Cuando voy caminando por la calle y me encuentro con una
persona, por ejemplo, sin piernas, acomodada en un rincón tan sucio como su
cuerpo, esperando recibir alguna limosna (ayuda efímera que no sirve para
solucionar el problema, sino para maquillarlo durante un tiempo mínimo), tengo
sensaciones encontradas: por un lado, siento que lo humillo, con mis posesiones
materiales que tanta comodidad me dan, con mis piernas que tan bien andan; pero
por otro lado, me siento humillado yo, porque recuerdo algunas personas cuyas
historias conocí en algún libro, en algún programa de televisión o alguna
página de Internet, que sin tener piernas, hicieron muchas más cosas que yo, y
pienso “este tipo tiene más posibilidades de humillarme, más posibilidades de hacerme
sentir menos, de las que yo tengo de hacerlo sentir menos a él”. Y paso,
simplemente paso caminando, sin mirarlo.
Mostrando entradas con la etiqueta emociones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta emociones. Mostrar todas las entradas
miércoles, 16 de abril de 2014
sábado, 21 de diciembre de 2013
Ideales. Personas. Pensamientos. Sentimientos. Deseos. Sentimientos Otra Vez.
Si mis ideales me alejan de
las personas que más quiero, ¿qué debería pensar? ¿Debería reconsiderar mis
ideales y suprimirlos, o cambiarlos por otros para ser más compatible con esas
personas que podrían alejarse? ¿O debería pensar que simplemente mis
sentimientos no son correspondidos, y si no me aceptan como soy, aunque los
quiera, en realidad esas personas no son las adecuadas para mí? Ambas opciones
son dolorosas, ambas destruyen una parte importante de mí, pero a veces no hay
opciones cómodas o fáciles, y las cosas deben ser como deben ser, y ya.
Una característica mía
siempre fue la de ser un “desligado”, tanto con las cosas como con las
personas, y me adaptaba rápida y fácilmente a las ausencias, lo suficiente
incluso como para creer que ni siquiera tenía sentimientos. Ahora me duele
alejarme de alguien que aprecio tanto; me duele saber que no puedo hablarle
más, que no puedo escucharla, que no puedo compartir más nada con ella, que
simplemente dejamos de ser lo que éramos, que convertimos todo lo nuestro en
simples e intangibles recuerdos.
Siempre me molestó no sentir
eso, siempre deseé eso de tener la sensación de que realmente necesitas a la
otra persona, porque me parecía una prueba irrefutable de la existencia de
sentimientos en tu ser, y ahora, como el típico tonto que quiere lo que no
tiene, me arrepiento de haberlo deseado, de haberlo buscado, y de haberlo
encontrado. Siempre pensé más de lo que sentí, pero ahora es como si casi no
pensara, como si me hubiese dejado llevar totalmente por los sentimientos, y
ahora estoy a la deriva.
Ahora es como si naufragara
entre sentimientos, pero antes he naufragado en pensamientos, y ciertamente
ambos naufragios son angustiantes, pero prefiero este, porque es más hermoso.
Ya me cansé de pensar. Sí, hace tiempo que me cansé de pensar; era este
sufrimiento tan ilógico e irracional lo que estaba buscando, un sufrimiento poco
civilizado y más humano, porque es más salvaje, más puro, más genuino, no está
calculado. Todo esto es algo nuevo para mí, algo que antes creía inalcanzable,
y aunque suene contradictorio (porque tal vez así lo sea), lo estoy
disfrutando, porque si bien duele, no deja espacios vacíos, como sí lo hace el pensamiento,
que todo el tiempo está haciendo preguntas, y luego más preguntas acerca de las
preguntas anteriores y sus respuestas.
Pero regresando, ¿qué debo
hacer con esas personas que quiero y mis ideales alejan? ¿Qué debo hacer con
esos ideales que alejan a esas personas que quiero? Mis ideales son de las
cosas en las que más confío, me dan mucha seguridad, e incluso estoy orgulloso
de ellos, porque creo que son un equilibrio entre el pensamiento y los
sentimientos, y no es cosa fácil encontrar el equilibrio, el punto medio entre
los extremos, principalmente para personas como yo. Y las personas que quiero
son las que hacen más interesante mi vida, las que le dan esperanza, ilusiones,
las que me salvan de la locura de la soledad, en el sentido negativo de la
palabra.
¿Por qué siempre hay que
elegir? ¿Por qué siempre las cosas tienen que ser como tienen que ser? Tal vez
lo más emocionante de esta vida sea luchar para que las cosas sean diferentes a
como se supone que tienen que ser; tal vez la solución es ser caprichosos y
buscar que el mundo sea el mundo que nosotros queremos; tal vez lo más
asombroso y hermoso no son las cosas que nos han dado o que nos encontramos en
este mundo, sino las que hemos transformado, a gusto o disgusto…
domingo, 29 de septiembre de 2013
Llévame
En ese momento en que tomas mi muñeca, dejo de ser yo.
Miro sorprendido tus pupilas uniéndose a las mías, y me disuelvo en ese roce
tibio y suave que tus dedos me regalan casi sin darse cuenta. Mis pensamientos
desaparecen de mi mente en una especie de somnolencia, pero en ningún otro
instante me siento tan despierto o consciente de que estoy en la realidad.
Con ese pequeño gesto me llevas hasta ti, y no ofrezco
ninguna clase de resistencia o vacilación, me entrego completamente a ti, como
una hoja que ya perdió su puesto en el árbol y viaja por el aire según los
encantos de la brisa, porque no tengo un lugar que me esté llamando o alguno
que esté esperándome, un lugar al cual quiera ir, pero todos los lugares serán
el lugar más hermoso si eres tú quien me lleva ahí.
Si tomas mi muñeca te vuelves mi única alternativa, mi
único camino, y puedo seguir cada uno de tus pasos porque eres la única persona
a la que quiero querer mientras aún pueda querer a alguien, la única persona a
la que quiero extrañar cuando suelte mi muñeca.
Quiero aprovechar este instante mientras dure, porque
cuando se vaya tal vez regrese lo suficientemente tarde como para no
encontrarme…
jueves, 24 de enero de 2013
Obsesión
No
necesito que me ames. Al mirarte, tu reflejo se esculpe en la humedad de mis
ojos, como una gran silueta de luz, y eso me basta para sentir que eres parte
de mí.
No
necesito que me ames. Al estar cerca de ti, cualquier brisa acerca amablemente la
fragancia de tu piel y tu cabello hasta mí, y puedo dar una gran aspiración
mientras cierro los ojos y lleno mis pulmones de ti, lo que oxigena y renueva
mi sangre. Eso me basta para sentir que eres parte de mí.
No
necesito que me ames. Puedo escuchar claramente tu voz, incluso cuando no me
habla a mí, como una tierna y serena melodía que me hace sonreír, como un dulce
y memorable susurro que crea escalofríos de encanto. Eso es suficiente para mí.
No
necesito que me ames. Por las noches, tu idea viene a sanar mi insomnio, y sus
dedos juegan suavemente con mis cabellos hasta que me quedo dormido. Pero luego
sigue ahí, sonriendo a mi lado, hasta asegurarse de que despierte con una
genuina sonrisa, como la suya. Eso me basta, en serio.
No
necesito que me ames, porque te amo, y el amor es desinteresado, filántropo,
altruista, se da sin esperar devoluciones o cambios equivalentes.
Con
tu amable saludo cada mañana y tu cándida despedida cada tarde, es suficiente
para mí, lo juro. Con rozar las puntas de tus dedos cada vez al alcanzarte
algún objeto, es suficiente, en serio. Con verte acomodar ese persistente
mechón tras tu oído, una y otra vez, es suficiente. Con saber que estás cerca
de mí, a tan sólo unos pasos, y poder saltar a ayudarte si necesitas algo o poder
correr a protegerte si estás en peligro, es mucho más que suficiente para mí…
Es todo lo que necesito…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
