Voy a concederme el capricho de escribir las siguientes palabras con la soberbia de creer que son la verdad universal de esta realidad, porque necesito hacerlo de esa manera para sacar de mí algunas pesas agobiantes.
No tenemos ni la más cercana idea de cuán sensible es una persona, de cuán frágil es su mente, y de cuánto pueden vulnerar a su estado de ánimo los factores externos. Y no importa si esto es así por causas hormonales, por procesos físicos, químicos o fisiológicos en nuestro cuerpo, por un creador que así lo quiso, la cuestión es que es así, y por eso, lo que debería ser lo verdaderamente importante es el intentar no dañarlas, no dañarnos.
¿Cómo nos tratamos entre las personas? Creo que ahí radica el verdadero problema de la humanidad, esa es la raíz de todo. ¿Cómo pretender convencer a alguien de cuidar a los otros animales o al medio ambiente, si ni siquiera se preocupa por los que considera sus pares más cercanos, o incluso tampoco por sí mismo?
No conocemos a las otras personas, porque alrededor de cada una de sus palabras, de sus acciones, de sus gestos, de sus creencias, hay toda una red de cadenas de experiencias, de recuerdos que fueron acumulándose a lo largo de toda su vida, y que además fueron construyéndose según la propia manera de reflexionar de cada uno. Por eso jamás podremos comprender qué pasa en la mente de los demás, o por qué, o cómo. Debido a esa incomprensión es que debemos ser cuidadosos, porque no sabemos qué mínima palabra, expresión o gesto que llevemos acabo podría anudar o desanudar de manera peligrosa esas cadenas de pensamientos, así como también podría hacerlo de manera beneficiosa. Los sentimientos dependen mucho de esos pensamientos, y la salud depende mucho de los sentimientos. Creo que cosas como los gritos, los comentarios sarcásticos o burlones, y las verdades en estado bruto son las maneras más peligrosas de tratar a alguien. Cualquier falta de respeto también es peligrosa.
Cariño. Suavidad. ¿Qué tanto nos cuesta comprender esas palabras, y el impacto que podrían tener en el mundo, en las personas que nos rodean, si llenáramos nuestras acciones con ellas? Ni nos imaginamos cuánto más llevadero podemos hacer el día de alguien con una simple sonrisa al cruzarlo en la calle, o con un pequeño cumplido (siempre sincero) o reconocimiento a cualquier virtud que demuestre, por pequeña que sea. A veces las personas hacen muchas cosas buenas o bien, y que alguien se los reconozca es como darle un poco de energía nueva para que continúen así, o incluso para que mejoren; muchos pueden rendirse si ven que nadie parece darse cuenta de lo que hacen, porque así reciben la sensación de que no están haciendo nada útil.
No estoy hablando de alabanzas y adulaciones, sino de respeto, amabilidad, y sinceridad. Si pensamos algo bueno de alguien, si alguien significa algo para nosotros, ¿por qué no hacérselo saber? Tal vez no lo necesite, pero tal vez sí, y tal vez no le importe, pero tal vez le haga bien, y fuese como fuese, de cualquier manera sí nos haría sentir bien a nosotros expresarlo.
Tratarnos bien. Intentar no lastimarnos, o lastimarnos lo menos posible. ¿Tan difícil es? Realmente sí. Quizá no estemos preparados para actuar de esa manera, pero aún si nuestro cuerpo y nuestra mente estuvieran diseñados para sobrevivir sin importar la supervivencia del otro, ¿por qué no cambiar eso? ¿Dónde está el libre albedrío del que tanto nos enorgullecemos si en realidad nunca contradecimos a la naturaleza? Quizá tratándonos bien no necesitemos muchas otras cosas, y la ciega avaricia que gobierna a tantas personas hoy no nos llenaría de problemas a nivel mundial.
Yo no sé lo que piensan los demás, pero aún si somos sólo dos o tres "tontos" los que queremos vivir así, aún si soy yo el único "idiota" que quiere dejar la menor cantidad de "mierda" posible al pasar por este mundo, voy a esforzarme por lograrlo, porque quisiera que este mundo fuera un sitio mejor, y esa es mi manera de transformarlo, o en otras palabras, mi patético "granito de arena" para intentar mantener satisfecha a mi conciencia.
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viernes, 1 de noviembre de 2013
martes, 15 de mayo de 2012
El Tiempo
El tiempo es una de las herramientas para la manipulación humana más ambiciosas que jamás podría inventarse. No puede ser visto (pues en realidad no existe), pero es tan fácil de representar (relojes) que terminamos creyendo en él sin la menor pizca de valentía para contradecirlo o refutarlo.
Con el tiempo incrustado de manera irreversible en nuestras mentes (una vez insertado en nuestras ideas, JAMÁS puede ser removido... O si encuentran una manera de hacerlo, por favor denla a conocer) nos dicen a qué hora comer, a qué hora dormir, cuándo debemos sentirnos viejos, cuándo somos jóvenes... Toda nuestras vida gira alrededor del tiempo; de los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses...
¿Qué clase de vida llevamos? ¿Lo natural no sería comer cuando se tiene hambre y dormir cuando se tiene sueño? Exploto estos dos ejemplos porque son los más comunes y sencillos de comprender.
Tenemos 5 años y debemos ir al jardín; tenemos 15 y tenemos que estar en la edad del pavo; tenemos 20 años y debemos ir a la universidad; tenemos 25 años y tenemos que estar trabajando; tenemos 30 años y tenemos que estar casados; tenemos 40 años y ya tenemos que dejar de hacer deportes; tenemos 50 años y tenemos que ser abuelos; tenemos 60 años y tenemos que ser viejos con poca movilidad; tenemos 70 años y tenemos que esperar la muerte sin molestar a los demás... Millones de "reglas" estúpidas (que vaya a saber quién las inventó) van tomadas de la mano con el tiempo, una creación casi involuntaria del ser humano para sentirse en algún lugar, para sentir que sus recuerdos son reales y que su vida tiene un pasado y un futuro. El poder de este farsante llega tan lejos que incluso transforma las palabras que utilizo para nombrar su inexistencia: "fui", "soy", "seré"... El tiempo también manipula nuestro lenguaje, y eso hace muy pero muy complicado eliminarlo de nuestras vidas.
Vivimos pendientes de la dirección en que apuntan las manecillas del reloj y creemos que tenemos controlados todos los momentos, que hay cosas que ya hemos hecho y otras que estamos por hacer. Creemos que antes del presente estuvo el pasado y luego vendrá el futuro, pero estas dos entidades creadas por el tiempo son tan inexistentes como él. ¿Alguna vez han vivido el pasado? ¿O el futuro? ¿Alguna vez se salieron del presente para echarle un vistazo a lo que hicieron o estaban por hacer? De ese famoso triunvirato (pasado-presente-futuro), sólo existe la palabra del medio, porque a diferencia de "ahora" (palabra que puede ser considerada como su sinónimo), no guarda relación alguna con el tiempo, sino que en realidad se refiere al acto de "estar", de "ser"...
miércoles, 6 de julio de 2011
El Destino
Debería estar estudiando para la prueba de Historia de mañana, pero en lugar de eso, prefiero y estoy escribiendo cómo hoy una de las únicas tres personas de las cuales me considero amigo (más allá de que ellas me consideren a mí un amigo o no), y a la cuál más quiero acercarme, me preguntó si creía en el destino… qué era el destino para mí…
Para mí, el destino simplemente es la consecuencia de las decisiones que tomamos.
Es como esos libros que quizá de niños hayan leído, esos en los que el protagonista eres tú y al final de la página debes tomar una decisión para ver a cuál página debes avanzar, si a la 15 o a la 24. Creo que el destino es así, millones de destinos al final de millones de caminos. Nosotros caminamos a través de los caminos, nos detenemos en algún sitio, avanzamos más rápido en otros, hacemos lo que sea, incluso cambiarnos de camino.
El destino es lo que está por venir. Eso significa que depende totalmente de lo que está en este momento.
Pero es bien cierto que muchas cosas que no dependen de nosotros mismos pueden llevarnos a un destino diferente del cual forjamos. Esto es porque debemos aceptar que no somos el centro del Universo (no singularmente al menos), es decir, hay millones de destinos ajenos, es imposible que no se crucen, hay millones de acciones y reacciones. Ejemplo, mañana tengo que pasear con un amigo en bicicleta por el campo, ese es mi destino. Sin embargo, llueve y no podemos hacerlo. ¿Nuestro destino era que no paseemos ese día en bicicleta por el campo? Relativamente, no. Nuestro destino sí era pasear ese día en bicicleta por el campo, pero como el destino depende completamente del ahora, se vio alterado por la lluvia, una simple casualidad, consecuencia de una o millones de cosas.
Somos millones de personas en el mundo, por lo que es muy posible que nuestros destinos se vean influenciados por otros. Se me ocurrió una manera muy gráfica de explicarlo: si tenemos muchas pelotas botadoras en la cima de unas escaleras, y las tiramos por los escalones, algunas irán chocándose entre sí, y otras puede ser que no. Los destinos de nosotros los humanos, son como esas pelotas.
¿Han oído hablar del “Efecto Mariposa”?
El Efecto Mariposa sugiere, de una forma muy sintética, que el más mínimo cambio en un sistema puede provocar resultados completamente diferentes a los esperados o planeados anteriormente. Es decir, puedo crearles el siguiente ejemplo del mismo día:
- Un hombre se levanta a las seis.
- Desayuna, se lava los dientes y se va a trabajar.
- En el camino ve un vagabundo y pasa por el frente de él con indiferencia.
- Llega a su trabajo y su compañero le pide dinero para la máquina expendedora. Él se lo da.
- Termina de trabajar con normalidad y a las trece está de vuelta en su casa.
- Almuerza con su familia y duerme una siesta.
- Despierta y lleva a sus hijos al zoológico, como lo había prometido.
- Regresan a las veintiuna horas, cenan y van a dormir.
Ahora, el mismo día y el mismo hombre, pero que toma una pequeña y “trivial” decisión diferente.
1. Un hombre se levanta a las seis.
2. Desayuna, se lava los dientes y va a trabajar.
3. En el camino ve un vagabundo y le da una moneda.
4. Llega a su trabajo y su compañero le pide dinero para la máquina expendedora. Él ya no tiene ninguna moneda, y su compañero se enoja.
5. Él hombre reacciona, lo insulta sin palabras fuertes pero sí irónicas, y el otro lo empuja.
6. Al final de la jornada, ambos son regañados por el jefe y se van cinco minutos después que los demás.
7. En el camino es testigo de un asalto. Llama a la policía y debe declarar.
8. Llega a las quince a casa y ya todos han comido. Come solo.
9. Su siesta comienza más tarde de lo usual y se queda dormido, olvida llevar a sus hijos al zoológico.
10. Se despierta y encuentra una nota: Su esposa llevó a los niños al zoológico.
11. A las veintidós recibe un llamado de la policía. Su familia tuvo un accidente de tránsito.
Puede parecer exagerado, pero así es como se van forjando nuestros días, nuestra vida.
El hecho de que los destinos de distintas personas se crucen inevitablemente, deja una clara oportunidad para pensar que todo ya está escrito, pero no. Esos cruces son la consecuencia de lo que se escribió antes.
Sí, esta es una respuesta mucha más explicativa que la que le di a esa persona tan importante para mí, pero la próxima vez que pregunte, ya tendré un poco más ordenadas mis ideas…
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