Son estos días los que me llenan de recuerdos. Afuera
el Sol brilla intensamente, dejando algo blanquecino al celeste del cielo, y
calentando el aire como si quisiera comprimir todos los días del verano que
vendrá en una sola siesta; el viento sopla desde el norte con todo su calor,
sacudiendo las hojas y las ramas, y arrastrando el polvo y la arena por cada
desafortunado y solitario rincón del pueblo. Y mientras, yo estoy aquí, en mi
cuarto, fresco, en silencio. Así es como empiezo a recordar, por ejemplo, mi
bici en el campo a un costado del camino, conmigo sentado sobre ella, y a unos
pocos metros mis dos amigos en sus bicis, bajo la sombra del único árbol en un
diámetro de un kilómetro, rodeados por el calor de la siesta y fatigados por
habernos arriesgado a transitar un trayecto desconocido sin agua, pero
disfrutando de la tarde. O mis pasos, uno detrás de otro, caminando hasta “el
campito”, sabiendo que la tierra se adhiere a mi piel gracias al sudor, y
sintiendo cómo las gotas caen por mi espalda hasta encontrarse con mi remera y
empaparla; el Sol recalentando mi cabeza hasta que finalmente llego a aquel
edificio, con su fresca oscuridad, y saludo a los dos o tres compañeros que han
llegado, para luego recostarme en los mosaicos del piso; y por la tarde intento
regular mi paso a la velocidad apropiada para alcanzarla o para que me alcance
“de casualidad”, y poder caminar con ella hasta casa; no había nada mejor que
caminar toda aquella calle de regreso con ella el viernes por la tarde. O yo
sentado frente a mi computadora, con mi habitación casi herméticamente cerrada
y el acondicionador de aire programado al máximo, llegando a sentir frío
mientras afuera las chapas del techo están ideales para cocinar; escuchando
música relajante, música que me ayude a alejarme todavía más del pueblo,
escuchando Owl City sin siquiera saber quién es Adam Young. O corriendo sobre
las piedras del ripio con una pelota de fútbol y un amigo, mientras otro espera
entre dos árboles, uno verde y otro reseco, a que alguien intente hacer un gol.
O una madrugada encontrándome con mis amigos para subir y bajar los altos
montículos de tierra en una calle en pavimentación, sintiendo la frescura de la
brisa nocturna, y esa extraña sensación que me acompañó siempre que estuve
haciendo algo divertido mientras sabía que el resto del mundo simplemente
dormía.
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miércoles, 31 de julio de 2013
sábado, 29 de septiembre de 2012
No Odio Este Lugar
Cuando salgo muy temprano en la mañana a hacer
ejercicio, y camino por las calles vacías y oscuras, con el cielo aún negro y
las estrellas sobre mí, me doy cuenta de que no odio este lugar.
Cuando termino de correr, doy una pequeña vuelta con
los primeros rayos de luz tocando los árboles, las nubes rosas y naranjas,
amenazando a Venus y a las últimas estrellas que pronto desaparecerán. Entonces
siento el fresco de la mañana, y la tranquilidad de un pequeño poblado en el
que todos están durmiendo sin molestar a nadie, y tal vez soñando…
Cuando aún es temprano y los pendejos no salen a hacer
ruido con sus motos, ni los demás vehículos infestan el aire con sus
emanaciones, ni la gente anda gritando por la calle, ni hay caras largas o
miradas indeseadas, me doy cuenta de que en verdad este es un lugar puro, como
cualquier otro rincón de la Tierra, y es imposible odiarlo.
Cuando toda la gente está refugiada en sus casas, como si no existiera, es fácil darse cuenta que no odio este lugar, sino que odio la transformación que sufre cuando se infecta de personas desinteresadas y llenas de un extraño resentimiento que jamás podré entender…
Cuando toda la gente está refugiada en sus casas, como si no existiera, es fácil darse cuenta que no odio este lugar, sino que odio la transformación que sufre cuando se infecta de personas desinteresadas y llenas de un extraño resentimiento que jamás podré entender…
No importa lo que pase, ni cuánto me duelan los
negativos cambios que llegan con el tiempo, luego de vivir tanto tiempo aquí,
de haber crecido entre sus árboles y bajo su calcinante y brillante Sol, de
haber atravesado siestas enteras en las calles con mis amigos, no puedo dejar
de sentir que este es mi hogar…
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