jueves, 24 de enero de 2013

Obsesión


No necesito que me ames. Al mirarte, tu reflejo se esculpe en la humedad de mis ojos, como una gran silueta de luz, y eso me basta para sentir que eres parte de mí.
No necesito que me ames. Al estar cerca de ti, cualquier brisa acerca amablemente la fragancia de tu piel y tu cabello hasta mí, y puedo dar una gran aspiración mientras cierro los ojos y lleno mis pulmones de ti, lo que oxigena y renueva mi sangre. Eso me basta para sentir que eres parte de mí.
No necesito que me ames. Puedo escuchar claramente tu voz, incluso cuando no me habla a mí, como una tierna y serena melodía que me hace sonreír, como un dulce y memorable susurro que crea escalofríos de encanto. Eso es suficiente para mí.
No necesito que me ames. Por las noches, tu idea viene a sanar mi insomnio, y sus dedos juegan suavemente con mis cabellos hasta que me quedo dormido. Pero luego sigue ahí, sonriendo a mi lado, hasta asegurarse de que despierte con una genuina sonrisa, como la suya. Eso me basta, en serio.
No necesito que me ames, porque te amo, y el amor es desinteresado, filántropo, altruista, se da sin esperar devoluciones o cambios equivalentes.
Con tu amable saludo cada mañana y tu cándida despedida cada tarde, es suficiente para mí, lo juro. Con rozar las puntas de tus dedos cada vez al alcanzarte algún objeto, es suficiente, en serio. Con verte acomodar ese persistente mechón tras tu oído, una y otra vez, es suficiente. Con saber que estás cerca de mí, a tan sólo unos pasos, y poder saltar a ayudarte si necesitas algo o poder correr a protegerte si estás en peligro, es mucho más que suficiente para mí… Es todo lo que necesito…

martes, 15 de enero de 2013

Amo Escuchar Radio

  Ese sumamente efímero y encantador momento en que enciendes la radio y sintonizas la primera frecuencia que encuentras, empezando a escuchar una canción que te hace mover suavemente la cabeza, sin saber quién es su autor, su intérprete, ni siquiera cuál es su nombre o qué es lo que dice. Es una maravillosa coincidencia, de esas de “estar justo ahí, en ese preciso momento”, porque seguramente nunca conocerás ninguno de los datos antes mencionados, y eso te hace disfrutar de una manera única de los sonidos y las melodías, porque sabes que estarán allí durante los próximos tres o cuatro minutos, y luego se irán para no volver jamás… Tampoco, por más hermosa que te haya parecido, intentas conocerla, porque aunque nadie lo dijo y ni siquiera lo pensó, esa es la ley del juego: disfrutarla mientras suena. Eso le agrega una dosis única de encanto, y evita que aparezcan la rutina y la monotonía, pues convierte el escucharla en una cosa de “una sola vez en la vida”, y todos sabemos lo maravillosas que son esas oportunidades que podemos saborear sólo una vez…


viernes, 11 de enero de 2013

El Hombre Más Malvado Del Mundo

  Soy el hombre más malvado del mundo. Aún así, podrían no creerme, ya que soy todo un mentiroso, un hipócrita, un cínico que sonríe amable y encantadoramente mientras esconde lienzos oscuros y opacos bajo una seda colorida y brillante. Soy capaz de pronunciar las palabras más hermosas y gratificantes del mundo, sólo con la intención de hacer creer a los demás que aún quedan personas buenas, sólo para ver la falsa felicidad que se crea en sus rostros a partir de palabras aún más ficticias, para saber que sin embargo el dolor sigue corroyendo su interior, y terminará por destruirlo completamente cuando comprendan que aquel consuelo es sólo una ilusión; pero soy tan malvado, tan perverso, tan maligno, tan degenerado, que me encargo de que jamás conozcan la verdad, para que el sufrimiento los consuma sin que siquiera puedan notarlo. Sin embargo, no obtengo ninguna recompensa de aquello, ni siquiera la más diminuta sensación de placer. Por eso soy el hombre más malvado del mundo, porque no me gusta ni tengo la intención de serlo, porque me comporto de esa manera para que mi consciencia se sacuda desesperada durante todo el día, y su escándalo no me permita dormir por las noches, para que el sufrimiento me acose también a mí y no me deje disfrutar nada, ni el deleite que produce el sufrimiento mismo, porque mi maldad es pura, y no discrimina entre terceros y yo. Es irónico, es complejo de entender, y más aún de comprender, debes ser el hombre más malvado del mundo para lograrlo.

miércoles, 2 de enero de 2013

Lo Peor del Mundo

 ¿Para qué introducciones? Directo al punto: odio el sistema propuesto por la naturaleza, lo aborrezco. La vida no es más que una miserable lucha entre los seres que la poseen, para poder continuar poseyéndola. Cosas como el amor, el altruismo, la generosidad y el desinterés (entiéndase desinterés como capacidad para actuar sin buscar recompensas de ningún tipo, mucho menos materiales) no existen, jamás existieron, y probablemente nunca lo hagan (“probablemente”: parece que en el fondo hoy estoy optimista). ¿Por qué para que otro individuo pueda seguir viviendo, otro debe morir? ¿Por qué para que una especie pueda continuar existiendo, otra debe extinguirse? ¿Por qué para que pueda surgir un mundo nuevo, uno viejo tiene que ser completamente destruido? No sé si este mundo simplemente apareció, surgió de alguna incomprensible manera o fue creado por algo o alguien, pero lo que sí sé, es que si fue creado, los (o las, o el, o la) autores son unos seres con mentes más que retorcidas, mentes absolutamente achicharradas por un ardiente y morboso gusto sanguinario; su propósito seguramente fue lograr un mundo que jamás aburriera, un mundo de suspenso, de dolor, de inseguridad, de desconfianza, de lucha, de egoísmo, de traiciones, donde la paz no es más que una ilusión cuando alguna de estas cosas parece ponerse en pausa, un delirio de aquellos que aún se aferran a su estúpida fe para auto-consolarse.
 Penosamente, en verdad no creo en creadores, y estas palabras no son más que MI PROPIO auto-consuelo, pues como humano, me encanta tener a alguien a quien poder echarle la culpa, y señalarlo violentamente.
 Ames, odies, infrinjas dolor, sufras, mientas, mates, sangres, salves vidas, no pienses en nada más que tú mismo, protejas a otros, violes, o cualquier otra cosa que puedas llegar a hacer, al Universo poco le importa. “En la guerra, como en el amor, y en la supervivencia, todo vale”, cambiaría yo a la fase. Las buenas acciones no reciben recompensas, y las malas tampoco, simplemente vivimos presos de la locura de todos los seres que nos rodean, nuestras vidas cuelgan de una delgada y frágil línea: la necesidad de los demás. Porque cuando alguien lo necesite, acabará contigo. Este es el mundo en el que vivimos, se rige por la única ley del más fuerte, y los débiles están destinados a desaparecer…
 ¿En qué clase de mierda me han venido a parir?

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Salva Mi Mundo

Como todos los sábados en la noche, se encontraba acomodándose su chaleco y su corbata, aprovechando que no había ningún huésped en la recepción.
«Realmente odia ese uniforme», pensaba su compañero, el portero, mientras la observaba de reojo con otra porción de su atención fijada en la acera para abrirle la entrada a cualquier persona que pudiera pretender entrar.
Era bastante inusual que la lujosa recepción se encontrase vacía, el hotel contaba con más de trescientas habitaciones repartidas en treinta y dos pisos y siempre había aunque sea un hospedante que prefería sentarse a descansar allí abajo que subir hasta su cuarto. Tal vez la quietud de aquellos instantes se debía a la temporada baja, pero ese es un término que difícilmente afecta a los hoteles internacionales de cinco estrellas que reciben visitas de la prodigiosa gente de negocios.
Pero la desolación de los espejos que no reflejaban a nadie y de las luces que no producían más que sombras estáticas y muertas no tardó en desaparecer. Un hombre de una camisa a rayas muy simple se acercó a la entrada y sin siquiera darse cuenta le exigió al portero que haga su trabajo. La recepcionista no demoró más de un segundo en notar sus jeans gastados y sus zapatos viejos. Ese joven no pertenecía al mundo de la economía, o era uno de esos millonarios excéntricos, pero prefirió quedarse con la idea de que se trataba de alguna especie de vendedor ambulante o algo así.
—Buenas noches —saludó él educada y formalmente, con una rara expresión en su rostro.
—Buenas noches, ¿en qué puedo ayudarlo? —respondió ella no antipáticamente, pero tampoco con simpatía.
El muchacho no respondió y se limitó a mantener el silencio mientras su mirada peregrinaba a través del mechón castaño y ondulado que se colgaba de su pequeña frente; de sus ojos café que reflejaban la gran araña cristalina, el centro de la iluminación; de sus labios delgados y cuidadosamente coloreados con un suave rosa; de sus pestañas erguidas; de sus hombros redondeados y sus elegantes clavículas.
—Sí, quisiera una habitación —respondió algo distraído luego de su largo viaje.
«¿Tendrá el dinero para pagarla? Bueno, no es asunto mío. Aquí nadie paga por adelantado, así que él no puede ser la excepción», pensó la empleada antes de responderle.
—Claro. ¿Para uno?
—Para la cantidad que sea, pero que esté muy alto.
Algo extrañada por la petición, movió ágilmente los dedos sobre el teclado y las pupilas por la pantalla del monitor.
—Tres de las cinco suites del último piso están ocupadas, ¿quiere una de las que están libres?
—Sí, está bien.
—¿Le gustan las vistas desde las alturas? —le preguntó la joven encontrando algo de simpatía en su interior mientras revisaba datos en el monitor.
—La verdad es que no —respondió inspeccionando por primera vez el lugar con la vista. La muchacha lo miró un poco más extrañada que antes, pero continuó con lo suyo sin decir nada más.
Luego de proporcionarle todos los datos necesarios, el joven finalmente tomó el ascensor y subió hasta la última planta. Entró en su suite e ignoró todo el morbosamente lujoso decorado, se dirigió directamente a la gran ventana que había en un extremo. Allí observó las luces de la ciudad por unos momentos. La iluminación urbana opacaba el cielo nocturno y daba la sensación de que incluso intentaba suplantarlo, porque casi lo lograba. Corrió el cristal hacia un lado y el frío del viento que entró le provocó un retorcijón en el estómago. Ignorando aquella incómoda sensación, se paró en el gran marco de la ventana y esta vez todo su sistema digestivo se vio afectado.
Repentinamente, algo en su interior lo hizo descender del marco y salir de la habitación con pasos rápidos. El ascensor estaba ocupado, así que su impaciencia lo hizo utilizar la escalera hasta que varios pisos más abajo el ascensor quedara libre y finalmente pudiera abordarlo.
Llegó a la recepción y se encaminó directamente a la recepcionista.
—¿En qué lo puedo ayudar? —le preguntó ella.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Claro.
—¿Cree que una sola persona puede cambiar al mundo?
A la muchacha le llamó la atención la pregunta, o más bien, el emisor y la situación en la que había sido pronunciada. Sin embargo, luego de un silencio, un cobijo para su sorpresa, respondió:
—No, no lo creo… ¿Por qué?
—Porque tú acabas de cambiarlo.
La chica cerró los ojos con una mezcla de comprensión y decepción, y apoyó sus manos en el escritorio::
—Dime algo… ¿Ese versito te ha servido con alguna otra chica antes?
El muchacho contempló sus ojos y su ignorancia por un momento, y luego sonrió junto a una pequeña exhalación.
—Disculpa. Fui un tonto —dijo colocando las manos en los bolsillos y retirándose de la recepción con una sonrisa.
Esta vez el cristal no podría volver a cerrarse, la habitación quedaría vacía y la recepcionista descubriría que acababa de destruir el mundo que había salvado cuando lo viera abdicarse en el asfalto, justo al frente del hotel y del portero, a quien le salpicaría algo de su miseria.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Espera

  Recorre toda la ciudad con su vieja bicicleta, y cuando el Sol empieza a caer y a ponerse rojo, se detiene allí, donde no hay concreto, ni casas, ni árboles… Un pequeño descampado cubierto de pasto, en medio de toda la civilización, como si por alguna razón hubiesen olvidado poblar ese rincón. Allí mira a todo su alrededor, como si estuviera esperando algo, ¿pero qué? No se citó con nadie, no llamó a ninguna persona, tampoco lo llamaron, ni nadie anunció ningún suceso en el lugar. ¿Qué espera entonces? Tal vez sólo espera que pase el tiempo, que el día se oscurezca y lleguen las estrellas; tal vez está esperando que algo extraño y repentino suceda, y destruya amablemente la agónica aburrición de la monotonía; tal vez está esperando que una sonrisa misteriosa y encantadora lo salude, y le dé inicio a un mundo absolutamente irreal; tal vez espera qué esperar, algo que le de sentido al girar de las manecillas del reloj; tal vez espera que las cigarras se callen, o que no lo hagan jamás; tal vez espera que el tiempo se detenga, para que el atardecer se vuelva eterno y no haga falta esperar nada; tal vez simplemente espera poder darse cuenta de que no está esperando nada…

lunes, 19 de noviembre de 2012

Sueños Perdidos

Eres un sueño perdido en la realidad, navegando sin rumbo entre suspiros, intentando encontrar un camino mirando la luz de las estrellas. Flotas en la soledad, anhelas llegar un poco más allá, a alguna isla remota o al menos un tronco olvidado en medio del mar. No tienes realmente un lugar a dónde ir, o a dónde regresar, simplemente deambulas en la noche, esperando la alborada, rogando por tu propio final, pero eres demasiado ingenua, pues la luz del Sol no tiene nada que ver con tu expiración (porque aunque ahora vives en las penumbras, eres una criatura de los rincones resplandecientes de la vida).
Eres un sueño perdido, y los sueños perdidos estás destinados a largos insomnios que se mantienen indiferentes al tiempo, a las luces del cielo y al resto del mundo. No tienen lugar, fueron traídos al mundo para ser creadores de felicidad, pero sólo trajeron desilusiones, pesar y frustraciones, por lo que fueron exiliados.
Eres un sueño perdido en la realidad, y tras tus rastros sólo quedan estelas de nostalgia y recuerdos del tiempo mal gastado, de esperanzas falsas y melancolía. Aún te resistes, aún intentas huir de ella, pero ya es imposible, la realidad te rodea: está bajo tus pies y sobre tu cabeza, tras tu espalda y frente a tu nariz. Te asfixia, su aire parece condensarse cada vez más, y no deja de sofocarte.
Me pregunto si te mereces este calvario. Me pregunto si tienes sentimientos y encima te acosa la culpa, o si estás sumergida en tu merecida recompensa, por ser una infame aliada de la mentira. Sea como sea, aún lloro por ti de vez en cuando, sintiéndome yo el culpable de haberte dejado ir, de haberte dejado sola…


jueves, 15 de noviembre de 2012

Somos Así

  Ser humano tiene muchos aspectos positivos y grandiosos, pero también es sumamente frustrante. Es frustrante estar lleno de sentimientos y sensaciones –algunas, aparentemente puras y hermosas–, pero saber que no hay ninguna que no esté impregnada, inevitablemente contaminada por el egoísmo. Todo lo que sentimos, pensamos y hacemos, lo hacemos por nosotros mismos, por nuestro propio bien y disfrute. Somos así; ineludiblemente, somos seres egoístas por naturaleza. El egoísmo está grabado de manera imborrable en nuestros genes –o quizá algunas personas se sientan más cómodas si digo “nuestra alma” o “nuestro corazón”–, y aunque tal vez no sea tan malo (pues si no fuéramos egoístas, si no pensáramos en nosotros mismos, moriríamos rápidamente, debido a que nos descuidaríamos demasiado por encargarnos de los problemas de los demás), es sin ninguna duda, agobiante, y logra que me sienta una basura casi durante la totalidad del tiempo. Pero en realidad no es que me sienta una basura, sino que eso es lo que soy, estoy totalmente seguro.
  Cuando decimos “amar” a alguien, lo que hacemos en realidad es amar su presencia, su compañía; amamos lo que la otra persona produce en nosotros, las cosas que nos hace sentir en nuestro interior, las sensaciones que involuntariamente nos regala, no amamos a esa persona en sí. Buscamos a la otra persona porque nos hace felices, o buscamos su felicidad porque esta produce la nuestra. No hay manera de evitarlo, somos como máquinas diseñadas para buscar siempre nuestro propio bienestar. Somos así, somos despreciablemente egoístas.
  Si ayudamos a alguien “desinteresadamente”, es sólo para sentirnos bien con nosotros mismos. Ayudar a los demás y hacer cosas buenas y útiles se siente ridículamente reconfortable, y eso es terriblemente odioso, porque estimula al egoísmo a ser el único motor de nuestra vida. No intentamos ayudar a los demás, sino sentirnos satisfechos con nuestra acción, sentirnos útiles, amables, sentirnos buenos. Somos así, somos irremediablemente egoistas.

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿Por qué?

  No sé cómo actuar, pienso demasiado. Por un lado siento que debo acercarme y mostrarle que es alguien importante para mí, pero por otro esa me parece una actitud arrogante, como si sintiera lástima por él y quisiera ocupar el papel de “persona bondadosa”. Me da asco eso. Sin embargo, si hago de cuenta que todo sigue igual, si continúo al margen de todo, siento que estoy defraudándolo, que estoy dejándolo creer que está solo.
  ¿Pero qué puedo hacer por él? Nada realmente. No tengo la solución a su problema, y de ahí viene que el acercarme ahora me parezca un acto desagradable y odioso de lástima.
  ¿Y por qué me preocupa tanto tomar una decisión? ¿Por qué me preocupa tanto hacerle saber que soy su amigo? Debe ser porque en realidad no lo soy, porque en realidad él no me importa, porque las malas personas siempre intentan aparentar ser buenas. Sé que soy una mala persona, de eso sí no tengo dudas.
  ¿Por qué pienso todas estas cosas? ¿Por qué tengo tanto tiempo y analizo tan fría y objetivamente todo? Ya entiendo por que la gente le teme tanto a la soledad. La soledad te hacer ver las cosas tal y como son, y las cosas tal y como son no son hermosas, ni lindas, ni agradables, ni aceptables, ni regulares, ni relativas… Son opacas, acerbas y frígidas…


sábado, 3 de noviembre de 2012

Gravedad Difusa


  Se aleja. Se aleja el suelo de mí, y no puedo alcanzarlo con mis pies.
  Se acerca. El cielo se acerca y puedo sentir las nubes empapando mi piel.
 A la distancia, hasta las rocas más sólidas se curvan, y el mar más salvaje se calma, transformándose en una gran seda azul.
  El viento ensordece mis oídos y empieza a hacer frío. Ya no escucho la ciudad; no escucho a la gente ni sus ruidos; no escucho los vehículos ni las alarmas; no escucho ni a las aves ni a las olas.
  Lentamente, el aire se acaba y el fragor del viento también desaparece.
  La gravedad se hace difusa.
  Estoy solo, completamente solo en medio del silencio. Estoy completamente solo en medio de la más vasta y profunda oscuridad, rodeado de puntos destellantes. Estoy completamente solo en medio del abismo.
  Soy libre, floto relajadamente hacia donde quiero. No tengo un lugar a dónde ir, no tengo un lugar al que regresar. Soy libre, finalmente soy libre.


lunes, 29 de octubre de 2012

Suéñame

  Sólo quería hacerla sonreír, quería que fuera feliz. Caminé a su lado con mi mano sobre su hombro, sujetándola y protegiéndola para que no se desviara de su camino, para que no huyera de sus propios sueños. Subimos y nos arrodillamos. La coloqué frente a mí, y sin apartar mis pupilas de las suyas, le dije que cantara. No importaba qué, sólo que cantara lo que ella quisiera cantar. Pero ella se veía temerosa. La rodeé con mis brazos y sentí la suavidad de su piel y de su vestido de pliegues rosa. Ella también se aferró a mí, y pude disfrutar el fresco aroma de su cuello, con los ojos cerrados. Mientras finalmente se atrevía a cantar, empezamos a bailar muy suavemente, sin despegar las rodillas del suelo, balanceándonos serenamente. Bailamos cada segundo de su canción, abrazados y sonrientes; incluso continuamos bailando cuando la música acabó. Nadie nos vio, nadie aplaudió. Parecíamos dos locos completamente fuera de lugar, y tal vez lo éramos, pero ella ya no podía dejar de sentirse feliz, porque había cumplido su sueño.


jueves, 25 de octubre de 2012

Lirios Rojos

  "Lirios Rojos" es una leyenda que escribí para integrar la asignatura de Literatura. Está ligeramente basada en hechos reales (la Guerra Zenkunen en Japón, desde 1051 a 1063), pero es una historia COMPLETAMENTE FICTICIA que no tiene ni la más difusa intención de reconstruir hechos ni de servir como descripción histórica, es sólo una invención de mi cursi mente.


1
Ellos ya no eran ellos. Eran una sola persona, o para ser más precisos, una sola alma cuyo tamaño era tal que necesitaba de dos cuerpos para permanecer en este mundo. Desde sus nacimientos fueron como las estrellas y la noche, como el mar y la costa, como las lágrimas y la sal, como el verano y las cigarras. Jugaron en los mismos jardines, se bañaron en los mismos estanques, oyeron los mismos shishi-odoshi1, fueron iluminados por los mismos tourou2, inclusive hubo situaciones en las que compartieron los geta3 y los tabi4.
Ellos eran Saku y Hana, y jamás se habían separado por un tiempo mayor a algunos minutos. Saku conocía todos los sueños y miedos de Hana, y Hana conocía todas las esperanzas y debilidades de Saku.
Todos los días incluían en sus paseos matutinos o vespertinos a la gran colina que se elevaba cercana a su aldea, en la provincia de Mutsu, pero cuando la primavera se hacía presente, pasaban horas enteras en su ladera y su cima, pues estas se llenaban –realmente se llenaban, se cubrían prácticamente en su totalidad– de resplandecientes y hermosos lirios blancos que se balanceaban según el gusto del aire y liberaban su aroma a divinidad hasta donde el viento lo deseara. Entre ellos sonreían, platicaban, soñaban, amaban, contemplaban los cúmulos y los altostratos; entre ellos eran felices.
—A veces quisiera ser un lirio —solía decir Hana a Saku —, estar en mi capullo durante todo el frío del invierno, y sólo salir para disfrutar la calidez de la primavera y el verano…
—¿Estás segura?
—Tan segura como de que mañana tendré que volver a respirar para vivir.
—Pero los lirios viven presos de su belleza y su fragilidad, no pueden escapar ni defenderse, y cualquier persona puede arrancarlos en cualquier momento.
—Nosotros somos iguales, sólo que no somos tan bellos, y creemos que porque contamos con dos piernas podremos escapar del mal.
Pero Saku no podía aceptar esas palabras. Él había prometido proteger a Hana hasta que se derramara su última gota de sangre, y si admitía tan inocente debilidad se declaraba incapaz de protegerla, convirtiendo anticipadamente en nada más que una cursilería de niños al juramento más importante de su vida. Aún así, sabía que todas las palabras que salieran del interior de Hana no eran sólo palabras, sino una indiscutible y preciosa verdad –además de una sublime y maravillosa melodía–.
—Si en verdad crees eso, te prometeré que me aseguraré de que cuando hayas terminado de disfrutar como humana, puedas ser un lirio.
2
No importaba cuánto tiempo y cuántas generaciones sus antepasados hayan pasado pisando, trabajando y sintiendo las extensas tierras de Mutsu, ni controlando las rebeldes almas de los ainu5, quienes permanentemente expresaban su codicia de querer emigrar desde Hokkaidō, todas las provincias se veían bajo el cargo de un gobernador, y aquella no podía ser la excepción. El clan Minamoto iba extendiendo sigilosa, eficaz y sanguinariamente sus territorios por las actuales prefecturas de Tōhoku, Kantō y Chūbu, y no permitiría que los miembros del clan Abe se quedaran con aquella porción del norte. Lentamente, el bizarro ejército de Yoriyoshi avanzaba por las aldeas de los Abe, sin dejar nada más que construcciones consumidas por el fuego y ciénagas de sangre, sin discriminar a samurai6 ni al resto de los hombres, ni a niños o mujeres, ni a ancianos o enfermos. Toda alma Abe sobre la tierra representaba un insulto a su autoridad, y esa era la razón por la cual debían deshacerse de todos.
Fue sólo una cuestión de tiempo hasta que una mañana, durante un alba húmedo y áureo, los Minamoto llegaran a la aldea de Saku y Hana. Se pararon ante ella de la misma manera en que lo hicieron con todas las demás, con sus nihontō7 en sus caderas y sus yumi8 ya preparados con la coca de una flecha encendida tensionando la cuerda, irreversiblemente listos para engendrar el desastre. En sus rostros brillaba mucho más que el anhelo de territorios, poder y siervos; desde la profundidad de sus pupilas resplandecía la oscuridad de la vileza y la sed de sangre, la necesidad de sembrar dolor, desesperación, agonías y berridos. La primer flecha que cayera sobre un techo reseco e inflamable, sería el fuego no artificial que señalaría el inicio de su ceremonia.
El humo que atravesaba sus fosas nasales no fue suficiente para despertar a Saku, pero cuando una morcella candente cayó sobre sus pies, el calor irrumpió sus sueños. Al ver llamas consumiendo el techo y las paredes comprendió rápidamente lo que sucedía. Se levantó del tatami9 en que dormía, y con su kamishimo10 ya puesto, pues un samurai siempre debía estar preparado para luchar (más aún él, que no sólo debía proteger a su clan, sino plenamente a Hana), apartó el shōji11 de su camino, y corriendo entre llamas llegó hasta la habitación de su preciada humana.
—Jamás creí que este día realmente llegaría —dijo Hana cubriéndose la boca, en medio de una nube de humo y rodeada por un estor de fuego.
—Sí, los Minamoto finalmente han llegado a nosotros…
Una vez finalizada esta diminuta conversación, él la levantó en sus brazos y escapó por una artimaña en la estructura de la casa. Escapó sin ser visto por nadie, utilizando un camino previamente ensayado entre los densos bosques que rodeaban la aldea, y dejó a Hana en la colina, al cuidado de los lirios.
—No te muevas de aquí. Regresaré por ti cuando ganemos —dijo el valeroso samurai a su razón de ser, y bajó de regreso.
Hana, sumamente impaciente pero amorosamente obediente, esperó allí, en la cima de la colina, con la paz y la belleza de los lirios y del Sol, allí donde los gritos de dolor, los rugidos de las llamas, el goteo de la sangre y los sablazos no podían escucharse.
Aunque desde su pecho la espera pareció toda una eternidad, en el tiempo real no transcurrieron más de algunos minutos. Saku regresó arrastrándose sobre la suavidad de los pétalos, con las carnes y las ropas desgarradas.
—Saku… Saku… ¡Saku! —dijo corriendo hasta él Hana, para sentarse a su lado y permitirle descansar su cabeza sobre sus muslos.
—Es imposible ganar… Ellos son… No son humanos —explicó el samurai con los ojos cerrados.
—No Saku, no mueras —rogó entre lágrimas la mujer.
—¿Pero qué dices, Hana? No estoy muriendo —respondió él, esforzándose en gran medida para abrir los ojos y mirar los de ella con una sonrisa—. Mira los lirios a mi alrededor, están rojos, estoy entrando a ellos, estoy convirtiéndome en ellos. ¿Tú aún quieres convertirte en un lirio?
—Saku…
—Si es así, sólo debes tomar mi nihontō, y acompañarme.
Ninguno dijo nada más, y luego de algunas miradas y caricias, Hana tomó la ensangrentada espada de Saku y decidió acompañarlo hacia la más perfecta y eterna primavera.
3
El clan Minamoto, de la mano del ejército del pernicioso Yoriyoshi, logró conquistar toda la provincia de Mutsu, y más adelante incluso se apoderó del Hokkaidō de los ainu. Sin embargo, no importó cuántos kilómetros hayan tenido bajo su jurisdicción, ni cuántos ríos y montañas hayan tenido en su poder, jamás pudieron poner ni uno solo de sus pies en la misteriosa y fantástica colina de los Abe, la cual durante cada primavera se llenaba de majestuosos y extraordinarios lirios rojos.

  Vocabulario:
1shishi-odoshi: fuente de bambú que al llenarse cae y golpea una roca, vaciándose, y regresando a su posición anterior para repetir el ciclo. Utilizada para asustar aves y otros animales en las plantaciones.
2tourou: linternas japonesas construidas con madera, piedra o metal, originada en los templos budistas.
3geta: ojota tradicional japonesa hecha de madera que cuenta con una base para mantener alto sobre el nivel del suelo al pie.
4tabi: calcetín que separa el dedo pulgar del resto, para utilizarse con ojotas.
5ainu: grupo étnico indígena de Hokkaidō.
6samurai: guerreros de élite militar del Japón antiguo.
7nihontō: sable japonés de hoja curva y filo único, con una extensión entre 60 y 75 centímetros.
8yumi: arco japonés.
9tatami: alfombra (generalmente de paja) entretejida que cubría las habitaciones y las salas de té de las casas japonesas tradicionales.
10kamishimo: vestimenta samurai, confeccionada con telas gruesas, a modo de protección para la lucha.
11shōji: puertas tradicionales de Japón, corredizas y hechas de bambú y un papel ultrafino también tradicional.

domingo, 21 de octubre de 2012

Tami


Apareces en medio de la noche como un suspiro desesperado que intenta diluir la soledad, y lentamente vas transformándote en un sueño del que jamás quisiera despertar, pero que sólo me suelda un poco más a la realidad. Tengo la sensación de que me miras desde cada estrella, desde cada rayo de luna y de Sol, desde cada flor, y desde cada cosa hermosa que encanta mi mirada, por que con ellas regresas a mi mente. Es que estás aquí y allá, manipulando mis pensamientos sin piedad ni descanso…

Hermosa Tarde

  Juro que la tarde de ayer fue hermosa, y me hizo sentir vivo...







sábado, 29 de septiembre de 2012

No Odio Este Lugar

  Cuando salgo muy temprano en la mañana a hacer ejercicio, y camino por las calles vacías y oscuras, con el cielo aún negro y las estrellas sobre mí, me doy cuenta de que no odio este lugar.
  Cuando termino de correr, doy una pequeña vuelta con los primeros rayos de luz tocando los árboles, las nubes rosas y naranjas, amenazando a Venus y a las últimas estrellas que pronto desaparecerán. Entonces siento el fresco de la mañana, y la tranquilidad de un pequeño poblado en el que todos están durmiendo sin molestar a nadie, y tal vez soñando…
  Cuando aún es temprano y los pendejos no salen a hacer ruido con sus motos, ni los demás vehículos infestan el aire con sus emanaciones, ni la gente anda gritando por la calle, ni hay caras largas o miradas indeseadas, me doy cuenta de que en verdad este es un lugar puro, como cualquier otro rincón de la Tierra, y es imposible odiarlo.
  Cuando toda la gente está refugiada en sus casas, como si no existiera, es fácil darse cuenta que no odio este lugar, sino que odio la transformación que sufre cuando se infecta de personas desinteresadas y llenas de un extraño resentimiento que jamás podré entender…
  No importa lo que pase, ni cuánto me duelan los negativos cambios que llegan con el tiempo, luego de vivir tanto tiempo aquí, de haber crecido entre sus árboles y bajo su calcinante y brillante Sol, de haber atravesado siestas enteras en las calles con mis amigos, no puedo dejar de sentir que este es mi hogar…


domingo, 16 de septiembre de 2012

Debilidad


  Antes creía que “abrirse” a cualquiera era un gesto de debilidad; que andar mostrando las debilidades, los sueños y las ideas más profundas a cualquier persona te quitaba valor, te volvía alguien sin recovecos, alguien poco interesante… Pero ahora me doy cuenta que ser tú mismo frente a todo el mundo, hoy en día, es un gesto de valentía, fuerza y seguridad que nadie puede reprocharte.
  En este mundo de pocas palabras, de ilusiones perdidas y de imaginación nula, las personas sensibles y tiernas son las más fuertes, las que no temen enfrentarse con su suavidad y su calidez a las gélidas y férreas paredes de la sociedad.
  Mostrar hasta tus rincones más temerosos será algo que siempre te volverá un poco más susceptible, serás alguien más fácil de herir, pero para nada alguien menos valioso, al contrario. Siendo tú mismo acercas a las personas que en verdad podrían llegar a significar algo para ti.
  La mayor parte de la gente se oculta tras rostros inexpresivos, tras labios callados, tras maquillaje, peinados y ropa que jamás ha formado parte de ella, todo sólo por miedo a no encajar, a ser rechazada y a quedarse “sola”… Después de todo, por eso es que la gente se alegra tanto cuando encuentra a alguien con la que “puede ser ella misma…”

sábado, 15 de septiembre de 2012

La Estrella Más Hermosa

  Hace ya un tiempo mi profesora de EDI pidió que hiciéramos cuentos para niños, porque en un proyecto de aprendizaje-servicio estamos armando algunos libros para dárselos a algunos jardines de infantes del pueblo.
  Yo escribí tres: uno acerca de una misteriosa puerta que no debía ser abierta por nada del mundo, otra sobre un campesino que quería matar una de sus ovejas para el almuerzo, y este, el de una estrella que quería dejar de brillar.
  Un 40% de las ilustraciones las he retirado de Internet, pero el resto de los dibujos y ediciones fueron hechos por mí, con el photoshop.













jueves, 6 de septiembre de 2012

Un Mundo Diverso

 Hay noches que se llenan de pesadillas aunque no pueda dormir... Hay días en los que simplemente no quisiera abrir los ojos...
 Hay horas que parecen inviernos enteros... Hay cielos que parecen derretirse sólo para ahogarme...
 Hay verdades que logran engañarme... Hay mentiras que intentan hacerme sentir mejor...
 Hay veranos en los que las nubes no brillan y las cigarras gritan demasiado... Hay inviernos que ignoran toda puerta y ventana...
 Hay recuerdos que hacen agobiante al presente y aterrador al futuro... Hay vacíos que intentan llenarlo todo...
 Hay silencios que taladran mis oídos... Hay voces que susurran gritos desesperados...
 Hay flores que se marchitan sin que nadie haya visto sus colores... Hay lágrimas que se secan sin haber mojado a nadie...
 Hay tardes que se vuelven noche antes del ocaso...

domingo, 2 de septiembre de 2012

No Seré Yo...

Cuando los rayos del Sol se filtren por entre las ramas de los árboles y halague tus mejillas, seré yo.
Cuando la noche se oscurezca y una estrella se escabulla entre las nubes, seré yo.
Cuando el verano alcance a sofocarte y llegue una suave y fresca brisa desde el mar, seré yo.
Cuando el silencio te desespere y una cordial melodía de piano empiece a sonar, seré yo.
Cuando las pesadillas te acosen y de repente un sueño maravilloso te haga sonreír mientras duermes, seré yo.
Cuando el invierno te obligue a acurrucarte bajo los lapachos y un pétalo rosa se pose sobre tu cabeza, seré yo.
Cuando estés cansada de la rutina y una estrella fugaz encante el cielo, seré yo.
Cuando estés recostada sobre la hierba y una mariposa de alas suaves y blancas descanse en ti, seré yo.
Cuando una orquesta de gorriones te despierte en la mañana y musicalice todo tu día, seré yo.
Cuando estés aburrida y las nubes dibujen miles de cosas para ti, seré yo.
Cuando estés a punto de rendirte ante la oscuridad y el brillo del Sol llegue justo a tiempo para evitarlo, seré yo.
Pero cuando una sonrisa encantadora le regrese el color a tus pómulos, no seré yo, será la única persona capáz de hacerte verdaderamente feliz, será el amor de tu vida…

viernes, 31 de agosto de 2012

Al Sur De Mi Corazón

    Sí, cierto, podría haberlo hecho mucho mejor, pero… no vieron cómo agitaba su espada, cómo torcía su muñeca, ni cómo lograba siempre interponer su avambrazo (seguramente de carbono) entre sus puntos débiles y mi espada. ¡Dios, aquí voy de nuevo, lleno de excusas y justificaciones para no sentirme un miserable perdedor!
    Logré soportarlo unos segundos, pero dos minutos es demasiado para el tiempo que luché contra él… Uno siempre se imagina a un líder en realidad débil, que manda pero no lucha. Este, no parecía un líder, tampoco un luchador, parecía una bestia feroz y ágil.
    Caí al suelo y sentí una extraña sensación bajo mi pecho. Envié mi mano a tal lugar y sentí escapar mi sangre. Luego de tanto tiempo, al fin me abandonaba.
    De no ver la sangre, no habríame dado cuenta de la herida. ¡Oh, con qué velocidad incrustó y retiró su brillante espada de mi carne! ¡Ni lo había notado!
    Al percatarme de la sangre, también empecé a sentir el dolor en mis entrañas. Pero más que mi cuerpo, me dolía la humillación, el sólo observar desde la altura de sus pies a mi enemigo sacudiendo la espada para despojarla de mi sangre, y comenzando a librarse de su armadura conmigo en frente. ¡Sí Dios, qué humillación!
    Mi humillación contaba de dos razones, y esta era mucho peor que la primera: había dejado morir mi promesa.
    Ella estaba ahí, observando cómo me convertía en un hipócrita mentiroso. “¡Yo te protegeré!”, “¡Nada malo te ocurrirá mientras estés a mi lado!”, ¿Qué haría ahora con esas palabras? Debía tragármelas, y tendrían un sabor incluso más ácido que la derrota. Cada vez que estuvo en mis brazos, cada vez que nos ocultamos en los bosques y las montañas, cada vez que me paré frente a sus amenazas, cada vez que (hipotéticamente) la protegía, sólo estaba simulando, tomando un papel que no era mío, y eso ahora salía a la luz. Si protegerla hubiese sido mi papel, algo habría ocurrido: mi espada lo hubiese herido, algún aliado habría aparecido, por alguna razón él tendría que haberse ido, yo tendría que haber vencido.
    Mientras el charco debajo de mí crecía, no podía voltear hacia atrás y ver a Minerva. Imagino que habrá tenido una expresión de terror y desilusión, quizá acompañada de lágrimas, reflexionando sobre cómo se le ocurriría a aquel siniestro causarle espantosas agonías y luego asesinarla.
    El dolor de mi carne desapareció, y de mis ojos emergieron las lágrimas.
    Pensé en hacer un gran esfuerzo y articular las palabras “lo siento” para mi compañera… para mi amada, pero no tuve el valor. En esos momentos, estaba reducido a un simple cadáver viviente rogando volver a su estado original.
    Ya con todo perdido, como buen desgraciado, me limité a soñar… Soñé un mundo en el que mi sangre me pertenecía, en el que hacía un día soleado y en el que el paisaje contaba con colinas deslumbrantes llenas de hierba y gazanias amarillas. Allí, con piernas y brazos extendidos, y cabeza contra cabeza, nosotros dos  recostados mirando el celeste y las nubes pasar. Simplemente charlando, y riendo, sin señal de alguna armadura, de alguna espada, algún puñal, algún escudo… repletos de aquello que nunca logré conocer y que llaman “paz”.
    Sonreí (en el mundo real) al comenzar a imaginarlo, y para reforzar su realidad cerré los ojos mientras sentí un golpe contra el suelo, lo que creo yo fueron las rodillas de Minerva.
    Una vez cerrados mis ojos, empecé a imaginar una boda; a Minerva con un hermosísimo vestido y más preciosa que nunca; a mí con un elegante traje y a todos nuestros afectos alrededor, observándonos con una sonrisa.
     La boda se interrumpió cuando sentí al enemigo tomar el yelmo de mi armadura. Abrí mis ojos y lo divisé en sus manos, y su espada elevada. Sin aviso, junto a un deprimente alarido de mi amada, descendió su espada y cortó mi cuello, dividiendo mi cuerpo en dos y convirtiéndome en un decapitado.
     Después de aquello, supongo que la potencia del golpe movió unos centímetros mi cabeza, y así logré hacer lo que mis pocas agallas no me permitían: ver a Minerva. Fue un segundo, sólo un segundo que mis ojos lograron verla, y esa fue la última imagen que vi, la horrible imagen de mi amor llorando.

lunes, 27 de agosto de 2012

El Manual del Mesías

 "El Manual del Mesías" es un libro de Richard Bach, y es precisamente del tipo que detesto.
 No recuerdo muy bien la historia, pero supuestamente es un libro perdido que el ya nombrado Richard Bach abandona furioso en un campo tras la muerte de un amigo muy preciado, y unos años después un labrador lo encuentra y se lo regresa. Cuando el libro vuelve a sus manos, Richard Bach lo publica.
 Lo "misterioso" o "mágico" de este libro, es que sus páginas no tienen numeración y no tienen más de veinte o treinta palabras cada una, porque no es un libro para leer, sino que un libro para preguntar: debes hacerle una pregunta, y luego abrirlo al azar y leer la página que te tocó para obtener la respuesta.
 Sí, creo muy poco en estas cosas, y opino que este tipo de libros es una trampa para que algunos idiotas gasten algunos billetes, pero como mi mamá tiene uno (qué idiota suena) y anda dando vueltas por la casa, muy de vez en cuando le hago alguna pregunta.
 Entonces, hoy le pregunté: "¿Voy a encontrar al amor de mi vida, por llamarlo de alguna manera?". Cuando terminé de pensar la pregunta (no la iba a decir en voz alta porque había gente alrededor), separé las hojas con mis pulgares y leí la respuesta:

"No reces para conseguir la atención de Dios
para que solucione algún problema.
Reza para conseguir tu propia atención
y darte cuenta de que no necesitas arreglar nada."

 ¿Qué podía deducir de eso? No había nada que deducir, la respuesta estaba clara, era un rotundo no, porque directamente no existe: no hay nada que arreglar, no hay nada que cambiar, no hay nada que encontrar...
 Pero al fin y al cabo, no creo en cosas como esa... No creo...

domingo, 26 de agosto de 2012

Franjas En El Cielo

 Ayer estaba viendo televisión, cuando mi padre entró y me dijo: "vení a mirar el piano en el cielo". Antes que nada pensé que sería un globo flotante con forma de piano (pues no hace mucho tiempo había visto pasar unos globos), pero inmediatamente me di cuenta de que sería algo demasiado inusual, y seguramente se trataba de alguna nube.
 Aunque cuando salí lo que vi no se parecía a un piano, sí me llamó la atención: el cielo estaba repleto de francas oscuras y claras, desde sobre mi cabeza hasta más allá de lo que mis ojos y la perspectiva me permitían ver...


sábado, 18 de agosto de 2012

El Humano

 El mundo de los humanos está tan demacrado porque se comete el absurdo error de creer que el humano es un ser sociable.
 No conozco la realidad de los demás, pero aún así me atrevo a decir que el humano es uno de los animales más egoístas. Es fácil darse cuenta, ya que cree que tiene el derecho de matar a cualquier mosca o mosquito que anda a su alrededor sólo porque le molesta su zumbido, o el de comerse a cualquier otro habitante de la Tierra; también cree que su vida vale más que cualquier otra, se trate de una diminuta hormiga o de algo mucho más grande que él, como un elefante.
 El humano es capáz de generar y reproducir hasta los sentimientos más inimaginados en el mundo natural, como el odio, la envidia, la avaricia, el orgullo; y también puede cometer actos irrisorios que a ningún otro ser sobre la Tierra podrían ocurrírseles, como el infligir dolor/asesinar por placer y mentir.
 Claramente en esto se basan todos los problemas de la sociedad. ¿Cómo un ser tan egoísta puede pretender vivir en comunidades numerosas? Una sociedad numerosa sólo da lugar a competencias disparatadas y compulsivas, ya que las personas también tienen una fascinación por las comparaciones; el humano se pasa comparando todo: las cosas, las personas, los otros animales, y hasta a ellos mismos. Y lo peor no es eso, sino que también se dedica a calificar, y al ser tan egoísta siempre quiere ser superior a los demás. Entonces, en la búsqueda de esa supuesta superioridad es donde aparece el odio y el desprecio, y todos los demás sentimientos que surgen de estos.
 Las pruebas de que las comunidades más pequeños son las más convenientes para una especie como la humana no sólo se encuentra en la actualidad (los pueblos/aldeas pequeño/as prácticamente nunca sufren la delincuencia, y sus habitantes viven en paz con la naturaleza), sino que también en el pasado: las tribus aborígenes de América que vivían en grupos pequeños subsistían sin molestar a nadie, eran generosas y hospitalarias (más allá de que seguramente tenían sus defectos), pero las “civilizaciones” más numerosas e “importantes”, como la azteca y la inca, eran tan o más violentas y sanguinarias que las europeas, sometiendo y esclavizando (además de asesinando y mutilando) a las tribus más pequeñas.
 Con esto no estoy intentando decir que el humano es la peor criatura sobre la Tierra (más allá de que realmente lo sea), simplemente quiero dar mis argumentaciones por las cuales creo que puede vivir mucho mejor si se organiza en grupos pequeños, y no en ciudades enormes. Y al referirme al humano en tercera persona no pretendo aparentar ser superior al resto, sino ser objetivo, ver la realidad como espectador y no como protagonista, ya que creo que no hace falta que diga que también soy humano.

jueves, 16 de agosto de 2012

Caero

Un corazón de acero,
No se funde con el Sol
Pero se congela con el hielo.
En su interior no hay sueños,
No conoce el amor
Y nunca ha visto el cielo.
 
Ni la espada más dura
Ni la voz más dulce
Pueden romper su armadura.
Pero lo ahogan las dudas
Y el miedo reluce
Toda su amargura.
 
En sus pesadillas
Se desnuda la verdad
Y sin piedad lo humilla.
Tiemblan sus rodillas,
Cae en la oscuridad
Y aumentan sus heridas.
 
Sus fuerzas se ablandan, su corazón se seca,
Ya no hay batalla donde salga ganador.
Un escudo partido, un corazón vencido,
Ya no hay ángel que en él siembre el amor.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Ya Pasará... Siempre Pasa

 Ahora mismo estoy pasando por una de esas aisladas horas que me llegan de vez en cuando; esas en la que quisiera morir, no porque sienta que la vida es miserable o no vale la pena, sino porque me siento solo.
 No tengo anhelos de acabar con esta soledad, porque sé que es algo imposible, y ya estoy preparado para lo que se viene; lo que me frustra es el usar tan fríamente la razón, el bajar los brazos sin siquiera soñar con la posibilidad de lograr encontrar a alguien que sea tan idiota como yo, una persona tan tonta que crea necesitarme y tan dulce que me haga ver el mundo de una manera absolutamente patética, y entonces me haga creer que también la necesito a ella.
 Sí, sólo hay lugar para deseos egoístas en mí, ¿pero a quién le importa? No tengo la intención de decirles egoístas ni hipócritas a los demás tampoco, porque cada uno sabe si es una basura o no, y yo sé que lo soy.

martes, 7 de agosto de 2012

Al Amor De Mi Vida...

 Estoy aquí, mirando las estrellas, imaginándote a mi lado, acostada sobre la gramilla. Me imagino que una suave y fresca brisa me trae el olor de la noche, e incluso el tuyo, así que giro la cabeza y casi puedo verte sonreírme, transformándome en el chico más maravillado de todo el mundo. Me imagino también cómo más abajo, sin que que nos demos cuenta, nuestros dedos se entrelazan. Pero todo es solamente eso, imaginación.
 Aún así, te esperaré todo el tiempo, y te imaginaré un millón de veces más, porque sé que no importa cómo lo haga, cuando te conozca rebalsarás mis expectativas sin importar cuántos defectos tengas.
 No quiero mentir, puedo vivir sin ti, pero siento un vacío que permanentemente intenta expandirse con todas sus fuerzas, y me obliga a mantener una lucha eterna contra él para evitar que lo logre.
 No sé dónde estás, ni siquiera si entiendes el idioma en el que te escribo, pero sólo quiero que sepas lo que siento ahora que aún no te conozco.
 A veces pienso que ni siquiera existes, pero si te estoy escribiendo ya no puedo negarte; y si estás luchando por conocerme también, sólo voy a decirte que no te sobre esfuerces demasiado, porque aunque estoy desesperado, impaciente y ansioso por conocerte, la verdad es que puedo esperarte hasta el último día si es necesario.
 Muero por saber qué música te gusta, qué haces con tu tiempo, qué te gusta comer, cuáles películas son tus favoritas, si te gusta mirar el cielo... Quiero estar contigo, preguntarte tantas cosas, y responderte lo que quieras, pero más que nada, al menos, sólo quisiera verte (y si ya lo hice, te pido millones de disculpas por no saber reconocerte).
 Así que ya lo sabes, estoy aquí, esperando poder amarte...

 PD: No te pido que me ames, te pido que te presentes...