lunes, 25 de julio de 2011

La Ducha de la Mañana

Estaba duchándome, y comencé a lavarme el cabello. Cerré mis ojos para que el shampoo no entrara a mis ojos, y cuando los abrí, estaba en medio de la calle Skeppsholmsbron, justo en frente del Museo Nacional  en la ciudad de Estocolmo. No entendía nada y abrí tanto mis ojos que se me podrían haber salido… intenté calmarme y lo primero que hice fue pedirle el sobretodo a un hombre que pasaba…



El hombre soltaba palabras y palabras, igual que yo, pero cada vez caíamos más en la desesperación al no entender ni una sola sílaba del otro.
Alrededor la gente seguía caminando indiferente, exceptuando algunos que torcían el cuello para ver mis piernas desnudas temblar. El cielo estaba tiernamente soleado, acompañado de algunas nubes brillantes y blancas, pero hacía frío. Mucho frío.
El hombre miró su reloj y se fue luego de tocarme el hombro y regalarme su sobretodo. Yo supongo que me lo regaló.
Caminé por el helado concreto recordando la cantidad de veces que soñé con estar en un lugar lejano como este. Tal vez todo fue demasiado extraño, y mi posición no era la mejor, pero cuando me acostumbré al sentimiento de embarazo y frío, comencé a disfrutar el manto de la luz solar sobre los edificios y las personas, las plazas y los vehículos, incluso la brisa congelante y húmeda.
Me sentía en un verdadero sueño… un sueño fabuloso…
Regresé a la realidad cuando un policía me detuvo. No entendí nada de lo que dijo, y con mi escaso inglés intenté comunicarme.
— I speak Spanish… I don't know your language.
Por algo el inglés es el idioma más popular, y por eso (y tal vez suerte), el policía lo hablaba. — Are you British?
— No. I’m lost.
Y entonces, una frase en español desacomodó mi mente:
— Yo te ayudo.
Fruncí mi ceño y volví a separar mis párpados como para romper el récord mundial. El policía buscó en sus bolsillos, y sacó un pequeño pañuelo negro. Arrojó más confusión sobre mí. Me cubrió los ojos con el trozo de tela, y luego me dejó ver otra vez.
Un dolor agudo apareció en mi cabeza y mis ojos miraban derecho al cielorraso. 

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