martes, 23 de agosto de 2011

Pasaje De Ida


  Recuerdo haber estado observando las nubes con la cabeza sobre tus piernas y haber estado abrazados viendo pasar toda la tarde en aquel banco, pero cuando lo recuerdo un poco más, recuerdo que nada de eso fue real. Entonces, elevo un poco más mis cejas y me percato de que también fueron sólo fantasías esas risas desde el sillón frente al televisor y tu sonrisa frente a mi puerta diciendo “Feliz cumpleaños, mi vida…” ese enero.
  Ahora me doy cuenta, lo único real de nuestra relación son las lágrimas que no dejan de caer desde mis ojos. Tal vez no seamos la pareja perfecta, pero si todas esas palabras se hubiesen quedado en mí, y todas las otras hubiesen salido, quizá en este momento podría estar contando cómo paseamos por toda la ciudad con los dedos entrelazados.
 Cada vez que mis labios se mantenían juntos y mi cuerpo inmóvil, alejado de ti cuando mi mente suplicaba a gritos que me acerque, fui colocando hábilmente un ladrillo. Después de tanto tiempo, una imponente muralla me rodea y no puedo salir… Pero no importa qué tan grande, alta, gruesa o dura sea, yo soy el único debilucho que no puede atravesarla… la más suave, delicada y cálida mano podría simplemente apoyarse sobre ella y esta simplemente se desvanecería como la arena de un reloj… una de las tuyas, seguramente sería perfectamente efectiva…
  Ya no tengo retorno… he tomado tantos trenes y aviones al mundo de los sueños, que ya no sé cómo salir de este mundo ideal y regresar a la realidad… Dentro de esta muralla, sólo se venden pasajes de ida…

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