martes, 24 de julio de 2012

La Flor Que Vimos Aquella Vez

 Muchas veces decimos querer o amar a alguien, pero la verdad es que lo único que perseguimos es lograr encerrar a esa persona entre nuestros brazos, mantenerla junto a nosotros para nuestro propio disfrute. Con el tiempo este amor amargo puede diluirse o intensificarse, y si no logramos nuestro objetivo, sentimos que la vida es un fraude y que ninguna otra persona vale la pena.
 Creemos que lloramos, soñamos, reímos y vivimos por el otro, pero en realidad cada lágrima que se nos cae es por nosotros mismos, por no poder succionar la felicidad de la persona. Sí, eso es lo que todos intentamos: succionar la felicidad que creemos que los demás tienen en su interior.
 Aún así, creo que todos podemos llorar las últimas lágrimas de desesperación y sonreír juntos para lograr una felicidad verdadera, para compartir nuestros abrazos de la manera más hermosa...
 Dejemos ir todo lo que creemos amar y amemos realmente, para que cuando llegue la hora de despedirnos podamos llorar lágrimas dulces mientras sonreímos...


 Con ustedes, el puente Chichibu...




sábado, 14 de julio de 2012

Cartas de Amor

 No es tan grave no haber recibido ninguna, pero si nunca has escrito una te has perdido una de las experiencias más emocionantes y memorables de la infancia y/o la adolescencia.
 Primero pasas horas pensando si la escribes o no, si realmente vale la pena hacerlo. Empiezas a escribirla sin buscar palabras demasiado complejas, tal vez sin buscar ni siquiera las palabras adecuadas, utilizando sólo las más sinceras. Cuando la tienes terminada, te das cuenta de que lo que has escrito es una completa ñoñería, y vuelves a empezar, hasta que finalmente te resignas y la dejas como está.
 Después, cuando ya la tienes lista, gastas las suelas de tu calzado pensando si se la entregas o no, imaginándote su posible reacción, con miedo, con ilusión y con ansias. Luego, cuando el momento está cada vez más cerca, el calor y los nervios se apoderan completamente de ti, sin importar la manera en que se la darás: a escondidas, cara a cara, a través de algún amigo.
 Cuando finalmente está en su poder, todos esos nervios y ese calor explotan, dejándote una extraña sensación de ansiedad y convirtiéndote en el ser más impaciente del Universo, pero ya hay cierta calma en ti, porque sin importar la respuesta, te has atrevido a enseñar tus sentimientos más lindos y profundos…
 Recuerdo perfectamente la primera carta de amor que escribí: fue en cuarto grado de primaria, para una niña que se llamaba Martina. Estuve tres días hasta que la terminé (incluí también una canción en ella), y la entregué junto a una caja de chocolates. Su cara se puso completamente roja (no quiero imaginarme la mía), y no quiso tomar ni la carta, ni los chocolates. La carta la terminó leyendo uno de sus amigos, y a los chocolates se los repartieron entre las amigas. Así es, un completo fracaso, porque aquella reacción no era motivada por una timidez extrema, sino que yo realmente no llamaba nada su atención.
 Pero también recuerdo la primera vez que fui yo el receptor de la carta: fue en segundo grado de primaria, y para mi maravillosa suerte, me la entregó la mismísima chica que me gustaba. Sin embargo, reaccioné tan estúpidamente que no puedo recordar lo que cruzaba por mi mente en aquellos instantes. Terminé de leerla, y me paré en el medio del aula; “¿Quién quiere una carta?” dije, y se las sorteé a los chicos del grado, que se burlaron todo el año de la valiente  chica por el gran corazón que había dibujado. Nunca olvidaré que escribió mal mi nombre, y en lugar de “Ángelo”, puso “Anyelo”… Por suerte, el insensible, egoísta y pervertido yo de primaria ha quedado muy atrás en el tiempo.
 Ah, y permítanme decirles que recibir una carta de amor es una de las cosas más motivadoras que pueden sucederte, sobretodo si eres como yo (padeciente de S.A.D. o de baja autoestima), porque hace que te sientas sumamente especial, inigualablemente especial, y absolutamente único…

Sensibilidad

 No existen buenas personas, no existen malas personas. ¿Qué son el bien y el mal sino una mera invención del humano, creador de la moral y la justicia, de las cuales luego se mofaría? Esta división no existe en el estado más puro de la naturaleza. ¿Por qué decimos, por ejemplo, que asesinar está mal? Aunque a mí mismo me cueste aceptarlo, no puedo pararme con una mano en el corazón y decir genuinamente que es una mala acción. Las acciones son sólo eso, acciones, y los calificativos son también una invención del humano y de su manera pasional/emocional de ver la vida (la cual me parece maravillosa); el humano le agrega sentimientos, emociones y razones a todo lo que hace y lo que lo rodea. Sólo estoy intentando deshacerme unos instantes de mi parte humana para ver todo desde un punto de vista más frío y objetivo.
 Pero en fin, si no existe el bien ni el mal, ¿cómo definimos la línea que separa lo cuerdo y aceptable de lo demente e inaceptable? Desde mi punto de vista, es muy sencillo: sensibilidad e insensibilidad. Existen personas sensibles al dolor y el sufrimiento ajeno que se esmeran en mantener bien a los seres que los rodean; y luego están las insensibles, a las cuales les da igual y simplemente buscan su beneficio sin interesarle el de los demás.
 Esta es la conclusión a la que pude llegar tras ver algo vacía y sin sentido las teorías del bien y del mal. En la naturaleza no hay reglas, en el Universo no hay normas; la vida es un bien frágil y codiciado, una lucha continua por conservarla.

miércoles, 11 de julio de 2012

Fragmentos #3

 —Ustedes jovencitos deben tener mucha energía, ¿no es así? —empezó a hablar la vieja sin que le prestara demasiada atención—. Este lugar es para ancianas como yo, que no podemos hacer nada.
 —Debe haber cosas que puede hacer —dije distraídamente.
 —Sólo puedo hacer lo que ahora: sentarme y mirar pasar el tiempo, los veranos, las nubes, los inviernos…
 No respondí nada, y cerré los ojos para intensificar la suavidad de una cálida brisa.
 —Pero esta no es una mala vida, aquí puedo disfrutar a la madre naturaleza —agregó ella.
 El perro se acercó a ella, y moviendo la cola se sentó para que empiece a acariciar su lomo. Luego se sumó Soleil, sentándose frente a la anciana y acariciando también al perro, que se llamaba Guau.
 —¿Ustedes cómo han terminado aquí, jovencitos?
 —Nos escapamos de casa —le respondió ella.
 —Mi hijo también se ha escapado de su casa, la cambió por la ciudad. Pero estoy seguro de que regresará… Todo regresa al lugar del que ha surgido. Incluso ustedes lo harán.
 —Toda regla tiene excepciones —comenté.
 —No jovencito, esa no es ninguna regla, es una verdad.
 Soleil no decía nada, mantenía su mirada baja y sus manos en el animal.
 —Oh… —expresé sarcásticamente, aunque no sé si la anciana entendió esa expresión.
 —Los años van mostrándote verdades que no puedes contradecir, no importa lo necio que seas.
 —Los años sólo son años… En dieciséis años se puede aprender muchísimo, pero la mayoría de los que han vivido esa cantidad de tiempo son unos idiotas —dije, y Soleil me miró, sabía porqué lo decía.
 —Parece jovencito, que te gusta criticar a los que saben más que tú…
 —Usted cree saber más que yo sólo porque vivió más décadas, pero no se aprende de lo que se vive, se aprende de lo que se piensa.
 —No creo que alguien sepa más que otros —se unió a la discusión Soleil—, cada uno ve el mundo desde su perspectiva.
 —No importa de dónde se vea, lo que es negro es negro.
 —Si miras el lago, parece ser de un color azul amarronado, pero si juntas un poco de su agua en tus manos, te darás cuenta de que no tiene ningún color —dijo certeramente la anciana, de manera que no la pude contradecir. Tampoco estaba intentando ganar la discusión o algo así.
 —Eso es cierto —la apoyó Soleil con una sonrisa.
 —Pero no es malo ser rebelde, puede llevarte a aprender un poco más.
 —Que conversación más estúpida —dije y me levanté—… Como si alguien quisiera aprender algo.
 Puse las manos en los bolsillos y me fui al otro lado de la casa, para estar solo, para estar tranquilo y callado.
 —¿Él es de tu familia? —le preguntó en voz baja la vieja mientras me iba, pero aún así logré oírla.
 —No, pero aunque no me guste, él es todo lo que tengo ahora —le respondió aún más bajo Soleil, pero el viento arrastró el sonido de su voz hasta mis oídos. No sé cómo explicarlo, pero como que se sintió bien oír eso.

miércoles, 4 de julio de 2012

El Iceberg A Mi Lado

 Por eso odio el invierno, porque cuando miro a mi alrededor todos están abrazándose y compartiendo su calor, y cuando volteo para mirar a mi lado, veo un iceberg que no se cansa de soplarme su helado y amargo aliento en todo el rostro y el pecho.
 No importa cuántas veces cierre los ojos ni con qué fuerza los abra, cada vez que miro hacía allí, él está ahí.
 Cuando me distraigo unos segundos, me quita los guantes y empieza a congelar mis dedos, porque no tengo ni bolsillos donde guardar mis manos. Tampoco puedo acercarme a él o cubrirlo con mi abrigo para intentar derretirlo, porque engulle todo lo que le acerco. Es un enemigo que dedicará toda su vida a acosarme, y no tengo más remedio que empezar a saltar y a sacudirme para ver si puedo neutralizar su frialdad.
 A todo mi alrededor hay sonrisas  y redes de dedos, pero yo paso mi tiempo estrellando mis dientes entre sí y cerrando los ojos para ver si en lo más profundo de mí aún queda algún sueño de pie. Mientras, parece ser que mi compañero aumenta su tamaño y disminuye su temperatura, enfriando más allá, y alejando aún más a las cálidas sonrisas que buscan escapar hacia la calidez. A este paso, cuando llegue el verano, el iceberg será invencible sin importar cuántos soles lo ataquen.

martes, 19 de junio de 2012

Cuando Estoy Contigo

 Cuando estoy contigo las palabras se vuelven mentira; con tan sólo las miradas logro entender que todo este tiempo la verdad había estado engañándome. El mundo que observaba a mi alrededor no era más que un lienzo de colores opacos.
 Cuando estoy contigo descubro que no necesito estrellas ni soles; que no es precisamente mi corazón el que bombea la sangre en mi interior, sino el tuyo. No estoy intentando ser sentimental, romántico o profundo, sólo intento ser sincero conmigo mismo.
 Cuando estoy contigo todo se siente extrañamente utópico; el mundo parece desvanecerse, pero al mismo tiempo su belleza y su tamaño aumentan. Otros mundos mucho más sublimes se mezclan misteriosa y encantadoramente con este.
 Cuando estoy contigo olvido todo mi pasado y no le temo al futuro; eres la única persona que me hace sonreír y al abrazarte siento que soy dueño del tiempo. No existen malos recuerdos y ningún futuro puede desesperarme si mantengo mis ojos en los tuyos.
 Cuando estoy contigo sencillamente desaparezco; me limito a sentirte, a escuchar tu voz y disfrutar de sus palabras tan tibias. Casi me robas la consciencia, tanta felicidad termina cegándome.

martes, 5 de junio de 2012

Receso Mental

 Aunque no he escrito demasiado y nunca he llegado a hacerlo con una calidad aceptable, ya estoy cansado de escribir acerca del amor, de la vida, de la sociedad, de los valores, de la muerte…
 Necesito escribir acerca de otra cosa para tomarme un receso mental, no hace falta que sea algo original.
 Esa es la razón por la cual voy a escribir acerca de las ventanas:
 Estos objetos tan cotidianos (o no) que van enmarcados en la pared muchas veces pasan desapercibidos, y debe ser porque fueron inventados justamente para ser ignorados, para posar la mirada en lo que hay más allá de ellos.
 Mi cuarto no cuenta con ninguna, y tal vez por eso puedo vislumbrar fácilmente lo importante que son. Aquí siento que estoy absolutamente encerrado, aislado en una cápsula lúgubre (pues tengo dos focos, pero uno ya se fundió y nunca lo he cambiado) y asfixiante, que para colmo también es pequeña. A veces no entiendo cómo siendo claustrofóbico puedo sobrevivir aquí, pero debe ser que al estar tanto tiempo en un lugar así, la fobia va disminuyendo.
 Pero las ventanas no sólo sirven para ver el exterior, también sirven para que los de afuera puedan ver el interior, para que la luz del Sol pueda sublimar la oscuridad y para que al abrirla, en conjunto con el viento, pueda evitar que un cuarto esté totalmente muerto.
 Entonces eso son las ventanas, un objeto a través del cual se intercambian beneficios; un objeto que en sí mismo no vale para nada, ya que necesita estar incrustada en una pared cerrada para ser de alguna utilidad. Aunque al mencionar la palabra “incrustar”, no puedo evitar pensar en si un simple hueco en la pared no puede ser considerado una ventana. Sí, efectivamente puede considerarse una, pero definitivamente no lo es.


(Mi habitación en 360º, un lugar al que el Sol, el viento y la escoba jamás llegan)
(Fotografía tomada cuando aún funcionaban ambos focos, hace mucho mucho tiempo)

martes, 15 de mayo de 2012

El Tiempo

 El tiempo es una de las herramientas para la manipulación humana más ambiciosas que jamás podría inventarse. No puede ser visto (pues en realidad no existe), pero es tan fácil de representar (relojes) que terminamos creyendo en él sin la menor pizca de valentía para contradecirlo o refutarlo.
 Con el tiempo incrustado de manera irreversible en nuestras mentes (una vez insertado en nuestras ideas, JAMÁS puede ser removido... O si encuentran una manera de hacerlo, por favor denla a conocer) nos dicen a qué hora comer, a qué hora dormir, cuándo debemos sentirnos viejos, cuándo somos jóvenes... Toda nuestras vida gira alrededor del tiempo; de los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses...
 ¿Qué clase de vida llevamos? ¿Lo natural no sería comer cuando se tiene hambre y dormir cuando se tiene sueño? Exploto estos dos ejemplos porque son los más comunes y sencillos de comprender.
 Tenemos 5 años y debemos ir al jardín; tenemos 15 y tenemos que estar en la edad del pavo; tenemos 20 años y debemos ir a la universidad; tenemos 25 años y tenemos que estar trabajando; tenemos 30 años y tenemos que estar casados; tenemos 40 años y ya tenemos que dejar de hacer deportes; tenemos 50 años y tenemos que ser abuelos; tenemos 60 años y tenemos que ser viejos con poca movilidad; tenemos 70 años y tenemos que esperar la muerte sin molestar a los demás... Millones de "reglas" estúpidas (que vaya a saber quién las inventó) van tomadas de la mano con el tiempo, una creación casi involuntaria del ser humano para sentirse en algún lugar, para sentir que sus recuerdos son reales y que su vida tiene un pasado y un futuro. El poder de este farsante llega tan lejos que incluso transforma las palabras que utilizo para nombrar su inexistencia: "fui", "soy", "seré"... El tiempo también manipula nuestro lenguaje, y eso hace muy pero muy complicado eliminarlo de nuestras vidas.
 Vivimos pendientes de la dirección en que apuntan las manecillas del reloj y creemos que tenemos controlados todos los momentos, que hay cosas que ya hemos hecho y otras que estamos por hacer. Creemos que antes del presente estuvo el pasado y luego vendrá el futuro, pero estas dos entidades creadas por el tiempo son tan inexistentes como él. ¿Alguna vez han vivido el pasado? ¿O el futuro? ¿Alguna vez se salieron del presente para echarle un vistazo a lo que hicieron o estaban por hacer? De   ese famoso triunvirato (pasado-presente-futuro), sólo existe la palabra del medio, porque a diferencia de "ahora" (palabra que puede ser considerada como su sinónimo), no guarda relación alguna con el tiempo, sino que en realidad se refiere al acto de "estar", de "ser"...

miércoles, 9 de mayo de 2012

¿Qué es el "amor"?

 Siempre me pregunté qué es el amor. De niño la sociedad, la televisión y mis propios padres me forzaron a creer que era caminar de la mano con alguien, darse besos, abrazos, mirar el atardecer en una playa con la persona amada y cosas así. El tiempo pasó e ideas propias comenzaron a surgir en mi mente, así que hace unos años creí haber resuelto la incógnita: “Amor es encontrar en la felicidad ajena la propia felicidad”.

 Sin embargo, aquella definición que inventé no bastó para conformarme durante mucho tiempo, así que luego le hice unos cambios: “Amor es desear y perseguir la felicidad ajena”.

 Hoy, vuelvo a poner en el blanco de mi atención y mi crítica a esa segunda definición que formulé. Recién hoy se me ocurre dejar de divagar y colocar al “amor” en el lugar en el que tiene que estar, y juzgarlo como lo que es: una palabra.

 Al parecer, la mayor parte de las fuentes concuerda en que Amor proviene del latín “amor”, que a su vez deriva de la raíz indoeuropea “amma” (voz infantil para llamar a la madre), más el sufijo –or (efecto o resultado).

 Analizando esto, ¿qué clase de significado podemos otorgarle a la palabra? ¿“Resultado de llamar a la madre”? Si fuera así, podríamos interpretar a “amor” como un sinónimo directo de “nacer”, y automáticamente podríamos relacionarlo con “vida”, “existencia”, “vitalidad”.

 Pero extendiéndonos un poco más, podemos descubrir que el sufijo –or también puede indicar una cualidad. Aún con este cambio, el significado de la palabra no se vería muy modificado. En todo caso, querría decir algo como “cualidad para llamar a la madre”. Además de “nacer”, “llamar a la madre” podría referirse también a un acto de cobardía o más bien a un pedido de ayuda. Con esto, podríamos formar más posibles definiciones::
 • “Amor es la cualidad de nacer”: esto podría significar la capacidad de un “yo superior”, una esencia, algo como lo que llaman “alma”, que tiene la capacidad suficiente para nacer.
 • “Amor es la cualidad de pedir ayuda”: podría referirse a una tendencia a pedir ayuda, a sentirse incapaz.

 Llegar a otras definiciones sólo depende de la interpretación que le demos a “amma”, es decir, “llamar a la madre”.

 Así, analizado de una manera extremadamente subjetiva, sólo puedo llegar a la conclusión de que el “amor es la fuerza, energía, reacción, razón, cualidad, situación, entidad, deidad, virtud, poder, ente, esencia, sustancia o naturaleza que permite que nazcamos y/o vivamos.”

 Hace tiempo que venía pensando que el amor no tenía nada que ver con un sentimiento humano porque la idea era demasiado grande como para que podamos si quiera imaginarla. “Amar” es un verbo que le quedaba enorme incluso a las personas más evolucionadas.

 Tal vez no sea la definición más literal, o incluso acertada, pero es a la que llego desde mi interpretación, desde el retorcido sitio desde donde veo al mundo y todo lo que sucede en él.

 Aclaración: Que “amor” represente una especie de entidad o fuerza, no quiere decir que esta realmente exista, creer en ella depende absolutamente de nosotros.

lunes, 7 de mayo de 2012

Fragmentos #2

 —¿Alguna vez pensaste en cómo son las nubes arriba? —le preguntó la niña viendo cómo una se estiraba muy por encima de su cabeza.
 —No entiendo —le aclaró su compañero arrugando la frente.
 —Me refiero a la parte de arriba de las nubes, la que no vemos.
 —Mmm… No, pero creo que deben ser muy parecidas a como son abajo.
 —¿Tú crees? Una vez leí que arriba de las nubes hay ciudades enteras y que en ellas viven los ángeles. ¿Crees que existan los ángeles?
 —No lo sé, nunca pensé en eso.
 El pequeño niño siempre había creído en Dios, siempre le pedía que lo ayudase a él y a su madre, y siempre lo culpaba de todo ese mal que lo perseguía, pero nunca se había detenido a analizar la existencia de seres más pequeños que Dios y más grandes que él.
 —Hay veces que quisiera creer en ellos, pero estoy segura de que no existen.
 —Pero si existe Dios, debe ser que también existen ellos.
 —Tampoco creo que Dios exista.
 El niño se levantó abruptamente, como si el mismísimo suelo bajo su espalda lo hubiese empujado.
 —¿Lo dices en serio? ¡Claro que existe! —le vociferó y ella lo miró sorprendida. —Tal vez cuando estoy muy enojado o triste digo que no, pero siempre estoy seguro de que Él existe.
 —Entonces, si es verdad que existe… ¿Crees que Dios es bueno?
 De una forma calmada, contraria a la manera en que se había levantado, regresó su espalda a la gramilla.
 —Creo que sí, aunque a veces no entendamos por qué hace las cosas.
 Tras la respuesta del niño, ambos mantuvieron el silencio y se concentraron en ver cómo las rápidas ráfagas de las alturas transformaban el vapor de las nubes y lentamente las iba deshaciendo. En ese momento era demasiado sádico pensar que había ciudades sobre ellas.

sábado, 5 de mayo de 2012

Retorno

Despierta en mis brazos y hacia el cielo mira,
Aunque la muerte no perdió has regresado a la vida.
Alas que no pueden volar son las que te han dado,
Ábrelas igual, aunque no lleven a ningún lado.

Has vencido al tiempo y la verdad,
Has matado una mentira inmortal.

Las heridas de ayer hoy no son ni cicatrices,
El edén quiere llorar, te ruega que lo pises.
Te ha prometido más plumas para que puedas volar,
Pero sabes que no habrá suelo donde aterrizar.

Tu hogar está aquí bajo el Sol,
Donde conviven odio y amor.
Has vencido al tiempo y la verdad,
Has matado una mentira inmortal.

lunes, 30 de abril de 2012

Una Pregunta

 Una vez iba caminando con un compañero de clases por la calle, ya no recuerdo a dónde íbamos, pero eso no es lo importante. El tema del asunto es una simple pregunta que salió improvisadamente de su cabeza: 
 —¿Qué hacés si Lucre entra a tu pieza y se te tira arriba?
 «¿"Se te tira arriba"? Qué expresión más pendeja», pensé antes que nada.
 Lucrecia era una amiga de mi hermana que según él estaba "buenísima", siempre decía que "nunca le había tenido tantas ganas a una mina". Sí, el tipo era un completo idiota (y creo que lo sigue siendo).
 No lo hice esperar y respondí:
 —La saco...
 Hasta el día de hoy se sigue riendo de mi respuesta, y hasta el día de hoy me sigo preguntando por qué cada año vuelve más estúpido de las vacaciones.
 Igualmente, creo que ninguno de los dos puede juzgar al otro... Yo jamás comprenderé por qué les gusta tanto el sexo, y ellos tampoco comprenderán por qué es que a mí me desagrada tanto...


domingo, 29 de abril de 2012

Kamikaze.

En su lecho de flores duerme mi princesa,
En los altos cielos se desata la guerra.
Sólo somos aves repletas de miedo,
Aunque nuestros corazones sean de hielo.

Mi sublime princesa sólo suspira
Y sacude las cuerdas de toda mi alma.
Si Su Alteza siempre lo precisa,
Yo siempre voy a alzar mis alas.

Las lágrimas de fuego no chamuscan su vestido,
Entierro en las nubes el odio de su enemigo.
Las serpientes que se arrastran en el suelo
Jamás han vencido a las águilas del cielo.

Las pupilas de Su Alteza revolotean como mariposas,
Han tenido que ver hasta las más horribles cosas.
Pero de ahora en más guardaré en mis plumas la sangre,
No permitiré que más gotas la manchen.

Atravesaré el corazón del mal con mi pico,
Rezaré por dar en el blanco mientras aún esté vivo.
No me importa dónde me lleven las heridas,
Porque por mi princesa mi espada será mi vida.

sábado, 28 de abril de 2012

Terco y Abierto

  Tercas y abiertas, así es como deberíamos ser todas las personas.
 Tercas porque nada del mundo debería destruir las ideas y los valores que con tanto esfuerzo construimos, y abiertas porque aunque ya nos sintamos definidas siempre puede aparecer una nueva idea que complemente la que ya tenemos, la amplíe, la mejore, o hasta incluso (si cuenta con el poder suficiente) la sustituya -sí, sé que suena algo contradictorio-.
  Si sólo somos tercas y en lugar de mantenernos abiertas nos mantenemos cerradas, seremos una caja helada de ideas congeladas que no pueden evolucionar ni desarrollarse.
 Si nos mantenemos abiertas pero no somos tercas, nuestras ideas serán débiles y volarán lejos al instante en que otras aparezcan e intenten ocupar su lugar, seremos sólo un pasaje para los valores, que vendrán y se irán como si fueran huéspedes en un hotel.
  Así que como personas debemos mantenernos seguras de quienes y cómo somos, sin importar cómo son los demás o cómo quieren que seamos, pero siempre siendo conscientes de que es imposible que ya lo hayamos pensado y analizado todo, y que en cualquier momento, desde el lugar, el tiempo y/o la persona más inesperada, puede golpearnos una idea mucho más razonable que la nuestra, y cambiarnos por completo; porque aunque seamos las más tercas, siempre nos mantenemos abiertas...

viernes, 20 de abril de 2012

El Salvador

  A veces pienso acerca de la situación del mundo, y lo hago muy seguido; más de lo que quisiera; más seguido de lo que cualquier persona podría considerar normal o incluso saludable. Pienso, y entonces siento muchas cosas. La mayor parte de ellas es frustrante y carcome irreversiblemente la frágil y escasa esperanza que aún queda en mí.
 "¿Qué debo hacer?", pienso una y otra vez como si de eso dependiera mi vida, y tal vez lo haga. No tengo ningún súper poder, o poder, ni siquiera tengo alguna capacidad bien desarrollada o algún talento. ¿Entonces qué puedo aportar a este mundo? ¿Qué puedo hacer para acabar con la corrupción, con los abusos de poder, con la esclavitud, con toda la injusticia y el mal que invaden nuestra sociedad? No llegan muchas respuestas a mi mente, y las pocas que llegan son tan diminutas que si las llevara acabo, sus resultados jamás se notarían. En este aspecto soy demasiado codicioso, y eso me lleva a un estado constante de depresión y desesperación, a un auto-desprecio que me obliga a catalogarme como la peor basura sobre esta Tierra (aunque soy perfectamente consciente de que existen personas que son mucho más basura que yo, y basura demasiado tóxica y contaminante).
 No quiero hacer entrar en razón a una persona, quiero salvar al mundo.
 En este mundo hay suficiente riqueza (tanto la real como la económica) para que TODOS los seres humanos vivamos en condiciones aceptables, buenas, e incluso muy buenas, hasta caprichosamente buenas. ¿Por qué tanta gente tiene que sufrir tanto?
 Entonces miro a mi alrededor, a la gente común con la que deberíamos ser compañeros en esta lucha por un cambio extremo, y pienso: "Vaya... ¿a estas personas quiero salvar?". Primero creía que esa estupidez que encontraba en mi entorno era sólo una excusa para no esforzarme, pero no, esas personas no merecen ser salvadas. Veo la forma en que viven, la forma en que se miran y se hablan, la forma en que desquitan su odio a los culpables contra los inocentes... El tiempo corre frente a ellos y no les importa nada de la persona que está a su lado, sólo quieren aferrarse a una felicidad estúpida sin importarle la miseria que provocan o dejan provocar a su alrededor. ¿Y puedo juzgarlos por eso? Claro que no, todos los seres humanos corremos desesperadamente tras nuestra propia felicidad desde que nacemos, pero la diferencia entre ellos y yo, es que yo soy consciente de mi desagradable y ruin egoísmo, mientras ellos a veces incluso llegan a creer que es "amor" lo que los moviliza.
 En esto se centra nuestro problema (el de la gente común), en nuestro deseo insaciable de ser héroes. Queremos ayudar a los demás, queremos salvarlos porque creemos que podemos hacerlo y que ellos lo necesitan. Pero es obvio que nuestra intención real no es hacer bien al otro, sino sentirnos bien con nosotros mismos, poder pensar "hoy he sido de mucha ayuda... hoy mi vida tuvo sentido" antes de ir a dormir. Los seres humanos somos egoístas por naturaleza, y no tiene nada de malo. El problema es que hacemos funcionar de manera equivocada nuestro egoísmo. Si cada uno de nosotros dejara de mirar a su alrededor para hacerse el héroe solucionando problemas ajenos, podríamos dedicarnos completamente a solucionar los nuestros y todos podríamos aferrarnos a la felicidad sin preocuparnos de que los demás no lo logren.
 Las contradicciones que tengo todo el tiempo asustan, pero es realmente como pienso. Y la verdad, nunca sé lo que pienso en serio y lo que sencillamente invento...

jueves, 5 de abril de 2012

Georgias del Sur

 Con todo el tema de las Islas Malvinas empecé a interesarme en la geografía sureña y decidí investigarla un poco desde mi casa. Así fue como agregué a las islas Georgias del Sur a mi lista de lugares que debo visitar sí o sí.
 Estoy acostumbrado a 30ºC de calor y tal vez lo más frío con lo que he luchado hayan sido -1ºC mientras dormía casi asfixiado por frazadas en mi habitación. Aún así, la idea de estar rodeado de montañas heladas con vientos muy capaces de hacerte sentir que has perdido la piel es muy tentadora, por no decir atrapante.
 Siempre me había imaginado esos lugares helados como planicies blancas que parecen nunca terminar, pero eso está muy alejado de la realidad. Están repletos de montañas, cielos celestes, fauna, e inclusive prados verdes.
  Pero una imagen dice más que mil palabras...











lunes, 2 de abril de 2012

¿Por Qué Renunciamos a Nuestros Sueños?

 Cuando somos niños nos sentamos frente al televisor y vemos a un hombre vestirse con un extraño traje para salir a combatir el crimen en las calles y antes de pensar en otra cosa ya estamos imaginándonos en su lugar, ya estamos diciendo "voy a ser un superhéroe". Cuando somos niños nos recostamos sobre la gramilla sin importarnos que se ensucie nuestra ropa y miramos atentamente cómo flotan las nubes o cómo brillan las estrellas, y nos preguntamos cómo es que el cielo puede ser tan hermoso; entonces, antes de que podamos ver una estrella fugaz o un avión, decimos "voy a ser astronauta".
 Luego, intentamos escalar un árbol porque nuestro barrilete se quedó atascado o porque la fruta con aspecto más delicioso está en una de las ramas más altas, y antes de que podamos tomar el primer gajo o apoyar nuestros pies, nuestra madre o nuestro padre se acerca corriendo y nos dice "¡No, te vas a caer!". Volvemos a intentarlo y nos dicen "¡Te vas a golpear!", así que lo dejamos otra vez. Pero aún queremos hacerlo, así que intentamos intentarlo una vez más y nos dicen "¡Es peligroso!". Ya quizá por inercia lo volvemos a intentarlo, y vuelven a gritarnos "¡No vas a poder!".
 El tiempo pasa muy lentamente, pero cuando nos damos cuenta, resulta que ya nos tragamos toda esa basura de "¡No vas a poder!". Miramos a nuestro alrededor y nos parece que nuestras metas están demasiado lejos y un gran acantilado se muestra antes de llegar, así que deducimos que sería una pérdida de tiempo intentarlo. Nos quedamos sentados y progresivamente nuestra vista involuciona y ya no podemos ver más allá del acantilado, así que nos enfocamos en esas pequeñas metas que están de este lado y que nunca en nuestras vidas nos interesaron.
 Giramos la cabeza y vemos que alguien está usando sus manos como larga vista, está enfocando toda su atención en esas metas más allá del acantilado. Sonreímos y luego le decimos "No vas a poder". Esa persona continúa mirando más allá del acantilado, pero mientras más mira nosotros más repetimos esa estúpida frase, "No vas a poder". Así, antes de que pensemos en callarnos la persona baja sus manos y trae mucho más cerca del acantilado a su horizonte.
 ¿Por qué lo hacemos? Antes de intentarlo nos resignamos a ser miserables y a que la realidad no tiene nada que ver con los sueños. Peor aún, ¿por qué nos esmeramos en que los demás sean miserables también? La respuesta, aunque creo que todos la sabemos, no deja de dar miedo. Necesitamos que a nuestro alrededor todos sean tan o un poco más miserables que nosotros, así tenemos una escusa perfecta para sentirnos "victoriosos", porque si alguien a nuestro lado llegara a alcanzar sus sueños aunque sea con las puntas de sus dedos, no tendríamos cómo camuflar nuestra propia miseria.
 Nuestra vida avanza, maduramos tanto que nos pudrimos y olvidamos que deseábamos estar entre las estrellas, olvidamos que deseábamos darle una buena paliza al que quería hacerse el vivo con los inocentes, olvidamos que deseábamos salvarle la vida a los animales, olvidamos que queríamos cantar en un escenario frente a multitudes, olvidamos que queríamos tener unas vacaciones en París con la persona que amamos, olvidamos que antes nunca nos preocupábamos por un par de billetes, olvidamos que cuando llegue la hora nos moriremos y nada de lo que hallamos conseguido esclavizándonos en trabajos miserables nos servirá.
 ¿Hasta dónde puede llegar nuestro miedo al hambre o nuestro fanatismo por el dinero? La vida se nos escapa por los poros, el tiempo nos corroe, y nosotros nos la pasamos haciendo estupideces que ni siquiera queremos hacer. Mucha gente se sorprende cuando dices "el sentido de la vida es hacer lo que uno quiere", mucha gente no puede darse cuenta de algo tan simple como eso, y mucha gente ni siquiera puede aceptarlo.
 Quiero volar en un globo aerostático, quiero aprender a pilotear un ultraliviano, quiero viajar por el mundo, quiero hablar con extraños, quiero aprender otros idiomas, quiero subir a una montaña rusa, quiero viajar e tren, quiero pasar toda una noche viendo las estrellas en una playa y ver salir el Sol desde el mar, quiero enamorarme y tener el coraje (los huevos) para demostrarlo con todas mis fuerzas a cada segundo...
 Quiero vivir, la gente estúpida que dejó que sus sueños se disolvieran en la armagura no será ningún obstáculo, el tiempo es el único que puede detenerme (y sólo si se lo permito, porque de eso se tratan los sueños, de hacer lo imposible).

sábado, 31 de marzo de 2012

Fragmentos #1

 Estaba sobre una superficie suave y cálida, la más cómoda que jamás había sentido. Tenía sus ojos cerrados y su nariz respiraba una fragancia encantadora que lo hacía sonreír involuntariamente. Cuando el sueño lentamente se debilitó, abrió sus ojos para ver la belleza del misterioso lugar en el que se encontraba, y le mostraron mucha más hermosura de la que habría podido imaginar en toda su vida: A quince centímetros ella relucía sus blancos dientes y la alegría de estar junto a él con una sonrisa fulgurante.
 —Ya despertaste… —le dijo y pasó su mano por su mejilla.
 Sus cabezas estaban recostadas sobre una larga almohada y sobre ellos una gran ventana con una ligera cortina permitía que la luz del Sol haga brillar la blancura de las sábanas y la piel.
 —Elysia…
 —¿Estoy muy despeinada?
 —No, estás hermosa —respondió sin mentir y ella se rió—. Y aún más si te ríes así.
 —¿No tengo mal aliento?
 —Claro que no.
 —¿Mis ojos no están hinchados?
 —Para nada, ni un poco.
 —¿No tengo marcas de saliva?
 —Ninguna.
 —No puedo creerte que sea tan perfecta —le confesó mientras no dejaba de sonreír.
 —Te lo juro. Mírate en mis ojos, no estoy mintiendo.
 —¿Quieres que te diga algo?
 —Me encanta que me digas cosas.
 —Tú estás súper despeinado, tienes mal aliento, tus ojos están hinchados y tienes una marca de saliva ahí.
 —¿Qué? ¿En serio? —preguntó con una sonrisa retraída e incrédula.
 —Claro —le respondió riéndose—, y también tienes un beso aquí —continuó y apoyó sus labios sobre los de él tan tiernamente que casi derritió los escalofríos que hizo correr por su espalda.
 —Por eso te amo, porque haces que amarme a mí parezca fácil…
 —Voy a preparar el desayuno, tú vístete.
 —Gracias.
 —Te amo —le recordó en palabras y luego con un beso.
 —Yo también —y un beso más brotó entre los dos.
 Ella se quitó la sábana de encima y apoyó sus sutiles y pálidos pies sobre el suelo.
 Él observó maravillado cómo las ondas de su cabello caían hacia su cintura, cubierta por un camisón de seda blanco y muy delgado que dejaba ver las líneas de su espalda. Era una mujer perfecta, el tipo de mujer que la imaginación de una persona jamás podría inventar, una maravilla de la naturaleza, una filtración de los sueños de Dios.
 Se esfumó tras la puerta y él se levantó también. Fue hasta el baño y confirmó todas sus imperfecciones en el espejo. En momentos como esos se sentía culpable, sentía que estaba defraudando a Elysia. ¿Qué hacía realmente con ella? ¿Qué tenía él para mantener a su lado a una mujer tan preciosa como ella? La única respuesta que encontró fue “suerte”, “buena suerte”.
 Mojó y enjabonó su rostro hasta que ya no sintió más aquella despreciable grasa facial sobre su frente y nariz, y cuando iba a salir del baño, recordó su aliento y también cepilló sus dientes. Los dejó casi tan blancos como los de ella, pero le era imposible mejorar su forma.
 Finalmente arregló su cabello y luego fue hasta su armario. Tomó una camisa blanca con mangas largas y empezó a ponérsela. Sintió una estremecedora suavidad con cada una de sus células al pasear la tela por su piel, y para terminar abrochó ocho de sus diez diminutos botones.
 Tomó otra prenda de percal, esta vez un pantalón blanco, y mientras sumergía sus piernas en él, se percató de que todas las prendas en aquel armario eran iguales.
 Giraba su cabeza en busca de algún calzado cuando escuchó la voz de Elysia.
 —¡Ya está el desayuno!
 Caminó descalzo por el lustrado y brillante piso de madera, y bajó de la misma forma las escaleras. Entonces se dio cuenta de que no conocía la casa y giró su mirada hacia la izquierda, y encontró la cocina.
 —No, por aquí… —dijo ella y miró hacia la derecha, donde había un gran ventanal de vidrio abierto.
 Tras aquel ventanal se encontraba el “patio”, una pradera verde donde la luz del Sol se posaba a descansar, las flores se refrescaban con la brisa, las coposas y gigantescas nubes se deslizaban con una gracia increíble por el celeste. Pero lo más hermoso de aquel paisaje era sin ninguna duda la mujer del vestido blanco.
 —Estás usando ese vestido… —señaló Iker mientras pisaba el césped y levantaba sus pómulos con una gran sonrisa.
 —Sí, es el vestido con el que nos conocimos.
 Tal como en aquel sueño, el Sol estaba en la cumbre del cielo y su luz podría cegarlos en cualquier momento, pero su calor no era intenso, era simplemente cálido, y sus ojos no sufrían con el resplandor.
 Elysia lo esperaba sentada a una mesa con una silla vacía.
 —¿Qué preparaste? —le preguntó mientras tomaba asiento.
 —Té blanco, tostadas, hay mermelada de durazno y una porción de pastel para cada uno —respondió ella, pero  él no había escuchado nada, había extraviado sus pensamientos, su mirada e incluso sus oídos en lo preciosa que se veía. Su cuello, sus labios, sus mejillas, su nariz, sus hombros, su cabello.
 Jamás existirán palabras capaces de describirla ni una mente capáz de imaginarla. Ella era todo lo que alguien quisiera ver al menos en un sueño. O tal vez debería ser más preciso, tal vez ella era todo lo que él quisiera ver al menos en un sueño, y la tenía justo en frente.
 —Ey… ¿Escuchaste lo que dije?
 —Oh… Lo siento, es que estaba mirándote.
 —¿Mirándome? ¿Qué estabas mirándome?
 —Todo lo que la mesa y tu vestido no evitan que vea.
 —Oh… ¿Y quieres ver más?
 —La verdad que con lo que veo ya es mucho más que suficiente.
 Elysia levantó las cejas e inclinó levemente la cabeza.
 —¿Se supone que eso es un cumplido?
 —No lo sé, es sólo lo que estoy pensando.
 —Dices lo que piensas sin importarte qué es lo que pueda pensar el otro, esa es una de las cosas que opaca tu mal aliento por las mañanas —comentó ella y luego sonrió.
 —Ahora soy yo quien debe preguntar si eso es un cumplido.
 —Te aseguro que lo es.
 Las palabras desaparecieron y los delgados dedos de ella se dirigieron a la pequeña taza de porcelana alvina y la levantaron de la mesa sin hacer ningún ruido ni alterar el té. Dirigió el pulimentado borde hasta sus labios y tomó dos dulces y suaves sorbos.
 —El té está delicioso.
 Él miró la gramilla y luego movió sus pies para sentirla entre sus dedos, para sentir que realmente estaba vivo y que realmente estaba allí. Luego se concentró en sentir en la calidez de la luz solar en su piel, oxigenando sus poros.
 —¿Puedo hacerte una pregunta?
 —Esa es una de las preguntas más estúpidas que oigo diariamente —dijo ella con otra sonrisa.
 —Elysia, basta de bromas. Esta es una pregunta seria.
  Dejó su taza en la mesa mientras su sonrisa se marchaba, y esta vez la porcelana sí hizo ruido al encontrarse a la madera.
 —No quiero que te lo tomes a mal… Yo quiero preguntarte… ¿Por qué estás conmigo?
 —¿A qué te refieres exactamente?
 —¿Por qué duermes junto a mí cada noche y me besas cuando sale el Sol? ¿Por qué el resto del día te lo pasas    junto a mí también?
 Elysia volvió a sonreír y se alegró de que su cara de preocupación no haya durado demasiado y tampoco haya sido necesaria.
 —Me dijiste que basta de bromas.
 —No es una broma, lo estoy preguntando en serio.
 —Pues entonces déjame decirte en serio que es la pregunta más estúpida que he oído en mi vida.
 Miró enfadado a un costado y Elysia lo observó con la misma sonrisa que tiene una madre al mirar a su hijo ofendido porque no quieren comprarle un juguete nuevo cuando su habitación está llena de ellos.
 —Tu boca es la más dulce que he probado en mi vida, y las palabras que salen de ella son las únicas que quiero escuchar; eres el hombre que aparece en mis sueños y que aún continúa ahí cuando despierto; eres el único que ha entrado en mi corazón y lo ha cerrado con trancas y candados, nada más puede entrar ahí, y tampoco quiero que lo haga.
 —Lo que acabas de decir me hace merecerte aún menos —le respondió dirigiendo su mirada al vacío entre el verde y él.
 —¿De qué estás hablando? No se trata de merecer, se trata simplemente de lo que sentimos al ver al otro, al tocarlo, al oír su voz… Te amo.
 —Yo también. Te amo tanto… No quiero decepcionarte… —dijo regresando su mirada a la profundidad y el brillo de sus pupilas
 —Jamás vas a decepcionarme. De ti sólo espero amor, y es algo que jamás dejarás de darme.
 —Tampoco sé si eso es un cumplido o qué…

viernes, 23 de marzo de 2012

Volver Atrás

 Quisiera volver atrás. Estaría dispuesto a volver a aburrirme las 1600 horas que pasé en el colegio; volvería a estudiar para cada uno de los exámenes que ya he aprobado; volvería a quedarme atrapado en la aduana de Argentina; volvería a resfriarme y a soportar todo el malestar; volvería a ir a ese frustrante y patético retiro espiritual; volvería a perderme en el campo en aquella noche oscura con mi amigo; volvería a ser atacado por los perros; volvería a llevar a Angie al médico y a sufrir esperando que la operación salga bien... Estaría absolutamente dispuesto a retroceder dos años y vivirlos desde cero nuevamente con tal de hacer lo que debería haber hecho en aquella oportunidad, volvería a nacer y a cometer todos esos errores pelotudos que cometí a lo largo de estos 16 años con el propósito de corregir solamente ese.
 Desearía con todas mis fuerzas que el timbre volviera a sonar y que ella se levantara de su pupitre para salir al patio, entonces yo la miraría, ella voltearía hacia mí y me mostraría la sonrisa más tierna y dulce que jamás nadie me haya mostrado (es en serio, aquella sonrisa nunca se borrará de mi mente, ha sido la más hermosa que me han dado); yo continuaría allí sentado todo el recreo y el timbre para el reingreso sonaría, ella volvería a entrar y buscaría un pequeño cuaderno para luego acercarse a mí; lo abriría frente a mis ojos, y yo al leerlo quedaría completamente desconcertado, no podría terminar de creer que allí diría "Ángelo te amo"... Luego de eso, ¿qué pasaría? Ella regresaría a su lugar y recién podría hablarle cuando suene la campana para regresar a casa. Esa campana sonaría y mientras todos estuviesen marchándose yo quedaría a solas con ella.
 En ese instante lo cambiaría todo, no haría lo mismo que hice en la primera oportunidad, es decir, nada... Le diría "Muchas gracias, eso fue muy lindo" y le entregaría mi sonrisa más feliz y genuina; "Yo también te amo" le respondería luego y antes de que diga o haga algo más la rodearía con mis brazos y la sujetaría con todas mis fuerzas, para que nada ni nadie nunca más pudiera alejarla de mí.
 Pero claro, el calendario no es uno de esos seres compasivos que siente pena por los demás y da segundas o terceras oportunidades, continúa avanzando sin importar qué queda en el camino, sin importar qué tan estúpidos hallan sido nuestros errores y cuanto queramos arreglaros.
 ¿Por qué estaba tan inseguro? ¿Por qué demoré dos años en darme cuenta de lo que su sonrisa provoca en mí? ¿Por qué siempre tengo que equivocarme y fracasar en todo? ¿Por qué sigo haciéndome todas estas preguntas cuando ya sé que es porque soy un tarado?
 Ya la dejé ir, ya la hice quedar como una tonta, ya logré alejarme definitivamente de ella sin siquiera haberme acercado, ya logré demostrar que soy un idiota y que esa es una realidad que posiblemente no cambie jamás...

lunes, 19 de marzo de 2012

Me Entrego...

 Es hora de decir adiós, no importa que nunca haya dicho hola. Los días pasan y pasan y mi estado no cambia, mi alrededor sigue girando lentamente, esperando a que yo ponga un pie en su interior, pero yo no lo hago. No sé si lo evito porque estoy aterrorizado o si simplemente no puedo evitar no evitarlo. Lo único que sé es que en mi interior puedo sentir millones de cosas, desde la soledad hasta el más profundo odio, pero tal vez aquella cita que oí en una película tenga razón; “el amor no es un sentimiento, es una habilidad”, una extremadamente complicada, una que nunca he tenido y que seguramente jamás tendré. El amor está demasiado lejos de mí, no es algo que pueda crear, y mucho menos nacer desde lo más profundo de mí.
 He vivido ya más de una década y media y nunca he hecho nada por nadie, ni siquiera he llorado cuando seres que se supone amaba partieron y me dejaron un poco más solo aquí en la Tierra.
 Puedo soportar ser un inútil escribiendo, cantando, componiendo, dibujando, bailando, actuando, creando historias, puedo soportar carecer de hasta el más mínimo talento, pero no tener la habilidad de amar agrega una dosis tétrica de amargura a la vida que no puedo soportar. Puedo soportar que no me amen, que me desprecien, que me odien o que me ignoren, pero ya no puedo soportar no amar a nadie.
 Es odioso no amar a nadie, y aún así querer continuar viviendo… ¿Por qué sigo vivo? ¿Por qué aún estoy aquí si no tengo nada que proteger? ¿Por qué estoy aquí si mi existencia no está influyendo en nada ni en nadie? ¿Por qué amo la vida a pesar de que me siento solo tanto tiempo? Tal vez sea por el Sol, él siempre está allí, alumbrando incondicionalmente. Tal vez también sea por las nubes, que siempre están flotando sobre mí y de vez en cuando me refrescan con su lluvia. Tal vez sea porque me encanta correr y sentir el viento sobre mi rostro. Tal vez sea porque es maravilloso sentir la tierra o el césped en las plantas de mis pies y entre mis dedos. Tal vez sea porque no importa que tan oscuro esté un lugar, siempre hay aunque sea un punto de luz escondido en algún sitio, esperando ansioso por alumbrarlo todo.
 ¿Lo intenté? No lo sé… cinco años creí amarla, cinco años creí que ella podría ser la persona que inculcara esa increíble habilidad del amor en mí, cinco años viví creyendo que tenía una razón por la cual levantarme de la cama en la mañana. No la amo, eso es obvio, porque nunca me he esforzado por demostrarlo, nunca he estado donde ella necesitaba una mano y siempre me he quedado callado cuando debía gritar.
 Soy un completo fracasado, como una planta que no da frutos, ni sombra, ni flores, y ni siquiera deja proteínas al suelo…

domingo, 18 de marzo de 2012

Mi vida sólo tiene sentido durante esos escasos instantes mágicos en los que digo, escribo o creo algo que hace sonreír a alguien más...

martes, 6 de marzo de 2012

Una Auténtica Siesta de Verano

 La siesta de hoy fue maravillosa, absolutamente hermosa, fue una auténtica siesta de verano. Las cigarras cantaron hasta el cansancio, el Sol golpeó con fuerza y el cielo se llenó de nubes coposas, esbeltas y brillantes. El canto de las cigarras y esos cielos resplandecientes son esencialmente los que hacen que adore el verano (y por supuesto, sea mi estación favorita).
 Quiero mostrarles un pequeño recuerdo del hermoso cielo que vi esta tarde...














domingo, 26 de febrero de 2012

Un Golpe en la Noche

 Esta mañana, hace nada más que unos minutos, tuve un sueño realmente extraordinario. Un sueño muy largo, tal vez el más largo que he tenido nunca. Un sueño que parecía no terminar jamás y que cuando me hizo despertar me llevó a sentarme en la cama, analizar el lugar en el que me encontraba y suspirar aliviado. Pese a que me costó darme cuenta, sí había sido un sueño.
 Muchas personas podrían haberlo llamado "pesadilla" porque estuvo repleto de sucesos traumantes y escenas horrible, porque me hizo llorar, pero no parecía una pesadilla. Jamás tengo pesadillas, o al menos nunca se me ocurrió llamar así a alguno de mis sueños.
 Este sueño provocó todo un terremoto en mi mente, que si bien quizás no derribó todas mis ideas, ha dejado sostenidas por un solo ladrillo a muchas.
 Fue una verdadera experiencia de vida, y tal vez el golpe que necesitaba para volver a creer en el amor; para volver a creer en lo bueno que es tener una mano que tomar cuando estás a punto de caer al vacío; en que además de ser únicos e irrepetibles, también somos irreemplazables; en que el tiempo no es tan poderoso como para diluir sentimientos y recuerdos tan profundos...

sábado, 25 de febrero de 2012

No Comer Carne Hoy

 No creo que haga falta aclararlo, pero lo haré de cualquier forma. No me las quiero dar de experto ni de poseedor de la verdad absoluta, todo lo que escribo es lo que sale de mi mente, una pura idea mía...
 He decidido dejar de comer carne hace no más de un año, y escribo esto porque he escuchado hablar a gente que no come carne, a "vegetarianos" y a gente que intentaba serlo. ¿Intentar ser vegetariano? Eso no existe. El no comer carne significa no comer carne, significa entender y comprender que no quieres que mantengan encerrado a un animal toda su vida para luego simplemente cortarle el cuello y ser llevado a un supermercado, donde tú lo elijirás...
 He escuchado a personas decir "Voy a dejar de comer carne, pero de a poco". Esa persona claramente no comprende la vida, esa persona lo único que está persiguiendo es alguna recompensa "divina" o algo así por ser una buena persona. Esto es algo que debemos tener muy claro: cuando dejemos de comer carne, todos nuestros problemas continuarán, un perro nos morderá si quiere hacerlo, un toro nos embestirá si tiene que hacerlo, y un ladrón te asesinará por la espalda si quiere hacerlo. Ser buena persona no te librará de todas las desgracias de la vida, y según mi simple teoría, incluso te atraerá más desgracias, pero ese es otro tema.
 No comer carne va más allá de "Yo no la como, que los demás hagan lo que quieran". ¿No seríamos hipócritas si vamos a comprarle un trozo de carne a otra persona? ¿Qué tal si le cocinamos una milanesa de ternera a alguien? ¿Qué sucede si alguien te pide que le alcances la sal o un cuchillo, y sabes que es para disfrutar de un trozo de algún animal? ¿Se lo pasas?
 No comer carne no es sólo no comer carne, no comer carne es defender la vida, es intentar que los otros también vean que no importa qué tan superiores nos creamos, ellos también tienen derecho a una vida libre. Es saber lo odiosas que se ven las personas cuando lloran el asesinato de alguien más, cuando por ellos se asesinan animales a diario, aún teniendo miles de comidas diferentes.
 Pero no comer carne también es preguntarse toda tu vida si realmente estás haciendo lo correcto. ¿Qué hay de las plantas? Ciertamente no tienen sistema nervioso por lo que no sienten dolor a la hora de ser desgarradas, y llevan vidas plenas hasta el final, porque no pueden trasladarse, pero, también tienen vida, ¿no?
 Pensando en todo esto siempre llego a la conclusión de que la vida está sobre valorada, cualquier idiota puede acabar con tu vida en cualquier segundo. Vida... Vida... Vida... Pienso mucho en ella y en qué sucede cuando se termina o se pausa, si es que lo hace. Pienso todo el tiempo si algo que es tan frágil puede valer tanto, y si el hecho de ser frágil y hermoso es justamente lo que lo hace tan valioso. También pienso si vale la pena pensar tanto en algo cuya respuesta descubras o no, no cambiará nada...
 En fin, creo que puedo llegar a la conclusión de que no me interesa si la vida es valiosa o no, sólo sé que es hermosa y que no quiero privar a nadie de ella...

miércoles, 8 de febrero de 2012

Humanidad ...

 Esta mañana, en la provincia de Buenos Aires, un hombre francés salió de su hotel a las 8:00. 
 Su nombre ya no interesa, pero su edad era de 52 años. 
 Él había venido de vacaciones a este hermoso país llamado Argentina con dos compañeros más, pero ellos regresaron a Francia. Era geólogo y sus pasiones eran el buceo, la naturaleza, la vida silvestre y la fotografía; cosas maravillosas tanto de forma individual como combinadas. Además, trabajaba con el departamento de medio ambiente de Haut-Rhin.
 Bueno, como les decía, esta mañana, luego de despedir a sus compañeros, salió por la ciudad de Buenos Aires con su cámara para recorrerla y tomar fotografías. Luego tenía previsto encaminarse hacia el sur, a la helada y colorida Patagonia, pero eso ya no podrá ser: Cuando se encontraba tomándole una fotografía al Monumento a los Caídos en Malvinas, en la Plaza San Martín, una persona (¿?) se acercó a él y lo apuñaló para quitarle... la puta cámara fotográfica...
 Y ya no sé cómo seguir esto...
 Una puta cámara fotográfica... 52 años vividos; tal vez unos 30 por vivir... Y una puta cámara fotográfica...
 Cuando empecé a escribir esto, tenía planeado describir muy lenta y certeramente todo lo que debería hacérsele a esa persona (¿?) que treinta metros después de apoderarse de la cámara caminaba muy tranquilamente revoleando la correa de la misma, como si el mundo hubiera sido creado para él, pero ya no quiero escribir eso; Ahora estoy lleno de lágrimas y con la nariz chorreando, sólo quiero decir "Basta, esto está mal...", sólo quiero saber y pensar qué es lo que puedo hacer para cambiar esto, sólo quiero lograr hacerme creer que realmente puedo cambiarlo. Ya no me importa ni cómo ni por qué llegamos a esto, sólo quiero decir "Basta, esto está mal...", sólo quiero qué pare.
 ¿Qué podemos hacer? ¿Qué estamos haciendo? ¿Qué es lo que vamos a hacer?

 PD: Una de las cosas que más le gustaba era fotografiar insectos...


lunes, 6 de febrero de 2012

Hoy he tenido uno de esos sueños de los que jamás querrías despertar... Abres los ojos y te quedas mirando el techo decepcionado...

jueves, 19 de enero de 2012

Lo Más Cerca del Cielo...

 Encontré un colibrí tirado en el concreto de mi quincho mientras escuchaba música. Primero creí que estaba muerto, pero tras unos segundos de mirarlo empezó a aletear y aletear pero sin poder despegarse del suelo.
 Era verde; sus plumas brillaban de manera fascinante y sus diminutos ojos eran completamente negros, con un casi invisible punto brillante. Pero del brillo de sus plumas no me percaté al principio, pues estaba  completamente enredado en telas de araña.
 Primero estaba inseguro en tocarlo. Siempre fui y soy un poco miedoso con los animales, después de todo, yo no confiaría en un humano, pero, ¿qué daño podría hacerme un colibrí? Y bueno, yo soy así.
 Lentamente le acerqué mi dedo índice y empecé a acariciarle la espalda. Era tan suave como lo había imaginado, y también muy frágil. Pasaba mi dedo muy relajadamente, temía poder herirlo si lo hacía más fuerte o más rápido. Él se mantenía inmóvil mientras yo lo tocaba, y podía ver cómo su pequeño pecho se inflaba y se desinflaba mientras respiraba, eso fue asombroso.
 Me arrodillé en el suelo y empecé a sacarle lentamente las telas de araña que mantenía atadas sus patas. Debía ser muy pero muy cuidadoso, porque al estirar también lo estiraría a él. Era extremadamente frágil (debe ser que todos los colibríes son así). Entonces tomaba con la mano izquierda la "base" de la tela de araña, y con la otra el resto, y así logré quitársela de ahí.
 Una vez que sintió libres sus patas volvió a aletear y aletear, pero tampoco pudo despegar. El problema no estaba en la tela de araña, quizá se había fracturado o algo así al caer.
 Finalmente lo tomé y lo puse sobre mis manos. Era tan liviano... Podrían ponerlo sobre mi cabeza, mi mano, mis hombros o mis pies sin avisarme, y yo ni me daría cuenta.
 Lo llevé hasta una mesa y allí comencé a sacarle las telas de araña que le quedaban alrededor de su pico y su cabeza. Cuando casi había terminado de sacársela, volvió a aletear, y entonces, de repente, dejó de hacerlo y quedó con sus alas hacia arriba. No sé si fue un paro cardíaco o qué, pero dejó de moverse y el asombroso ciclo de la respiración que podía ver en su pecho ya no estaba ahí.
 En ese momento, aunque ni yo pueda creerlo, me sentí mal. Me sentí mal por no haberlo salvado, aunque sepa que no tengo ninguna facultad ni conocimiento para hacerlo, aunque sepa que ni siquiera tenía la necesidad o la obligación de hacerlo. Me sentí mal por la impotencia de no saber si ya había dejado de sufrir y podía disfrutar o si sencillamente había dejado de existir. Me sentí mal porque realmente quería ver que huyera despavorido de mí, totalmente recuperado, moviendo sus alas a toda velocidad y emitiendo ese agudo y hermoso sonido que emitió durante unos segundos cuando estaba en el suelo. Hasta ahora me pregunto qué habrá estado diciendo. 
 Así de frágil y fugaz es la vida, está aquí un segundo, y al otro desaparece.
 No creo en los rituales y sinceramente siento que importa muy poco o nada lo que le pasa a tu cuerpo una vez que muera, pero quería hacer "algo especial" con él. Pensé en enterrarlo, pero inmediatamente me di cuenta que su lugar eran el aire y las flores, así que fui a la planta de mamón de mi patio (un lugar donde casualmente veo colibríes revoloteando), y subí al muro que está al lado; busqué la bifurcación de ramas más alta que podía alcanzar incluso desde allí, y lo recosté. Eso es lo más cerca del cielo que puedo llevarlo...