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sábado, 5 de octubre de 2013

Muerte

  Vi una vez más a la muerte justo en frente de mí, burlándose de mi incapacidad, a través de la cual me inyectaba una alta dosis de impotencia. Se dejaba tocar mansamente, porque sabía que en realidad era inalcanzable, y mi mano jamás lograría rozar su verdadera identidad. En ese momento, tenía la forma de un simple saco de piel y huesos cubierto de pelos, cuya única señal de vida era el sufrimiento. Sí, ya había desplazado casi por completo a la vida de aquel cuerpo que aún parecía con intenciones de luchar, pues su biología estaba preparada para ello, para intentar mantenerse en funcionamiento hasta que ya fuese incapaz de producir hasta el más insignificante de los yoctovoltios. Un poco de inercia eléctrica era lo único que la mantenía aferrada al malestar de la existencia.
  Su único deseo era no estar sola. Tal vez no quería irse. Tal vez quería que alguien la detuviera. Tal vez quería que alguien la acompañara. Pero la vida y la muerte son cosas demasiado estrechas, donde, siempre, hay lugar sólo para uno.
  Me pregunto si está bien llamar “muerte” a esos instantes finales en el que uno literalmente no está vivo, pero médicamente aún posee un cuerpo con un sistema nervioso capaz de chispear las últimas agonías, o si en realidad “muerte” es sólo esa despreocupada e incomprensible inexistencia que queda flotando alrededor de un cuerpo que ya es sólo un montón de materia innerte, en la cual sin embargo, increíblemente, la vida rebosará durante mucho tiempo en muchas formas.
  También, como en cada oportunidad en que ella se manifiesta cerca de mí, me pregunto si la ausencia total de tristeza en mí es madurez, comprensión respecto a la obviedad que es el fin de la vida, o simplemente indiferencia, egoísmo en estado puro, decir “mi vida es la única que me preocupa”.



sábado, 14 de julio de 2012

Sensibilidad

 No existen buenas personas, no existen malas personas. ¿Qué son el bien y el mal sino una mera invención del humano, creador de la moral y la justicia, de las cuales luego se mofaría? Esta división no existe en el estado más puro de la naturaleza. ¿Por qué decimos, por ejemplo, que asesinar está mal? Aunque a mí mismo me cueste aceptarlo, no puedo pararme con una mano en el corazón y decir genuinamente que es una mala acción. Las acciones son sólo eso, acciones, y los calificativos son también una invención del humano y de su manera pasional/emocional de ver la vida (la cual me parece maravillosa); el humano le agrega sentimientos, emociones y razones a todo lo que hace y lo que lo rodea. Sólo estoy intentando deshacerme unos instantes de mi parte humana para ver todo desde un punto de vista más frío y objetivo.
 Pero en fin, si no existe el bien ni el mal, ¿cómo definimos la línea que separa lo cuerdo y aceptable de lo demente e inaceptable? Desde mi punto de vista, es muy sencillo: sensibilidad e insensibilidad. Existen personas sensibles al dolor y el sufrimiento ajeno que se esmeran en mantener bien a los seres que los rodean; y luego están las insensibles, a las cuales les da igual y simplemente buscan su beneficio sin interesarle el de los demás.
 Esta es la conclusión a la que pude llegar tras ver algo vacía y sin sentido las teorías del bien y del mal. En la naturaleza no hay reglas, en el Universo no hay normas; la vida es un bien frágil y codiciado, una lucha continua por conservarla.