lunes, 19 de marzo de 2012

Me Entrego...

 Es hora de decir adiós, no importa que nunca haya dicho hola. Los días pasan y pasan y mi estado no cambia, mi alrededor sigue girando lentamente, esperando a que yo ponga un pie en su interior, pero yo no lo hago. No sé si lo evito porque estoy aterrorizado o si simplemente no puedo evitar no evitarlo. Lo único que sé es que en mi interior puedo sentir millones de cosas, desde la soledad hasta el más profundo odio, pero tal vez aquella cita que oí en una película tenga razón; “el amor no es un sentimiento, es una habilidad”, una extremadamente complicada, una que nunca he tenido y que seguramente jamás tendré. El amor está demasiado lejos de mí, no es algo que pueda crear, y mucho menos nacer desde lo más profundo de mí.
 He vivido ya más de una década y media y nunca he hecho nada por nadie, ni siquiera he llorado cuando seres que se supone amaba partieron y me dejaron un poco más solo aquí en la Tierra.
 Puedo soportar ser un inútil escribiendo, cantando, componiendo, dibujando, bailando, actuando, creando historias, puedo soportar carecer de hasta el más mínimo talento, pero no tener la habilidad de amar agrega una dosis tétrica de amargura a la vida que no puedo soportar. Puedo soportar que no me amen, que me desprecien, que me odien o que me ignoren, pero ya no puedo soportar no amar a nadie.
 Es odioso no amar a nadie, y aún así querer continuar viviendo… ¿Por qué sigo vivo? ¿Por qué aún estoy aquí si no tengo nada que proteger? ¿Por qué estoy aquí si mi existencia no está influyendo en nada ni en nadie? ¿Por qué amo la vida a pesar de que me siento solo tanto tiempo? Tal vez sea por el Sol, él siempre está allí, alumbrando incondicionalmente. Tal vez también sea por las nubes, que siempre están flotando sobre mí y de vez en cuando me refrescan con su lluvia. Tal vez sea porque me encanta correr y sentir el viento sobre mi rostro. Tal vez sea porque es maravilloso sentir la tierra o el césped en las plantas de mis pies y entre mis dedos. Tal vez sea porque no importa que tan oscuro esté un lugar, siempre hay aunque sea un punto de luz escondido en algún sitio, esperando ansioso por alumbrarlo todo.
 ¿Lo intenté? No lo sé… cinco años creí amarla, cinco años creí que ella podría ser la persona que inculcara esa increíble habilidad del amor en mí, cinco años viví creyendo que tenía una razón por la cual levantarme de la cama en la mañana. No la amo, eso es obvio, porque nunca me he esforzado por demostrarlo, nunca he estado donde ella necesitaba una mano y siempre me he quedado callado cuando debía gritar.
 Soy un completo fracasado, como una planta que no da frutos, ni sombra, ni flores, y ni siquiera deja proteínas al suelo…

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