todas sus fuerzas, y me obliga a mantener una lucha eterna contra él para evitar que lo logre.
No sé dónde estás, ni siquiera si entiendes el idioma en el que te escribo, pero sólo quiero que sepas lo que siento ahora que aún no te conozco.
A veces pienso que ni siquiera existes, pero si te estoy escribiendo ya no puedo negarte; y si estás luchando por conocerme también, sólo voy a decirte que no te sobre esfuerces demasiado, porque aunque estoy desesperado, impaciente y ansioso por conocerte, la verdad es que puedo esperarte hasta el último día si es necesario.
Muero por saber qué música te gusta, qué haces con tu tiempo, qué te gusta comer, cuáles películas son tus favoritas, si te gusta mirar el cielo... Quiero estar contigo, preguntarte tantas cosas, y responderte lo que quieras, pero más que nada, al menos, sólo quisiera verte (y si ya lo hice, te pido millones de disculpas por no saber reconocerte).
Así que ya lo sabes, estoy aquí, esperando poder amarte...
PD: No te pido que me ames, te pido que te presentes...
domingo, 5 de agosto de 2012
Ella iba en mis brazos como lo que en realidad era, una niña pequeña e
indefensa. Caminábamos por el medio del pueblo y la gente nos miraba. Eso me
encantaba, porque entonces ella se reía, y no miento ni exagero al decir que
tenía la sonrisa más hermosa que había visto en el mundo.
domingo, 26 de febrero de 2012
Un Golpe en la Noche
Esta mañana, hace nada más que unos minutos, tuve un sueño realmente extraordinario. Un sueño muy largo, tal vez el más largo que he tenido nunca. Un sueño que parecía no terminar jamás y que cuando me hizo despertar me llevó a sentarme en la cama, analizar el lugar en el que me encontraba y suspirar aliviado. Pese a que me costó darme cuenta, sí había sido un sueño.
Muchas personas podrían haberlo llamado "pesadilla" porque estuvo repleto de sucesos traumantes y escenas horrible, porque me hizo llorar, pero no parecía una pesadilla. Jamás tengo pesadillas, o al menos nunca se me ocurrió llamar así a alguno de mis sueños.
Este sueño provocó todo un terremoto en mi mente, que si bien quizás no derribó todas mis ideas, ha dejado sostenidas por un solo ladrillo a muchas.
Fue una verdadera experiencia de vida, y tal vez el golpe que necesitaba para volver a creer en el amor; para volver a creer en lo bueno que es tener una mano que tomar cuando estás a punto de caer al vacío; en que además de ser únicos e irrepetibles, también somos irreemplazables; en que el tiempo no es tan poderoso como para diluir sentimientos y recuerdos tan profundos...
martes, 23 de agosto de 2011
Pasaje De Ida
Recuerdo haber estado observando las nubes con la cabeza sobre tus piernas y haber estado abrazados viendo pasar toda la tarde en aquel banco, pero cuando lo recuerdo un poco más, recuerdo que nada de eso fue real. Entonces, elevo un poco más mis cejas y me percato de que también fueron sólo fantasías esas risas desde el sillón frente al televisor y tu sonrisa frente a mi puerta diciendo “Feliz cumpleaños, mi vida…” ese enero.
Ahora me doy cuenta, lo único real de nuestra relación son las lágrimas que no dejan de caer desde mis ojos. Tal vez no seamos la pareja perfecta, pero si todas esas palabras se hubiesen quedado en mí, y todas las otras hubiesen salido, quizá en este momento podría estar contando cómo paseamos por toda la ciudad con los dedos entrelazados.
Cada vez que mis labios se mantenían juntos y mi cuerpo inmóvil, alejado de ti cuando mi mente suplicaba a gritos que me acerque, fui colocando hábilmente un ladrillo. Después de tanto tiempo, una imponente muralla me rodea y no puedo salir… Pero no importa qué tan grande, alta, gruesa o dura sea, yo soy el único debilucho que no puede atravesarla… la más suave, delicada y cálida mano podría simplemente apoyarse sobre ella y esta simplemente se desvanecería como la arena de un reloj… una de las tuyas, seguramente sería perfectamente efectiva…
Ya no tengo retorno… he tomado tantos trenes y aviones al mundo de los sueños, que ya no sé cómo salir de este mundo ideal y regresar a la realidad… Dentro de esta muralla, sólo se venden pasajes de ida…
domingo, 14 de agosto de 2011
Las Hilachas De Tu Vestido
Por la avenida tan repleta de gente, mis pies eran un par más caminando en ese sofocante calor del vapor de ciudad. Sólo había ruido a multitud y a vehículos, hasta que escuché el suave vibrar de unas cuerdas de metal viejas y desgastadas. Desde ese momento, me sentí en un verdadero laberinto, y nada más incómodo que un laberinto de gente y ruido cuando la salida es un sutil y delicado sonido.
Llegué y finalmente encontré lo que buscaba. Frente a la vidriera de una panadería, verifiqué que las cuerdas no eran lo único desgastado, toda tu guitarra estaba colmada de cicatrices. Sin embargo, tus manos no, y tras esa capa de polvo, era visible la uniformidad y blandura de tu piel.
Pero lo más uniforme de todo, era tu voz. Fluía desde tu garganta como ondas de luz que iluminaban a mis tímpanos, perdidos en la oscuridad de mis oídos.
Todo tu cabello se hacinaba bajo aquel extraño y ovalado gorro, de color marrón claro. Bueno, casi todo tu cabello lo hacía, ya que un pequeño y tierno mechón lograba escapar sobre tu rostro.
Desde tus hombros, colgaba un holgado vestido de líneas difusas y coloridas, con bordes consumidos e hilos intentando escaparse. Era el vestido más horrendo que había visto en mi vida, pero combinado con tus ojos, tus tobillos globosos y tus brazos delgados, formaba la mejor mixtura que puede apreciar una mirada.
La hora pico en la avenida fue desapareciendo, así como la gente. Siempre fui el único espectador y oyente de tus maravillosas canciones, porque nadie se detenía, pero ahora ni siquiera había gente caminando alrededor. Apoyaste la guitarra en el suelo y enderezaste tus rodillas, poniéndote de pie. Colocaste la palma de tu mano sobre mi pecho, y seguramente sentiste el aumentar de los latidos de mi corazón. Dejaría que lo tocaras directamente si pudiera.
Después, llevaste ambas manos a mi rostro, y tocaste mis mejillas. Seguramente, también sentiste cómo aumentó su temperatura al sonrojarse. Unos pocos centímetros nos separaban, pero como conociendo mis sueños, despegaste tus talones del suelo, y los trajiste a la realidad.
miércoles, 27 de julio de 2011
Sé Que Eres Tú...
La otra noche fui a encontrarme contigo. Para decirlo de una manera más literal, podría decir “Fui a dormir y a soñar”. En ese momento, los grillos dejaron de cantar y los perros de la ciudad imitaron su silenciosa decisión. No había luna y el sistema eléctrico se encontraba dañado momentáneamente. Oscuridad y silencio profundos… todo parecía estar confabulado para que me zambulla rápidamente en el sueño, y así fue.
Me reencontré bajo un cielo de tonalidades turquesas y nubes de remarcados relieves y color fucsia. Y entre una refrescante brisa y los adornos de una fiesta en la que soy el único hombre. Pero alrededor no había mujeres comunes, eran todas iguales a ti, dobles perfectos de tu cuerpo. ¿Y sabes qué era lo más extraño? Que todas me miraban con un tierno brillo en los ojos y me llenaban de sonrisas genuinas y sinceras. Aunque fuera un sueño, sabía que todo aquello era imposible. Sólo hay UNA TÚ, y ella es la única que me interesa, la única que puede tenerme en sus brazos cuando el suelo bajo mis pies desaparece, la única que puede llevarme en sus alas cuando el suelo bajo mis pies me aprisiona.
No sabía si estabas allí, pero comencé a buscarte. Era algo difícil con todas las falsas tú acercándose e intentando llamar mi atención. Dentro del sueño soñaba que alguna de ellas seas tú, pero estaba seguro de que eso era imposible. Y entonces, sentada en una silla de una de las mesas de largos y relucientes manteles blancos, una tú con las piernas cruzadas, una mirada desinteresada y una copa delgada y alta en el extremo de una mano que se dejaba caer, y que tenía su codo apoyado. Movía su pie que colgaba de aquí para allá, y sus ojos eran los únicos que no estaban perdidos en alguna parte de mí.
Me acerqué y le sonreí. Ella me devolvió una sonrisa tan falsa que podría haberme puesto a llorar en ese preciso instante. Estaba completamente seguro, esa eras tú. La TÚ REAL. Destruiste la sonrisa (que en realidad no era una sonrisa, sino una simple gesticulación) y volviste a mirar el espacio con aquella expresión aburrida.
Te pregunté si querías tomar algo, y tu respuesta disolvió cualquier duda que haya podido quedar de que no eras tú. “Piérdete”. Esa es la palabra que más veces has pronunciado para mí, y algunas veces me gusta creer que es una sigla, un mensaje secreto cuyas entre líneas hay que leer. Pero ahora que estoy en un sueño, puedo ver la realidad más claramente, y entender de una manera perfecta que no tienes la más mínima intención de volar en el amor conmigo como copiloto.
Pero ahora no puedo controlarme. Eso sólo aumenta mis ganas de colocarme mi casco y mis guantes y sentarme a tu lado para demostrarte que puedo prevenirte de una manera única las tormentas eléctricas, las presiones atmosféricas, e indicarte dónde aterrizar en un estado de emergencia. Ya no voy a mentir más, seguro que conmigo como copiloto, nos estrellamos a diez kilómetros del despegue, aunque te aseguro que será contra la felicidad…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




