Desde el momento en que vi por primera vez un video de un chico parado en medio de la ciudad, sin trasladarse mientras a su alrededor docenas de personas simplemente lo esquivaban, tal vez sin siquiera percatarse de que era una persona, quise hacerlo. Él tenía sus brazos elevados, y en sus manos sostenía un cartel muy simple que decía "Free Hugs" ("Abrazos Gratis", en español). Me propuse hacer lo mismo, a ver qué se sentía en la experiencia. Sin embargo, pensaba hacerlo recién el año que viene, cuando me marchase a la ciudad, pero hace unas semanas, hablando con una compañera de clase (creo que ella no se sentiría cómoda si le digo "amiga", pero yo soy su amigo), ella me dijo que alguna vez le gustaría hacerlo también, y que alguna vez definitivamente lo haría. Yo aproveché la oportunidad y la invité a que lo hiciéramos juntos (la vergüenza que produce la timidez es menor cuando se comparte; es más llevadera que tener que cargar con toda tú mismo, creo). Hoy, viernes 19 de julio (2013), finalmente lo hicimos.
Salí de mi casa a las 8:55 de la mañana, porque a las 9 debíamos encontrarnos en la plaza. Llevaba mi pequeño cartel enrollado en mi bolsillo canguro, y realmente no quería hacerlo. Tenía mucha, demasiada vergüenza de caminar por la calle, en frente de la gente, con aquel cartel extendido entre mis manos. Anduve por la plaza deseando que ella no se atreviera a venir, y cuando estaba a punto de regresarme con el estómago dado vuelta por la inseguridad, ella apareció en una esquina, a las 9:10. Entonces no hubo remedio, porque debía cumplir con el trato. Tuve que enfrentar mi miedo, pues, al fin y al cabo, era algo que tenia muchas ganas de experimentar.
Desdoblé mi cartel tomando un poco de la valentía que ella dejó ir al desdoblar el suyo, y empezamos a caminar, cada uno por un lugar diferente. Aunque es un pueblo pequeño, no demoré en cruzarme con la primera persona: era un hombre ya anciano, alto, de rostro serio; noté que leyó mi cartel, y al instante desvió la mirada, su rostro se hizo más serio y agachó la cabeza para encender un cigarrillo. Estaba claro que no iba a abrazarlo. La siguiente fue una mujer anciana, que me saludó con expresión seria y siguió camino. Después me crucé con dos jóvenes, un chico y una chica; él leyó mi cartel y se sonrió, y en seguida le dijo "dale, abrazalo, dale un abrazo al chico", pero ella se negó.
Cuatro personas y ningún abrazo, pero finalmente, incluso cuando estaba a unos treinta metros, supe que la quinta persona me abrazaría: era una chica de aproximadamente mi edad, tal vez un poco menos, que vio mi cartel y empezó a reír. Su timidez casi la hace pasar de largo, pero a último momento me atreví a preguntarle directamente "¿querés un abrazo"?, y ella dijo "bueno" torciendo la cabeza, y entonces, al fin, tuve mi primer abrazo de la mañana (la cual por cierto estaba muy fría, ideal para abrazar). Desde ese momento hasta ahora, no he perdido la sonrisa. Vaya, qué incontrolables ganas de sonreír me quedaron después de ese primer abrazo. Supongo que ese es el fin principal de la experiencia: alegría en estado puro, genuina, casi infantil, que parece no tener ningún sentido.
Luego me crucé con más personas, pero ninguna me abrazó. Una de ellas, al ver mi cartel, se cambió de vereda. Después acerqué a unas mujeres que estaban limpiando una iglesia y les ofrecí un abrazo: una de ellas se rió mucho, pero la otra me miró seria y me preguntó "¿para qué?", y casi sin detenerse a escuchar mi respuesta ya se alejó.
En fin, los únicos abrazos que recibí fueron los de aquella chica y el de Noe, mi compañera de dar abrazos, que ciertamente tuvo más suerte, y dio como diez. Pero no se trata de "recolectar" abrazos o algo así, sino simplemente de dar los tuyos, y recibir otros a cambio. Mis dos abrazos son todo lo necesario para alegrarme el día.
Volveré a repetir la experiencia cualquier día de estos. Vale la pena hacerlo, se pasa un momento muy lindo.
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viernes, 19 de julio de 2013
Abrazos Gratis
domingo, 9 de junio de 2013
Tarea de Filosofía
La siguiente es una improvisación que escribí para cumplir con una tarea del colegio, para la asignatura Filosofía.
Desde mi punto de vista, todos los seres
vivos son en dos partes: una es su forma de ser, y la otra su manera de ser.
La forma de ser sería su cuerpo, y la manera
de ser sería su comportamiento. Sin embargo, muy generalmente, definimos la
identidad de los seres según su cuerpo más que su comportamiento; es decir, a
un individuo con cuerpo de león que come sólo hierbas, por ejemplo, seguiríamos
considerándolo un león, aunque su comportamiento sea ajeno al de tal. Esto se
debe a que la manera de ser de cualquier tipo de individuo, no depende sólo de
su forma, sino también de su entorno, de los demás seres vivos e inertes que lo
rodeen.
Para empezar a hablar específicamente del
hombre, me parece conveniente hacer una distinción entre lo que es realmente un
“hombre” y lo que es en realidad un “humano”. Entonces, podría decir que el
“humano” es el homo sapiens en su estado más natural, el ser que busca la
manera de sobrellevar y disfrutar su vida entre todos los demás seres del
universo; y el “hombre” es el homo sapiens alejado de su estado más natural,
incorporado plenamente al estilo de vida de la gran sociedad.
El humano no es necesariamente un homo
sapiens aislado en medio de la selva, el desierto o las planicies, como un
animal salvaje más. Es un ser que comprende su diminuto puesto en medio de la
naturaleza, que entiende y acepta que es tan sólo un individuo más. Su egoísmo
no va más allá del necesario como método de supervivencia, pues sin él todos se
sacrificarían prematura e incoherentemente.
El hombre es el homo sapiens que, dándose
cuenta o no, por decisión propia o no, ha dejado de verse (o nunca se vio) como
un simple ser más de la naturaleza, y esto lo lleva a considerar que su puesto
en el universo es jerárquicamente más elevado que el de los demás. Su nivel de
egoísmo supera el necesario para la supervivencia, y por ello se vuelve
codicioso y calculador. Vive en sociedad porque esta puede ofrecerle una vida
más sencilla, y la utiliza como un medio para lograr las riquezas que anhela
(puede haber algunas abstractas entre ellas).
Entonces, lo que hace tan diferentes al
hombre y al humano, es su nivel de egoísmo. A partir de este, la manera en que
ven y viven la vida cambia por completo. Tienen objetivos y métodos diferentes.
Pero no debe haber confusión. No estoy
diciendo que uno de los dos es bueno y el otro es malo, o uno es mejor y el
otro es peor, sencillamente se trata de dos seres diferentes, porque, aunque
comparten su forma de ser (cuerpo), sus maneras de ser (comportamiento) son
ampliamente distintas.
Así queda claro que el comportamiento
mantiene cierta independencia del cuerpo, pues dos seres con el mismo cuerpo
pueden comportarse de manera totalmente diferente, pero, ¿hasta qué punto llega
esta independencia? Me refiero a más allá de los condicionantes físicos claros
(por ejemplo, un cuerpo sin alas no va a volar y un cuerpo sin extremidades no
va a caminar), a si esta “manera de ser” es algo así como una entidad que se
acopla a la “forma”, lo que algunos podrían llamar alma, o espíritu, o mente, o
esencia, o lo que fuese. Este es un asunto que sobrecarga mi cabeza cuando lo
pienso, y creo que nunca llegaré a una conclusión que me convenza.
Cuando me detengo a pensarlo, siento que
junto con la forma, la manera se acaba (mueren), pues esta podría ser sólo un
complejo sistema de reacciones químicas y eléctricas dentro del cuerpo, pero
debido a experiencias personales, se me hace imposible no considerar la
posibilidad de que una manera emigre de una forma a otra (lo que algunos llamarían
“reencarnación”, pero no me gusta usar conceptos como ese, pues las personas
les dan más significados de los que en realidad tienen, o sencillamente cada
uno los ve de una manera diferente, y casi siempre se generan malentendidos).
Es posible que la “manera de ser” se
encuentre conformada por un material miles o millones de veces más pequeño que
una partícula subatómica; una sustancia que podría pasar desapercibida para la
ciencia durante muchos siglos más. De esta manera podría pasar de un cuerpo a
otro, pero esta transmigración parece algo demasiado inverosímil: ¿cómo
sucedería? ¿en qué momento?
Por ahora, sólo puedo sostener que esta
manera es una consecuencia de la forma, algo que ocurre dentro del cuerpo y que
deja de ocurrir cuando el cuerpo deja de funcionar.
sábado, 18 de agosto de 2012
El Humano
El mundo de los humanos está tan demacrado porque se
comete el absurdo error de creer que el humano es un ser sociable.
No conozco la realidad de los demás, pero aún así me
atrevo a decir que el humano es uno de los animales más egoístas. Es fácil darse
cuenta, ya que cree que tiene el derecho de matar a cualquier mosca o mosquito
que anda a su alrededor sólo porque le molesta su zumbido, o el de comerse a
cualquier otro habitante de la Tierra; también cree que su vida vale más que
cualquier otra, se trate de una diminuta hormiga o de algo mucho más grande que
él, como un elefante.
El humano es capáz de generar y reproducir hasta los
sentimientos más inimaginados en el mundo natural, como el odio, la envidia, la
avaricia, el orgullo; y también puede cometer actos irrisorios que a ningún
otro ser sobre la Tierra podrían ocurrírseles, como el infligir dolor/asesinar
por placer y mentir.
Claramente en esto se basan todos los problemas de la
sociedad. ¿Cómo un ser tan egoísta puede pretender vivir en comunidades
numerosas? Una sociedad numerosa sólo da lugar a competencias disparatadas y
compulsivas, ya que las personas también tienen una fascinación por las
comparaciones; el humano se pasa comparando todo: las cosas, las personas, los
otros animales, y hasta a ellos mismos. Y lo peor no es eso, sino que también
se dedica a calificar, y al ser tan egoísta siempre quiere ser superior a los
demás. Entonces, en la búsqueda de esa supuesta superioridad es donde aparece
el odio y el desprecio, y todos los demás sentimientos que surgen de estos.
Las pruebas de que las comunidades más pequeños son
las más convenientes para una especie como la humana no sólo se encuentra en la
actualidad (los pueblos/aldeas pequeño/as prácticamente nunca sufren la
delincuencia, y sus habitantes viven en paz con la naturaleza), sino que
también en el pasado: las tribus aborígenes de América que vivían en grupos
pequeños subsistían sin molestar a nadie, eran generosas y hospitalarias (más
allá de que seguramente tenían sus defectos), pero las “civilizaciones” más
numerosas e “importantes”, como la azteca y la inca, eran tan o más violentas y
sanguinarias que las europeas, sometiendo y esclavizando (además de asesinando
y mutilando) a las tribus más pequeñas.
Con esto no estoy intentando decir que el humano es
la peor criatura sobre la Tierra (más allá de que realmente lo sea),
simplemente quiero dar mis argumentaciones por las cuales creo que puede vivir
mucho mejor si se organiza en grupos pequeños, y no en ciudades enormes. Y al
referirme al humano en tercera persona no pretendo aparentar ser superior al
resto, sino ser objetivo, ver la realidad como espectador y no como
protagonista, ya que creo que no hace falta que diga que también soy humano.
lunes, 19 de marzo de 2012
Me Entrego...
Es hora de decir adiós, no importa que nunca haya dicho hola. Los días pasan y pasan y mi estado no cambia, mi alrededor sigue girando lentamente, esperando a que yo ponga un pie en su interior, pero yo no lo hago. No sé si lo evito porque estoy aterrorizado o si simplemente no puedo evitar no evitarlo. Lo único que sé es que en mi interior puedo sentir millones de cosas, desde la soledad hasta el más profundo odio, pero tal vez aquella cita que oí en una película tenga razón; “el amor no es un sentimiento, es una habilidad”, una extremadamente complicada, una que nunca he tenido y que seguramente jamás tendré. El amor está demasiado lejos de mí, no es algo que pueda crear, y mucho menos nacer desde lo más profundo de mí.
He vivido ya más de una década y media y nunca he hecho nada por nadie, ni siquiera he llorado cuando seres que se supone amaba partieron y me dejaron un poco más solo aquí en la Tierra.
Puedo soportar ser un inútil escribiendo, cantando, componiendo, dibujando, bailando, actuando, creando historias, puedo soportar carecer de hasta el más mínimo talento, pero no tener la habilidad de amar agrega una dosis tétrica de amargura a la vida que no puedo soportar. Puedo soportar que no me amen, que me desprecien, que me odien o que me ignoren, pero ya no puedo soportar no amar a nadie.
Es odioso no amar a nadie, y aún así querer continuar viviendo… ¿Por qué sigo vivo? ¿Por qué aún estoy aquí si no tengo nada que proteger? ¿Por qué estoy aquí si mi existencia no está influyendo en nada ni en nadie? ¿Por qué amo la vida a pesar de que me siento solo tanto tiempo? Tal vez sea por el Sol, él siempre está allí, alumbrando incondicionalmente. Tal vez también sea por las nubes, que siempre están flotando sobre mí y de vez en cuando me refrescan con su lluvia. Tal vez sea porque me encanta correr y sentir el viento sobre mi rostro. Tal vez sea porque es maravilloso sentir la tierra o el césped en las plantas de mis pies y entre mis dedos. Tal vez sea porque no importa que tan oscuro esté un lugar, siempre hay aunque sea un punto de luz escondido en algún sitio, esperando ansioso por alumbrarlo todo.
¿Lo intenté? No lo sé… cinco años creí amarla, cinco años creí que ella podría ser la persona que inculcara esa increíble habilidad del amor en mí, cinco años viví creyendo que tenía una razón por la cual levantarme de la cama en la mañana. No la amo, eso es obvio, porque nunca me he esforzado por demostrarlo, nunca he estado donde ella necesitaba una mano y siempre me he quedado callado cuando debía gritar.
Soy un completo fracasado, como una planta que no da frutos, ni sombra, ni flores, y ni siquiera deja proteínas al suelo…
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