viernes, 5 de agosto de 2011

Mala Suerte

  Estaba acostado en el patio trasero de mi casa, contemplando la luna creciente justo sobre mí y disfrutando la compañía de mis mascotas y mi MP4. Estaba escuchando algunas canciones que agregué hoy a su lista de reproducción, más exactamente, “Haunted”, de Taylor Swift, y fue cuando lo vi: Un pájaro (no pregunten el nombre porque no tengo la más remota idea, soy un completo ignorante del tema “aves”) volaba tranquilamente cuando de pronto, como succionado por un remolino, cayó dando vueltas y vueltas hasta terminar en el techo de chapa de la casa de mi abuela, que está junto a la mía.
   Me levanté un poco confundido. Sin pausar la música y con mi reproductor en mi puño, me subí a una mesa para explorar visualmente el techo. Vi una figura ovalada y gris con una base oscura; supuse que era el pájaro, pero no estaba completamente seguro, así que bajé a recoger una pequeña piedrita y la lancé. Efectivamente, era él. Aunque sólo movió la cabeza, vi su pico.
  Volví a bajar de la mesa, y esta vez, pausando la música, busqué la escalera y subí lenta y cuidadosamente al techo. Él (podría ser “ella”, pero estoy refiriéndome al sustantivo “pájaro”) continuaba moviendo la cabeza, intranquilo con mi presencia.
   Mentiría si dijera que tenía la esperanza de que me esperara tranquilo en su sitio mientras me acercaba cautelosamente porque es cierto que en ningún momento pensé que podría suceder, pero es verdad que soñaba con que lo haga, y con poder tomarlo en mis manos y sentir la suavidad de sus plumas.
   Cuando vio que mi idea era claramente llegar a él, agitó sus alas y comenzó un vuelo forzoso. Fruncí el ceño al verlo alejarse hacia la calle y perderse por detrás de un árbol en un camino que subía y bajaba. Bajé lo más rápido que pude, estaba preocupado por que cualquier idiota lo agarre y le haga algo malo para satisfacer a su risa y a sus degenerados pensamientos, o algún automóvil lo pise sin darse cuenta.
   Llegué a la calle y suspiré soltando también una sonrisa al verlo en la rama del árbol, tan tranquilo como lo estaba antes en el techo.
   Así como enfermó, de la nada, seguramente se sanaría, y en realidad no podía hacer nada por él, así que lo contemplé unos segundos y me marché...

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