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domingo, 29 de septiembre de 2013

Llévame

  En ese momento en que tomas mi muñeca, dejo de ser yo. Miro sorprendido tus pupilas uniéndose a las mías, y me disuelvo en ese roce tibio y suave que tus dedos me regalan casi sin darse cuenta. Mis pensamientos desaparecen de mi mente en una especie de somnolencia, pero en ningún otro instante me siento tan despierto o consciente de que estoy en la realidad.
  Con ese pequeño gesto me llevas hasta ti, y no ofrezco ninguna clase de resistencia o vacilación, me entrego completamente a ti, como una hoja que ya perdió su puesto en el árbol y viaja por el aire según los encantos de la brisa, porque no tengo un lugar que me esté llamando o alguno que esté esperándome, un lugar al cual quiera ir, pero todos los lugares serán el lugar más hermoso si eres tú quien me lleva ahí.
  Si tomas mi muñeca te vuelves mi única alternativa, mi único camino, y puedo seguir cada uno de tus pasos porque eres la única persona a la que quiero querer mientras aún pueda querer a alguien, la única persona a la que quiero extrañar cuando suelte mi muñeca.
  Quiero aprovechar este instante mientras dure, porque cuando se vaya tal vez regrese lo suficientemente tarde como para no encontrarme…

jueves, 29 de agosto de 2013

La Belleza de la Vida

  ¿En dónde yace la belleza de la vida? ¿en su complejidad, por la cual jamás terminaremos de comprenderla y así seguirá produciéndonos preguntas y asombro durante toda nuestra existencia? ¿en su fragilidad, porque las mismas cosas que la crean y la construyen lentamente pueden destruirla de repente, y así es como un delicado tesoro al que hay que cuidar con mucha dedicación? ¿en su finitud, porque así como aparece desaparece y es como una emocionante oportunidad que debes aprovechar antes de que pase? ¿en lo que hay después de ella, porque lo que deja al marcharse es mucho más complejo y misterioso que ella misma, y casi todos esperamos ansiosos poder conocerlo? ¿en todas las cosas que permite sentir, como la frescura de una brisa, el aroma de la tierra mojada, la dulzura de la miel, la suavidad de la arena, la melodía del agua deslizándose sobre sí misma, el brillo del cielo? ¿en su peligro, gracias al cual se transforma en una placentera fuente de adrenalina y suspenso, porque la gacela en la llanura no sabe si será el próximo almuerzo de la leona que anda rondando y la niña en medio de la guerra no sabe si su casa será la próxima en ser bombardeada? ¿en su extraña manera de perpetuarse, reproduciéndose a sí misma para alcanzar así una falsa pero convincente eternidad? ¿en nuestro desesperado deseo de que sea bella, porque preferimos ser felices y disfrutarla en lugar de verla oscura y así sufrir, porque no queremos que sea fea, dolorosa o aburrida? ¿en su simpleza, porque es casi automática y quién la posee casi no debe hacer nada para mantenerla, ella se encarga de resistir casi por sí sola? ¿en las cosas que permite hacer, porque sin ella uno no puede darse cuenta ni que existe? ¿en sus momentos más tristes e injustos, porque son los que verdaderamente le dan todo el sabor y el color a aquellos que consideramos "buenos"?
  Pero, después de todo… ¿Quién dijo que en la vida yace belleza?

sábado, 10 de agosto de 2013

No Entiendo

  Estoy en la alturas, solo, simplemente observando cómo el día se diluía en la tarde, cada vez más rápidamente con el paso de los minutos. Miro cómo una enorme capa de altocúmulos rosáceos se deslizan muy por encima de mi cabeza; por encima de aquellas luces rojas que brillan en las cimas de las antenas, y de los árboles que se convierten en siluetas oscuras y se mecen en la misma brisa fría que viaja a mi alrededor, haciéndome notar su presencia en mis mejillas; por encima de la gente y de todas las cosas que ya olvidé por estar mirando hacia arriba, por perderme en la vastedad de un cielo que se roba la belleza de la luz, y en la música que suena dentro de mis oídos desde un pequeño aparato; por encima de todo lo que creo conocer y que a veces considero real; por debajo de todo lo que solamente puedo soñar y jamás considero falso.
  Podría permanecer aquí, así, toda mi vida.
  En toda aquella amplitud, que tal vez no sea infinita, pero sí lo suficientemente grande como para que yo o mi imaginación jamás podamos recorrerla o al menos comprenderla, en esa que la luz del Sol transforma en gamas rojizas, rosas, celestes, y azules, aparece la primera estrella, como si recién iniciara su existencia, como si se hubiese encendido de repente, escabulléndose entre los huecos de los altocúmulos, y su brillo parece aumentar con cada nuevo destello de su titilar. Entonces, cuando me doy cuenta de que la plenitud que siento me ha puesto una sonrisa en el rosto, pienso: “¿Cómo puede existir la codicia?¿Cómo alguien puede desear algo más que esto?”, y es que yo podría permanecer así toda mi vida.
  ¿Cómo alguien puede desear una belleza distinta a esta, tan pura y asombrosa, tan abundante e incomprensible? ¿Cómo alguien puede desear ser protagonista de una vida diferente y renunciar a la paz y las maravillas que experimenta y presencia el espectador de lo real? ¿Cómo alguien puede bajar la mirada, a la parte más opaca de la realidad, y olvidar que allí arriba todo continúa brillando? ¿Cómo alguien puede creer que lo hermoso puede caber entre sus manos, o guardarse en alguna parte, o verse con un par de ojos? Lo hermoso sólo puede sentirse, de una manera especial, en que sólo quienes lo han sentido pueden comprenderlo.

jueves, 25 de julio de 2013

Ser Nadie

  A veces quisiera ser nadie. Quisiera ser como un rayo del Sol, que viaja veloz pero silenciosamente a través de la vastedad de un vacío incomprensiblemente repleto de misterios hasta llegar a la Tierra, donde aunque pareciera absurdo, invisible e inalcanzable, sin que nadie lo vea o lo note, se desliza por una hoja, un tronco, un insecto, una mejilla, una pestaña, una nube, y la hace visible. Como una gota que logra condensarse lo suficiente como para separarse de aquellas que son débiles y permanecen en una nube, y empieza a caer por la atmósfera, ganando velocidad y materia durante el trayecto, sin ser distinguida por ningún ojo de todas las demás gotas que caen a su alrededor, y que finalmente se estrella y se despedaza contra la hierba, la tierra, una ventana, un tejado, lejos de cualquier persona que pudiera sentir su humedad. Como la vieja, descolorida, y quebradiza hoja de un árbol en medio del bosque, que durante ese corto lapso de tiempo entre la noche y el día, cuando los animales nocturnos están empezando a dormirse y los diurnos están empezando a despertarse, cae silenciosamente, no porque el viento o algún animal la haya separado de su rama, sino porque sencillamente es su momento de caer, y va meciéndose por el aire antes de tocar el suelo, como disfrutando plenamente el viaje, porque pronto se convertirá en aquella putrefacción anónima y húmeda a los pies de los árboles. Como una de las docenas de lágrimas que derrama el irritado ojo de alguien olvidado que se encuentra rodeado por su soledad y por la angustia en un rincón invisible para el resto del mundo, que se arrastra por el camino salado que las anteriores lágrimas dejaron en el pómulo y la mejilla, y antes de llegar al labio, cae sin que la persona la notase, sobre su ropa, donde se escabulle a través de los diminutos túneles que construyó el hilo de la tela hasta esparcirse lo suficiente para ya no ser ella, y desaparecer por completo y por siempre, sin dejar rastros de su existencia. Como una brisa que atraviesa todo el campo sin dejar su huella en ninguna piel, pluma o hierba, porque viaja lentamente por donde no hay nadie, y a la altura suficiente para que las plantaciones no sientan su frescura, y después llega al desierto, donde sólo logra arrastrar unos cuantos granos dorados cuya posición anterior era totalmente desconocida hasta por ellos mismos antes de ser diluida por una ventisca mucho más fuerte que ella, proveniente del punto cardinal opuesto. Como todos aquellos, millones, billones y trillones de testigos silenciosos que aparecen y desaparecen en medio de las maravillosas simplezas cotidianas del mundo, sin comentar nada acerca de ellas, sin modificarlas, sin intervenir, sólo estando ahí para poder apreciarlas en el momento y nada más, aunque luego no tuvieran la memoria para convertirlas en recuerdos. Como testigos del presente que olvidan el pasado y que no saben nada del futuro.
  A veces quisiera ser así, sólo a veces…

sábado, 29 de septiembre de 2012

No Odio Este Lugar

  Cuando salgo muy temprano en la mañana a hacer ejercicio, y camino por las calles vacías y oscuras, con el cielo aún negro y las estrellas sobre mí, me doy cuenta de que no odio este lugar.
  Cuando termino de correr, doy una pequeña vuelta con los primeros rayos de luz tocando los árboles, las nubes rosas y naranjas, amenazando a Venus y a las últimas estrellas que pronto desaparecerán. Entonces siento el fresco de la mañana, y la tranquilidad de un pequeño poblado en el que todos están durmiendo sin molestar a nadie, y tal vez soñando…
  Cuando aún es temprano y los pendejos no salen a hacer ruido con sus motos, ni los demás vehículos infestan el aire con sus emanaciones, ni la gente anda gritando por la calle, ni hay caras largas o miradas indeseadas, me doy cuenta de que en verdad este es un lugar puro, como cualquier otro rincón de la Tierra, y es imposible odiarlo.
  Cuando toda la gente está refugiada en sus casas, como si no existiera, es fácil darse cuenta que no odio este lugar, sino que odio la transformación que sufre cuando se infecta de personas desinteresadas y llenas de un extraño resentimiento que jamás podré entender…
  No importa lo que pase, ni cuánto me duelan los negativos cambios que llegan con el tiempo, luego de vivir tanto tiempo aquí, de haber crecido entre sus árboles y bajo su calcinante y brillante Sol, de haber atravesado siestas enteras en las calles con mis amigos, no puedo dejar de sentir que este es mi hogar…


jueves, 5 de abril de 2012

Georgias del Sur

 Con todo el tema de las Islas Malvinas empecé a interesarme en la geografía sureña y decidí investigarla un poco desde mi casa. Así fue como agregué a las islas Georgias del Sur a mi lista de lugares que debo visitar sí o sí.
 Estoy acostumbrado a 30ºC de calor y tal vez lo más frío con lo que he luchado hayan sido -1ºC mientras dormía casi asfixiado por frazadas en mi habitación. Aún así, la idea de estar rodeado de montañas heladas con vientos muy capaces de hacerte sentir que has perdido la piel es muy tentadora, por no decir atrapante.
 Siempre me había imaginado esos lugares helados como planicies blancas que parecen nunca terminar, pero eso está muy alejado de la realidad. Están repletos de montañas, cielos celestes, fauna, e inclusive prados verdes.
  Pero una imagen dice más que mil palabras...











sábado, 31 de marzo de 2012

Fragmentos #1

 Estaba sobre una superficie suave y cálida, la más cómoda que jamás había sentido. Tenía sus ojos cerrados y su nariz respiraba una fragancia encantadora que lo hacía sonreír involuntariamente. Cuando el sueño lentamente se debilitó, abrió sus ojos para ver la belleza del misterioso lugar en el que se encontraba, y le mostraron mucha más hermosura de la que habría podido imaginar en toda su vida: A quince centímetros ella relucía sus blancos dientes y la alegría de estar junto a él con una sonrisa fulgurante.
 —Ya despertaste… —le dijo y pasó su mano por su mejilla.
 Sus cabezas estaban recostadas sobre una larga almohada y sobre ellos una gran ventana con una ligera cortina permitía que la luz del Sol haga brillar la blancura de las sábanas y la piel.
 —Elysia…
 —¿Estoy muy despeinada?
 —No, estás hermosa —respondió sin mentir y ella se rió—. Y aún más si te ríes así.
 —¿No tengo mal aliento?
 —Claro que no.
 —¿Mis ojos no están hinchados?
 —Para nada, ni un poco.
 —¿No tengo marcas de saliva?
 —Ninguna.
 —No puedo creerte que sea tan perfecta —le confesó mientras no dejaba de sonreír.
 —Te lo juro. Mírate en mis ojos, no estoy mintiendo.
 —¿Quieres que te diga algo?
 —Me encanta que me digas cosas.
 —Tú estás súper despeinado, tienes mal aliento, tus ojos están hinchados y tienes una marca de saliva ahí.
 —¿Qué? ¿En serio? —preguntó con una sonrisa retraída e incrédula.
 —Claro —le respondió riéndose—, y también tienes un beso aquí —continuó y apoyó sus labios sobre los de él tan tiernamente que casi derritió los escalofríos que hizo correr por su espalda.
 —Por eso te amo, porque haces que amarme a mí parezca fácil…
 —Voy a preparar el desayuno, tú vístete.
 —Gracias.
 —Te amo —le recordó en palabras y luego con un beso.
 —Yo también —y un beso más brotó entre los dos.
 Ella se quitó la sábana de encima y apoyó sus sutiles y pálidos pies sobre el suelo.
 Él observó maravillado cómo las ondas de su cabello caían hacia su cintura, cubierta por un camisón de seda blanco y muy delgado que dejaba ver las líneas de su espalda. Era una mujer perfecta, el tipo de mujer que la imaginación de una persona jamás podría inventar, una maravilla de la naturaleza, una filtración de los sueños de Dios.
 Se esfumó tras la puerta y él se levantó también. Fue hasta el baño y confirmó todas sus imperfecciones en el espejo. En momentos como esos se sentía culpable, sentía que estaba defraudando a Elysia. ¿Qué hacía realmente con ella? ¿Qué tenía él para mantener a su lado a una mujer tan preciosa como ella? La única respuesta que encontró fue “suerte”, “buena suerte”.
 Mojó y enjabonó su rostro hasta que ya no sintió más aquella despreciable grasa facial sobre su frente y nariz, y cuando iba a salir del baño, recordó su aliento y también cepilló sus dientes. Los dejó casi tan blancos como los de ella, pero le era imposible mejorar su forma.
 Finalmente arregló su cabello y luego fue hasta su armario. Tomó una camisa blanca con mangas largas y empezó a ponérsela. Sintió una estremecedora suavidad con cada una de sus células al pasear la tela por su piel, y para terminar abrochó ocho de sus diez diminutos botones.
 Tomó otra prenda de percal, esta vez un pantalón blanco, y mientras sumergía sus piernas en él, se percató de que todas las prendas en aquel armario eran iguales.
 Giraba su cabeza en busca de algún calzado cuando escuchó la voz de Elysia.
 —¡Ya está el desayuno!
 Caminó descalzo por el lustrado y brillante piso de madera, y bajó de la misma forma las escaleras. Entonces se dio cuenta de que no conocía la casa y giró su mirada hacia la izquierda, y encontró la cocina.
 —No, por aquí… —dijo ella y miró hacia la derecha, donde había un gran ventanal de vidrio abierto.
 Tras aquel ventanal se encontraba el “patio”, una pradera verde donde la luz del Sol se posaba a descansar, las flores se refrescaban con la brisa, las coposas y gigantescas nubes se deslizaban con una gracia increíble por el celeste. Pero lo más hermoso de aquel paisaje era sin ninguna duda la mujer del vestido blanco.
 —Estás usando ese vestido… —señaló Iker mientras pisaba el césped y levantaba sus pómulos con una gran sonrisa.
 —Sí, es el vestido con el que nos conocimos.
 Tal como en aquel sueño, el Sol estaba en la cumbre del cielo y su luz podría cegarlos en cualquier momento, pero su calor no era intenso, era simplemente cálido, y sus ojos no sufrían con el resplandor.
 Elysia lo esperaba sentada a una mesa con una silla vacía.
 —¿Qué preparaste? —le preguntó mientras tomaba asiento.
 —Té blanco, tostadas, hay mermelada de durazno y una porción de pastel para cada uno —respondió ella, pero  él no había escuchado nada, había extraviado sus pensamientos, su mirada e incluso sus oídos en lo preciosa que se veía. Su cuello, sus labios, sus mejillas, su nariz, sus hombros, su cabello.
 Jamás existirán palabras capaces de describirla ni una mente capáz de imaginarla. Ella era todo lo que alguien quisiera ver al menos en un sueño. O tal vez debería ser más preciso, tal vez ella era todo lo que él quisiera ver al menos en un sueño, y la tenía justo en frente.
 —Ey… ¿Escuchaste lo que dije?
 —Oh… Lo siento, es que estaba mirándote.
 —¿Mirándome? ¿Qué estabas mirándome?
 —Todo lo que la mesa y tu vestido no evitan que vea.
 —Oh… ¿Y quieres ver más?
 —La verdad que con lo que veo ya es mucho más que suficiente.
 Elysia levantó las cejas e inclinó levemente la cabeza.
 —¿Se supone que eso es un cumplido?
 —No lo sé, es sólo lo que estoy pensando.
 —Dices lo que piensas sin importarte qué es lo que pueda pensar el otro, esa es una de las cosas que opaca tu mal aliento por las mañanas —comentó ella y luego sonrió.
 —Ahora soy yo quien debe preguntar si eso es un cumplido.
 —Te aseguro que lo es.
 Las palabras desaparecieron y los delgados dedos de ella se dirigieron a la pequeña taza de porcelana alvina y la levantaron de la mesa sin hacer ningún ruido ni alterar el té. Dirigió el pulimentado borde hasta sus labios y tomó dos dulces y suaves sorbos.
 —El té está delicioso.
 Él miró la gramilla y luego movió sus pies para sentirla entre sus dedos, para sentir que realmente estaba vivo y que realmente estaba allí. Luego se concentró en sentir en la calidez de la luz solar en su piel, oxigenando sus poros.
 —¿Puedo hacerte una pregunta?
 —Esa es una de las preguntas más estúpidas que oigo diariamente —dijo ella con otra sonrisa.
 —Elysia, basta de bromas. Esta es una pregunta seria.
  Dejó su taza en la mesa mientras su sonrisa se marchaba, y esta vez la porcelana sí hizo ruido al encontrarse a la madera.
 —No quiero que te lo tomes a mal… Yo quiero preguntarte… ¿Por qué estás conmigo?
 —¿A qué te refieres exactamente?
 —¿Por qué duermes junto a mí cada noche y me besas cuando sale el Sol? ¿Por qué el resto del día te lo pasas    junto a mí también?
 Elysia volvió a sonreír y se alegró de que su cara de preocupación no haya durado demasiado y tampoco haya sido necesaria.
 —Me dijiste que basta de bromas.
 —No es una broma, lo estoy preguntando en serio.
 —Pues entonces déjame decirte en serio que es la pregunta más estúpida que he oído en mi vida.
 Miró enfadado a un costado y Elysia lo observó con la misma sonrisa que tiene una madre al mirar a su hijo ofendido porque no quieren comprarle un juguete nuevo cuando su habitación está llena de ellos.
 —Tu boca es la más dulce que he probado en mi vida, y las palabras que salen de ella son las únicas que quiero escuchar; eres el hombre que aparece en mis sueños y que aún continúa ahí cuando despierto; eres el único que ha entrado en mi corazón y lo ha cerrado con trancas y candados, nada más puede entrar ahí, y tampoco quiero que lo haga.
 —Lo que acabas de decir me hace merecerte aún menos —le respondió dirigiendo su mirada al vacío entre el verde y él.
 —¿De qué estás hablando? No se trata de merecer, se trata simplemente de lo que sentimos al ver al otro, al tocarlo, al oír su voz… Te amo.
 —Yo también. Te amo tanto… No quiero decepcionarte… —dijo regresando su mirada a la profundidad y el brillo de sus pupilas
 —Jamás vas a decepcionarme. De ti sólo espero amor, y es algo que jamás dejarás de darme.
 —Tampoco sé si eso es un cumplido o qué…

jueves, 19 de enero de 2012

Lo Más Cerca del Cielo...

 Encontré un colibrí tirado en el concreto de mi quincho mientras escuchaba música. Primero creí que estaba muerto, pero tras unos segundos de mirarlo empezó a aletear y aletear pero sin poder despegarse del suelo.
 Era verde; sus plumas brillaban de manera fascinante y sus diminutos ojos eran completamente negros, con un casi invisible punto brillante. Pero del brillo de sus plumas no me percaté al principio, pues estaba  completamente enredado en telas de araña.
 Primero estaba inseguro en tocarlo. Siempre fui y soy un poco miedoso con los animales, después de todo, yo no confiaría en un humano, pero, ¿qué daño podría hacerme un colibrí? Y bueno, yo soy así.
 Lentamente le acerqué mi dedo índice y empecé a acariciarle la espalda. Era tan suave como lo había imaginado, y también muy frágil. Pasaba mi dedo muy relajadamente, temía poder herirlo si lo hacía más fuerte o más rápido. Él se mantenía inmóvil mientras yo lo tocaba, y podía ver cómo su pequeño pecho se inflaba y se desinflaba mientras respiraba, eso fue asombroso.
 Me arrodillé en el suelo y empecé a sacarle lentamente las telas de araña que mantenía atadas sus patas. Debía ser muy pero muy cuidadoso, porque al estirar también lo estiraría a él. Era extremadamente frágil (debe ser que todos los colibríes son así). Entonces tomaba con la mano izquierda la "base" de la tela de araña, y con la otra el resto, y así logré quitársela de ahí.
 Una vez que sintió libres sus patas volvió a aletear y aletear, pero tampoco pudo despegar. El problema no estaba en la tela de araña, quizá se había fracturado o algo así al caer.
 Finalmente lo tomé y lo puse sobre mis manos. Era tan liviano... Podrían ponerlo sobre mi cabeza, mi mano, mis hombros o mis pies sin avisarme, y yo ni me daría cuenta.
 Lo llevé hasta una mesa y allí comencé a sacarle las telas de araña que le quedaban alrededor de su pico y su cabeza. Cuando casi había terminado de sacársela, volvió a aletear, y entonces, de repente, dejó de hacerlo y quedó con sus alas hacia arriba. No sé si fue un paro cardíaco o qué, pero dejó de moverse y el asombroso ciclo de la respiración que podía ver en su pecho ya no estaba ahí.
 En ese momento, aunque ni yo pueda creerlo, me sentí mal. Me sentí mal por no haberlo salvado, aunque sepa que no tengo ninguna facultad ni conocimiento para hacerlo, aunque sepa que ni siquiera tenía la necesidad o la obligación de hacerlo. Me sentí mal por la impotencia de no saber si ya había dejado de sufrir y podía disfrutar o si sencillamente había dejado de existir. Me sentí mal porque realmente quería ver que huyera despavorido de mí, totalmente recuperado, moviendo sus alas a toda velocidad y emitiendo ese agudo y hermoso sonido que emitió durante unos segundos cuando estaba en el suelo. Hasta ahora me pregunto qué habrá estado diciendo. 
 Así de frágil y fugaz es la vida, está aquí un segundo, y al otro desaparece.
 No creo en los rituales y sinceramente siento que importa muy poco o nada lo que le pasa a tu cuerpo una vez que muera, pero quería hacer "algo especial" con él. Pensé en enterrarlo, pero inmediatamente me di cuenta que su lugar eran el aire y las flores, así que fui a la planta de mamón de mi patio (un lugar donde casualmente veo colibríes revoloteando), y subí al muro que está al lado; busqué la bifurcación de ramas más alta que podía alcanzar incluso desde allí, y lo recosté. Eso es lo más cerca del cielo que puedo llevarlo...

miércoles, 11 de enero de 2012

Un Lugar Salvaje Y Hermoso

 He realizado un pequeño viaje con algunos contratiempos, muchos contratiempos, pero el punto es que vi una de esas cosas que quedan clavadas en tus recuerdos como un rubí; pasé uno de esos momentos en los que piensas "ojalá esto no termine siempre".
 Pese a la abundancia de arco iris, no era un lugar tierno y lindo, era un lugar salvaje y hermoso.
 Caminas por el medio de la selva, absolutamente rodeado por sus árboles, sus animales y sus sonidos (o tal vez deba decir "su música"). Pero no quiero dar muchas vueltas y convertir una carrera de 100 metros llanos en una maratón, así que: 
 Finalmente llegas allí, a la cúspide de su belleza y lo asombroso.


 Toneladas de agua cayendo hasta de 80 metros, emitiendo ese sonido que implora respeto, al igual que su apariencia.


 Pese a ser un lugar más de la Tierra, propiedad total de TODOS, o mejor dicho, DE NADIE, está privatizado y como todo lugar turístico estarás rodeado de gente. Demasiada gente. Pero cuando llegas al final del camino y ves, oyes y sientes a las inmensas cataratas caer en lo que parece un simple vacío, toda la gente a tu alrededor desaparece. Sólo quedas tú, el agua y los arco iris, como si la Tierra estuviese diciéndote "Es hora de tener un momento a solas, nosotros dos... ¿no?".
 Generalmente los humanos somos así, todo lo que es mucho más grande que nosotros y/o brilla nos asombra. Por eso las estrellas son tan populares.
 Y si lo analizas, puedes pensar que es algo estúpido, porque es demasiado simple para ser asombroso. Es decir, es sólo agua cayendo, lo mismo que vemos todos los días cuando abrimos una llave de agua, con la única diferencia de que estamos hablando de magnitudes bastante más grandes.
 Pero también puedes analizarlo desde otro punto de vista, y te parecería aún más asombroso. Ahora me refiero a todos los procesos físicos y químicos que tuvieron que suceder para que estas cataratas se formen (desde la creación del mismo Universo, de nuestro planeta, del oxígeno y el hidrógeno, hasta el movimiento tectónico y la erosión), y toda la vida y diversidad que alberga, todo lo que esta necesita para sobrevivir y lo frágil que en realidad es.
 La vida es simple y complicada, absolutamente repleta de contrastes y verdades que no concuerdan entre sí. Todo depende únicamente de quién la mire, cuándo la mire, y desde dónde la mire...


 Si tienes la oportunidad de conocer este o cualquiera de los extremadamente hermosos lugares de la Tierra (como los acantilados de Moher, los Alpes o el Salto Ángel), no dudes ni un segundo, y empaca YA...